Cambio de ciclo

“Los astros y los hombres vuelven cíclicamente…”. Así comienza un poema de Borges (La noche cíclica) donde expresa su idea de la repetición de los hechos y las conductas.

Matías Silva Alliende, abogado

El resultado de las elecciones de noviembre para algunos vaticina un cierre del período político iniciado en 1988. Si el vaticinio se confirma, ¿puede esperarse un cambio? ¿O sólo será una modificación superficial de una cultura política que con las particularidades que la evolución social supone se instaló hace 25 años?

Muchos creen que si el personal gubernamental cambia, el país cambiará. Quienes piensan así olvidan un elemento esencial. Existe actualmente un sistema que rige las conductas de los gobernantes y que le fija sus posibilidades de acción, permitiendo pocas modificaciones en el terreno en que las cosas se determinan. El sistema -también llamado modelo- no es sólo un nivel de realidad, es la instancia social que marca los límites del terreno de la acción política.

Lo cierto es que para enfrentar estas interrogantes no tengo respuestas, sólo me quedan algunas conjeturas que plantear. Para que hablemos realmente de un final de ciclo éste debería expresarse en un reemplazo de la crispación por una respetuosa tolerancia del disenso. La criminalización de la opinión debe ser sustituida por un respeto a la diversidad y a los múltiples colores con que la inteligencia puede entender la realidad. Claramente la reconstrucción y el relato del pasado deben realizarse sin omisiones ni tergiversaciones para permitir las múltiples interpretaciones que la historia con rigor científico permite.

Hay que abandonar la militarización y beatificación de nuestro discurso, necesitamos dar lugar a un lenguaje cívico de carácter civil y laico. Propongo que nuestros dirigentes políticos no “libren batallas”, ni llamen “soldados” a sus seguidores ni tampoco obtengan “victorias” y que finalmente no terminen sus discursos a la Nación con la frase “Que Dios los bendiga”.

La controversia política tiene que desarrollarse en los escenarios que la democracia reconoce, por cierto el Congreso y los Partidos Políticos, pero también en los múltiples espacios que la contemporaneidad nos brinda, los medios de comunicación masiva y la plaza.

La pregunta que nos plantea el hoy es si nuestra sociedad está en los inicios de un cambio y si podrá superar las múltiples razones que le han impedido cumplir con el orden que toda convivencia democrática exige. Para eso, el respeto y garantía de los derechos Humanos debe dejar de ser sólo un slogan contradicho por la Ley Antiterrorista. Debiendo desparecer también la organización binaria de la sociedad amigo/enemigo para convertirse en una sociedad ciudadana de gobernantes y gobernados.

La democracia es un concepto de organización del Estado y de su régimen de gobierno fundado en el reconocimiento de los Derechos Humanos, la pluralidad de opciones y en la alternancia en el ejercicio del poder. Como todo sistema está compuesto de ideas y valores que forman un todo que se expresa de disímiles maneras conforme las complejidades culturales de cada comunidad.

Pero cualquiera sea el modo que ésta se concrete, impone una manera de comportamiento en la vida social que manifieste la efectiva vigencia de ese sistema. Para que exista democracia no basta con votar y distribuir funciones entre diversos órganos de gobierno, se requiere que gobernantes y gobernados nos expresemos con modales democráticos. Esto no obliga a la homogeneidad, sino que por el contrario, nos empuja hacia la diversidad de expresiones que puede tener la conducta humana en la sociedad política.

Próximos a cumplirse 25 años del 5 de octubre, nuestro país exhibe un déficit notable en los modos de convivencia. En muchos casos campea la intolerancia demostrando que permanece aún en nuestra sociedad el “patrón” de los ejércitos el cual puede advertirse en nuestro lenguaje y en nuestras conductas.

Adolecemos también de un problema de ideología política. Lo que sucede es que en Chile la actividad política se profesionalizó de tal manera que ha pasado a ser una forma de vida. Esto trae como consecuencia que la ideología va quedando en el camino para que la persona continúe teniendo su trabajo o cargo político.

A la pregunta de qué se puede hacer o dónde está la salida, hay quienes responden que se sale por la entrada, se trata de un país con una sola puerta. Yo no aventuro respuestas, simplemente dudo y ejerzo mi derecho a la duda y tal como decía Borges en el poema anterior, prefiero sostener: “No sé si volveremos en un ciclo segundo, como vuelven las cifras de una fracción periódica…”.

Comentarios (1)
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  • VICTOR RODRIGUEZ O.

    LA BACHELET ES COMO EL TRANSANTIAGO

    UN DISCURSO AMBIGUO ABUNDANTE en eslóganes , sin exacta definición, que no significan nada: ¿qué es justicia social, igualdad de oportunidades, previsión solidaria, o reforma constitucional en boca de la derechista Bachelet? Cualquier cosa cabe dentro de los límites de esos términos.

    Por eso Bachelet intenta una campaña más liviana, farandulesca y cero confrontacional en ella sobrarán los actos emotivos y faltarán las precisiones programáticas.

    Es muy posible que esa campaña ambigua y puramente emocional que le es tan fácil le baste para ser elegida, sobre todo si se tiene en cuenta la brutal pérdida de cultura política que ha sufrido el país, con una base política gelatinosa y cuyo único aglomerante es tener el poder y el…BOTIN.

    BACHELET ES UNA DERECHISTA CAMUFLADA…el “equipo de expertos” que la secunda son unos filibusteros, matarifes arrendados y serviles entreguistas de los empresarios.