Vacaciones de verano: un descanso y una preocupación

Gozar de libertad, relajo y placer, no implica que los límites, los hábitos y por ende la disciplina, se vean interrumpidos, una norma sigue siendo una norma independiente del lugar en que se esté.

Gabriela Capurro Psicóloga, académica Universidad Santo Tomás

Calles más despejadas, papás durmiendo hasta un poco más tarde y millones de niños en plazas, cines y malls, dan cuenta que las vacaciones de verano llegaron.

A diferencia de las de invierno, las de verano implican un periodo mayor de tiempo. Al coincidir con las nuestras, planificamos juntos donde ir, y al no tener nada académico pendiente, la sensación de libertad que se instala hace que la frase “no me pidas eso, porque estoy de vacaciones”, se convierta en el slogan del verano.

Gozar de libertad, relajo y placer, no implica que los límites, los hábitos y por ende la disciplina, se vean interrumpidos, una norma sigue siendo una norma independiente del lugar en que se esté. Si hacemos una analogía con el semáforo, una luz roja seguirá siendo una luz roja, el respeto por su significado no debería verse alterado. Con las normas pasa exactamente lo mismo, independiente del lugar en que se esté éstas continúan significando un acuerdo, no obstante, pueden presentar ciertos matices que la contextualicen con el período vacacional.

Susana Mauer y Noemí May, ambas psicólogas argentinas en su libro Desvelos de Padre e Hijos, proponen entender un límite como una demarcación que ordena, contiene y procura evitar excesos, siendo algo que se construye en la relación y por ende se reconoce y sostiene con coherencia.

Si seguimos esta lógica, las vacaciones de verano también tiene que tener límites claros, lo cual permitirá que preguntas tales como: ¿Cuánto permiso les doy?, ¿Cómo controlo el uso del computador?, ¿Hasta qué hora los dejo dormir?, ¿Qué hago si no quiere ir conmigo de vacaciones?, no invadan nuestras cabezas sin saber qué hacer.

Es importante tener en cuentas algunas sugerencias sobre cómo responder a las interrogantes más comunes de este período, siendo lo central la construcción de acuerdos en conjunto con nuestros hijos, con el objeto de ir modelando un estilo resolutivo centrado en la comunicación, el respeto y la empatía.

1. Las vacaciones NO coinciden en su totalidad con las nuestras, por lo que un permiso para salir de noche un día de semana implicará padres “trasnochados” e hijos durmiendo. Por ello, te sugiero construir en conjunto un cronograma de eventos, que permitirá acordar la cantidad de salidas, días destinado a ello y lo principal es que ambos tendrán que ceder en pro del otro, desarrollando así la solidaridad y la empatía.

2. Dormir es algo propio de las vacaciones, el problema es cuando esto entorpece el trabajo de un otro. El acuerdo No es hasta qué hora duermas, sino, que es lo que tienes que hacer si sobrepasas una hora determinada (acordada siempre en conjunto). La idea es que nuestro hijo comprenda que un placer conlleva una responsabilidad.

3. Salir juntos es necesario para construcción de relaciones familiares, pero también hay que entender que nuestros hijos, especialmente los adolescentes, quieren compartir con otras personas en sus vacaciones. El acuerdo se basa en explicitar lo importante que es estar juntos por lo que la programación del tiempo ocupará un lugar central, “de las dos semanas de vacaciones una es con nosotros”.

4. Finalmente, hacer cosas distintas con nuestros hijos, aprovechar parques, regalonearlos, y FLEXIBILIZAR nuestro actuar, nos llevará a tener un verano en armonía y no convertir este momento en una preocupación.

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