¿Es Chile un país valórico?

Escribe Ernesto Behnke

Es posible generar conceptos valóricos y éticos cuando dos o mas individuos se asocian, agrupan o congregan, generando interacciones y consensos que les orienta a aceptar creencias particulares y formas definidas para relacionarse, respondiendo a cánones comunes.

En la formación de las razas y su expresión territorial, que son las naciones, estas agrupaciones acuerdan formas de vivir, de relacionarse entre ellas, maneras de ver la realidad o la fantasía, desarrollar culturas o formas de gobierno y declarar que adhieren a ciertos conceptos fundamentales e inmutables que son los valores.

Es probable que en los pueblos primitivos, éstos hayan estado referidos a la sobrevivencia y entonces el valor de ser valiente era fundamental; en otros casos pueden ser las creencias , apareciendo entonces la religiosidad como otro valor. También el respeto por la vida, la amistad, la verdad, en fin, un listado, de pequeño a grande, de atributos que determinan que ese conjunto de seres humanos se distinga de otros y determine su actuar como grupo social.

Así por ejemplo, los valores del mundo occidental y del oriental, en algunos casos pueden ser diametralmente opuestos, pero eso no obsta para que en cada uno de sus territorios ellos prevalezcan. Convengamos que hay algunos que son comunes y esos (pocos) recibirán el nombre de valores universales.

¿Dónde expresan estos pueblos sus valores? En sus Escritos, sus declaraciones, sus actas, sus constituciones o sus canticos. En el mundo occidental son sus constituciones y sus himnos. Y las hay de todos tipos: cortas, precisas, largas, confusas, contradictorias…

Detengámonos en nuestra historia independiente y lo primero que enfrentamos es nuestra Acta de Independencia, que lo es respecto a la invasión de los franceses a la Madre Patria, pero no en cuanto a la continuidad de la dependencia a ella. En las constituciones de 1833 y 1925, empezamos a avizorar la nación que queríamos ser y sentamos las bases de la Gran República, inspirados en los aportes de un ilustre extranjero, don Andrés Bello.

En el seno de un régimen dictatorial, sin embargo, se articula una nueva Constitución que en lo formal expresa la nación deseada por aquellos que la formularon. Los valores se difuminan y es difícil perfilarlos, mas bien hay una serie de declaraciones en cuanto a derechos, con largas reglamentaciones, que en la práctica limitan su cumplimiento.

En nuestro Himno Nacional (que espero aún todos seamos capaces de corear), no repetiré a la letra, pero hay una primera parte que describe a un Chile Puro, con cielo azulado, con brisas y campos de flores sembrados que dan a nuestra Patria el atributo de ser el Edén, es decir un lugar donde se puede ser feliz. Y una montaña majestuosa, que nos dio por baluarte el Señor, es decir somos un país creyente en algo superior y en el destino del hombre. En su segunda parte aparece un gran voto: “que o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión”.

En su primera parte hay una forma figurativa para expresar que somos una gran isla, separada del mundo por un mar y una montaña y sin duda es una hermosa forma de decirlo, pero a la vez para expresar que algo que nos distingue (o nos distinguía) era nuestra capacidad de actuar como isleños, es decir con capacidad para desarrollar nuestras propias formas de enfrentar la vida, la estructura social, nuestras creencias, nuestra vida familiar, etc.

En esta Isla surgen figuras emblemáticas como Pablo Neruda y Gabriela Mistral en lo poético, Ramón Vinay y Claudio Arrau en lo artístico, Juan Emilio Recabarren ,Eduardo Cruz Coke, Alberto Hurtado en lo social, O’Higgins, Carrera y Prat en lo patriótico, Francisco Bilbao, Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva en lo político. Todo ello y algo más incluidos los heroes anónimos para la historia que surgen desde nuestras catástrofes naturales y explosiones sociales, que han sido muchas.

De eso poco o nada nos queda, estamos globalizados, comemos ketchup, pensamos en español y nos gusta expresarlo en otro idioma.

Hemos perdido nuestra identidad y con ello arrastrado algunos o todos los valores que plasmaron nuestra gran Republica.

Y en la segunda estrofa, sin amenazas extranjeras, la opresión se manifiesta en las enormes desigualdades, que terminan en una opresión social que limita el horizonte de oportunidades a que todo chileno debería aspirar.

Hoy situamos la importancia de los valores… pero en lo monetario y desde allí pretendemos extrapolar los valores universales.

Los tiempos del Pan, Techo y Abrigo, deberían actualizarse, para reponer nuestros alicaídos valores en Educación, Salud y Vivienda digna para todos.

Termino ampliando la pregunta: ¿tenemos la seguridad de cuando hablamos de valores que lo estamos haciendo en un mismo idioma?

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