Derechos derechitos

Escribe Antonia Zegers*

Cuando los/as jóvenes quieren acceder al mercado laboral, luego de estudiar varios años, en la utopía de aprender y con el sueño siempre de ejercer en lo suyo, se topan en su mayoría con la cruda realidad de pasar a ser ciudadanos de segunda en el anhelado mercado del trabajo; empleos a corto plazo, casi siempre precarios e inestables, sin protección laboral, con sueldos bajo la media y en muchos casos sin contrato (23% de los jóvenes declara no haber tenido uno en su primer trabajo).

Según un estudio de la organización Genera “respeto y cultura democrática” un 79 por ciento de las personas cree que en Chile los empleadores no respetan los derechos laborales de los jóvenes y solo un 16 piensa que se les pagan las horas extras que les corresponden… Sin embargo éste mismo estudio dice que un 3 por ciento de los jóvenes participa en sindicatos o asociaciones profesionales y 7 de cada diez declara no tener interés de participar en sindicatos.

Esto, naturalmente, dificulta una salida a éste problema social y, al mismo tiempo, es una radiografía de camadas de jóvenes sin conciencia alguna de sus derechos y de la necesidad de defenderlos, no solo por su situación de abuso particular sino también por la necesidad de avanzar hacia una sociedad más justa y respetuosa.

La pregunta entonces es cómo se revierte esta situación y se combate una inercia de nuevos ciudadanos con tremendas frustraciones, una sensación constante de estar siendo abusados y pocas herramientas para participar y construir una sociedad más inclusiva…

Los políticos se parten el mate tratando de seducirlos para que voten, pero los padrones electorales parecen no cambiar sustantivamente pese a los miles de slogans que se inventan para que este grupo social se integre. Parece que la cosa no es por ahí; no me cabe duda que la apatía y la desconfianza no se resuelven diciendo “vota por mí” con los colmillos afiladísimos y tan evidentemente ansiosos de poder. Entonces, creo que una manera eficiente de incentivar a que nuestros jóvenes sean ciudadanos empoderados y conscientes de sus derechos es en la educación. Las mayas curriculares de las universidades no incluyen la formación de los estudiantes en relación a sus derechos, no los orientan para poder insertarse en el mercado laboral sin ser pasados a llevar o directamente abusados y menos los informan de qué hacer en caso de que ello ocurra…

Formar jóvenes concientes de sus derechos no solo ayudaría a frenar los abusos en el trabajo, sino que contribuye fuertemente a  fortalecer una nueva ciudadanía más participativa, conectada con la dignidad que significa tener la certeza de que por ser ciudadano de un país tienes derechos y éstos derechos deben ser respetados.

*Actriz

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