Noticias de verano

Ha llegado el verano y con él las vacaciones, y yo ya tengo la mente puesta entre Colbún y Los Molles. Por cierto, el destino final será decidido, al igual que en varias familias chilenas por el presupuesto familiar y por quien lo dirige. En mi casa no soy yo, mensos mal.

Por Matías Silva Alliende, abogado

Las vacaciones son para mí como para tantos otros, momento de lecturas desinteresadas: leo de todo y cualquier cosa, sin la idea de utilización futura. Hago abandono de la teoría política, con el juramento de retomarla en marzo. Es el momento en que la lectura establece conexiones por sí misma, siendo guiado sólo por la lógica de la aparición y la desaparición de un hilo de pensamiento cien por ciento vago.

No abandono la lectura de los diarios, todas las mañanas leo en pantalla las noticias que aparecen en los diarios que se me ocurre puedo leer. Lo hago mientras voy bajando el jugo y hago crujir la marraqueta. No soy de aquellos lectores que creen de buenas a primeras todo lo que leen. Si fuera así, la lectura de los diarios se revelaría como superflua o banal. Con la creencia que me quedo es que efectivamente existe alguien o algunos que modelan la figura de la información para transformarla en afirmación.

En estos días hay dos noticias que copan la agenda nacional, el fallo de La Haya y el futuro gabinete de la Presidenta Electa. De la segunda noticia paso, no quiero ni levantar ni quemar a nadie. Sólo diré que la Presidenta Electa ha acuñado un discurso de renovación. El desafío de aquí en más es preguntarse por el surgimiento de la apelación a lo nuevo como modo de búsqueda de legitimidad (Nueva Constitución), en contraste con la legitimidad asegurada por la tradición. Algunos consideramos que Chile tiene la oportunidad de generar esta transformación y que es preciso poner esta renovación en discusión con el pasado. La renovación vendría a ser entonces en estos cuatro años-y esperemos en los que le siguen- una idea que debe establecer articulaciones a partir de la diferencia, pero también debe aludir a una forma de rehabilitar la política, restableciendo el vínculo entre representantes y representados.

Del fallo de la Haya, no voy a hacer un comentario acerca de los posibles resultados debido a que mi especialidad no es el derecho internacional. Lo que me preocupa es el sentimiento que pueda llegar a tener gran parte de los chilenos ante un resultado que considere no nos beneficie. Mi preocupación es respecto del sentimiento de “chilenidad” de los chilenos que en muchos casos es más cercano a un patrioterismo que a un verdadero sentimiento de nacionalidad. Reconozco que esta es una preocupación personal, y como personal es también subjetiva y discutible. El hecho de haber sido expulsado tan joven de nuestro país y el haber vivido mucho tiempo fuera de él hace que mi situación de “chileno” más que algo natural haya sido una construcción a veces hasta poco pacífica.

El problema que veo es respecto de cómo entendemos la nacionalidad. Considero que en Chile, al igual que en varios países de Latinoamérica se entiende la nacionalidad amarrada al concepto de patria, dando lugar a lo que algunos denominamos como patriotismo nacionalista. Los resultados del patriotismo nacionalista han sido desastrosos y sus consecuencias se han traducido en guerras, golpes militares e ingobernabilidad política, lo que a su vez han acentuado la exclusión y el racismo. Estos aspectos se afirman en las concepciones militares de los distintos países respecto a cierta superioridad racial, en lo cual Chile no ha sido la excepción.

En el caso particular de Chile, debemos considerar un patriotismo basado en una concepción nacionalista, que excluye toda diferencia en favor de una visión histórica militarista homogénea, situación que produce una oposición con todo aquel que sea distinto, vale decir el otro. Así cuando hablamos de este “otro”, existe una negación del “otro”. Podemos distinguir un “otro externo” y un “otro interno”. El otro externo es el argentino, el peruano y el boliviano, y el otro interno claramente son nuestros pueblos originarios. De esta realidad se desprende, que no existe reconocimiento del “otro”, lo que significaría la inclusión del derecho de su alteridad, que es el derecho a la diferencia. El concepto de nacionalidad chilena actualmente es una construcción que implicó un proceso de culturización en el cual se consideró lo extraño, extranjero o indígena, como sinónimo de todo aquello que se busca dejar atrás o combatir.

Frente a este patriotismo nacionalista, prefiero lo que Habermas denomina como patriotismo constitucional, el cual tiene en su esencia la aceptación de diversas formas de vida y culturas, las que tienen cabida en el contexto de una república que no excluye –dado que es pluralista y abierta a diferentes formas de culturas, y porque no decirlo plurinacional–reforzando el sentimiento de pertenencia a una ciudadanía inclusiva y participativa.

El patriotismo constitucional no dice relación con la idea nación como comunidad de destino, étnicamente homogénea e integrada mediante tradiciones comunes. Por el contrario, lo que exige es una cultura política común, compuesta por los derechos humanos, por lo tanto se trata de una cultura que es cosmopolita. En este sentido, esta nueva concepción de nacionalidad, permite asumir la idea de que la actualidad es cosmopolita y por lo tanto se necesita de una mirada con tal carácter para observar el mundo y comprender las nuevas realidades que se vinculan con la identidad de lo nacional. El llamado entonces es analizar los resultados de la sentencia en cuestión, desde esta perspectiva y no saltando en la barra y dándole al tambor como lo haría el chileno de corazón.

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