Influenza humana y Transparencia

Francisco Chahuán

Diputado

Cuando ya habían quedado atrás las imágenes de las ciudades mexicanas desiertas tras la irrupción de la entonces llamada gripe porcina, el virus de la hoy Influenza Humana rebrotó en la nación azteca. Lo cierto es que el mal se ha propagado de modo tal por el planeta que, aun cuando los países luchan por contener su avance, a la Organización Mundial de la Salud no le quedó más que reconocerla como la primera pandemia del siglo XXI. El último informe emitido por esa entidad hablaba de 35 mil 928 personas contagiadas en 76 países y de 163 fallecidos.

Si bien no contribuye en nada generar pánico –el atochamiento en consultorios confirma sólo uno de los perjuicios de aquello– hay que decir que la situación en nuestro país no es muy alentadora. A pesar de que hasta hace unos días se hablaba de 2 mil 335 casos y dos muertos, los especialistas estiman que la cantidad de personas que han presentado un cuadro leve o asintomático podría superar las 50 mil. Esto, cuando todavía no entramos en lo que se prevé será el “peca” de la enfermedad en nuestras tierras.

El escenario motivó finalmente un decreto de emergencia sanitaria, que otorga mayores atribuciones al Ministerio de Salud e inyectará unos 18 mil millones de pesos para solventar los gastos de enfrentar la enfermedad. Se ha elogiado el mecanismo de vigilancia epidemiológica utilizado en Chile durante este período. Sin embargo, independientemente de aquello, es fundamental que estemos preparados para las probables mutaciones del virus, asegurar las camas necesarias y las vacunas para inocular a la población a partir del próximo año, procurando reforzar la autoridad sanitaria, pues ya antes de este capítulo estaba meridianamente claro que el cumplimiento de sus funciones escapa a sus posibilidades.

No olvidemos que la detección de una persona infectada con el dengue en Isla de Pascua ha ocurrido cuando Argentina contabilizaba casi 26 mil casos a principios de este mes. Tampoco hay que dejarse estar con la Listeriosis, que en lo que va corrido del año registra 25 casos, seis de ellos fallecidos. Ambas situaciones no se deben subestimar y para eso la autoridad sanitaria debe ejercer un rol de planta fiscalizadora, pero eso pasa por dotarla de más recursos humanos y técnicos, de manera que pueda establecer una barrera consistente; si es necesario hacer modificaciones presupuestarias para aquello, es el momento de hacerlo.

Apoyo el desempeño del ministro Álvaro Erazo, cuya gestión ha sido nada fácil. No obstante, es fundamental reiterar la importancia de transparentar la información y adoptar medidas oportunas de acuerdo a la real situación epidemiológica del país. Por lo demás, actuar con veracidad,responsabilidad y eficacia, permite unificar criterios en la entrega e interpretación de los datos y evitar la ocurrencia de errores como lo fue la tardía codificación de los exámenes, que por su alto valor, estuvieron fuera del alcance de muchos contagiados que sencillamente no se los practicaron. Lo mismo podría afirmarse respecto del protocolo establecido para tratar a los funcionarios en contacto con pacientes sospechosos de estar infectados.

Recientemente, medios de comunicación internacional recogieron la aparente contradicción entre las cifras oficiales emanadas del Ministerio de Salud y las entregadas por expertos del área, aparecidas en un diario chileno. Todo eso se hubiera evitado, una vez más, con transparencia. La OMS ha señalado que los países en vías de desarrollo presentan una vulnerabilidad más grande y una menor capacidad de resistencia. Esperemos que, en esta oportunidad, no entremos en dicha clasificación.

* Edición Nro. 173 de El Periodista

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