Opinión de Francisco Martorell: Ezzati a la Fiscalía

La presencia de Ezzati en Rancagua marcará un antes y un después para la sociedad chilena.

El arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, deberá comparecer ante la fiscalía de Rancagua el próximo 21 de agosto en calidad de imputado por el supuesto delito de encubrimiento de un caso de abuso sexual, convirtiéndose en el primer cardenal en la historia de Chile que debe rendir cuentas ante la justicia civil.
Tal hecho, más allá del resultado que arrojen las investigaciones, fue calificado por Juan Carlos Cruz, una de las víctimas de Fernando Karadima, como “el inicio del fin de la dictadura de los obispos”.

Existirían antecedentes para la Fiscalía que Ezzati encubrió el accionar delictual del excanciller de la Iglesia de Santiago, Óscar Muñoz, quien se encuentra en prisión preventiva acusado de perpetrar abusos sexuales contra menores.

En Chile, entre 1960 y la actualidad, más de 150 religiosos fueron acusados de conductas similares, que repugnan el alma y la conciencia nacional. Casi 40 casos, según datos entregados por la Fiscalía, están siendo investigados hoy.

La verdad, reparación y justicia, en cada uno de ellos, se imponen como una necesidad.

Pasaron muchos años, desmentidos, pataletas, ofensas y presiones, para que la Iglesia se viera obligada a dar cuenta de sus actos. Hoy lo tiene que hacer su máximo líder en el país, el mismo que fue llamado a Roma y recibió el reto universal del Papa, a quien también le costó entender que el camino de la negación no era el correcto y que en Chile sí existía una “cultura del abuso” entronizada entre sotanas y crucifijos.

La presencia de Ezzati en Rancagua marcará un antes y un después para la sociedad chilena.
Muestra, claramente, que la impunidad no es aceptada y que nadie está fuera del alcance de la ley, cualquiera sea la cantidad de años que transcurran desde el delito y el hábito que utilice aquel que lo cometió, encubrió o simplemente calló.

La fiscalía hoy tiene la oportunidad de estar a la altura de la madurez de la sociedad chilena, que supo escuchar y apoyar (desde la civilidad y la prensa) a los que se atrevieron a levantar la voz y enfrentar al poder que estaba en la Iglesia y también fuera de ella. Debe ser capaz de descubrir y probar -para castigar- una forma de ser, pensar y actuar que está fuertemente arraigada en una institución religiosa que fue cómplice de cientos de casos de abusos sexuales contra menores.

Los niños de ayer y de mañana lo exigen.

Artículo traducido por McEnglish Services

“The presence of Ezzati in Rancagua will mark a turning point for Chilean society”

The archbishop of Santiago, Ricardo Ezzati, must appear before the Prosecutor’s Office in Rancagua on August 21 as the defendant for the alleged crime of concealing a case of sexual abuse, becoming the first cardinal in Chilean history to be held accountable under the civil justice system.

This event, beyond the results of the investigation, was described by Juan Carlos Cruz, one of Fernando Karadima’s victims, as “the beginning of the end of the bishops’ dictatorship.” The Prosecutor’s Office would possess records of Ezzati’s concealment of criminal actions of the Church of Santiago’s ex-chancellor, Óscar Muñoz, who is in preventive prison accused of perpetrating sexual abuse against minors.

In Chile, between 1960 and today, more than 150 clergy members were accused of similar behaviors, sickening the soul and the conscience of the nation. Almost 40 cases, according to data provided by the Prosecutor’s Office, are currently under investigation.

Truth, reparation, and justice impose themselves as a necessity in each of these cases.
Many years passed, denials, tantrums, offenses, and pressures before the Church was obliged to take accountability for its actions. Today, it is the country’s highest authority’s turn to do this, the same one who was called to Rome and received the Pope’s universal scolding, who also found it difficult to understand that the path of denial was not the right one and that in Chile there was an “abuse culture” enthroned between cassocks and crucifixes.

The presence of Ezzati in Rancagua will mark a turning point for Chilean society.
It clearly shows that impunity is not accepted and that no one is beyond the law, regardless of the number of years that have elapsed since the crime and the frock used by the person who committed it, covered it up or simply kept silent.

The Prosecutor’s Office today has the opportunity to meet the maturity standard of Chilean society, which knew how to listen and support (from society to the press) to those who dared to raise their voices and confront the power residing in the Church and also outside of it. It must be able to discover and prove -to then punish- a way of being, thinking and acting that is strongly rooted in a religious institution that was complicit in hundreds of cases of sexual abuse against minors.

The children of yesterday and tomorrow demand it.

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Comentarios (2)
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  • hector

    Muestra, claramente, que la impunidad no es aceptada y que nadie está fuera del alcance de la ley……permítanme una carcajada…..ese Chile no existe…aquí a los delincuentes de derecha o delincuentes ricachones están fuera del alcance de la ley ejemplo: (hijo del millonario R N Carlos Larraín, caso Penta, ministro de Piñera de apellido Wagner,colusión de farmacias el castigo para ellos son clases de ética)….puta Francisco Martorell pensé q tenías mas neuronas…o te hací el ingenuo?

  • Anónimo

    …y donde puedo leer los comentarios??????????????????????