Del sismo al cisma

Escribe Ernesto Behnke*

Es repetida la frase que las crisis son una oportunidad para enmendar rumbos y proponer nuevos horizontes.

Ello, en la práctica, es una demostración de la fortaleza de la institucionalidad del País. Sin duda el fenómeno natural producido el 27 de febrero es una crisis tremenda para los que fueron directamente afectados y una oportunidad para que todos los chilenos aunemos esfuerzos para que solidariamente consigamos que la normalidad vuelva a todos esos compatriotas.

Creo que nadie estará en desacuerdo con ello, pero entendiendo que el concepto de solidaridad es que cada uno aporta de acuerdo a sus posibilidades y recibe según sus necesidades.

Estas catástrofes, se señala repetidamente, no son nuevas, pero lo preocupante es que los problemas que producen son los mismos y ellos han afectado siempre las estructuras destinadas a los servicios de Educación, de Salud y de Vivienda.

Hay que reconocer que hemos tenido avances en la estructura vial: ya el país no ha quedado cortado en secciones a pesar de los problemas suscitados en las carreteras concesionadas, que supongo responderán no solo por la reparación, sino también por los perjuicios colaterales.

Aprovecho para destacar una situación en la que me parece pocos han reparado: el Metro de Santiago mantuvo su estructura prácticamente intacta y su funcionalidad, una vez comprobada la seguridad, fue inmediata. Esta empresa no es concesionada.

Nuestro país se desviste en estas ocasiones y muestra el lado B de las tareas pendientes y paso a revisar someramente aquellas que no son de mi estricto dominio y en las que sólo cuenta una OPINION.

Vivienda. Creo necesario hacer un catastro nacional de la vivienda, para conocer el real estado de ellas en cuanto a su estructura, habitabilidad y seguridad, no solo ante un sismo o inundaciones, sino también ante accidentes corrientes: eléctricos, eliminación de gases, seguridad de los balcones, planes de evacuación, mantenimiento. Recordemos, además, que se afectaron tanto viviendas centenarias, como algunas nuevas aún en proceso de venta.

Educación. La Revolución pingüina no fue suficiente, para  tomar conciencia de los problemas de la Educación como tal y también de las estructuras de los recintos educacionales. Hoy reconocemos que, además del Instituto Nacional y el liceo de Aplicación existen otros aún en peores condiciones y que Santiago no es Chile.

Salud. He aquí un problema complejo, ya que el diagnostico está, los proyectos se han desarrollado y se ha definido una gradualidad con criterios de urgencia, de imagen pública, epidemiológicos y, naturalmente, de legítimas presiones políticas de los funcionarios y de la ciudadanía. Pero, ojo, debemos considerar lo siguiente: los hospitales afectados tienen al menos cincuenta años y no es cosa de comentar su vejez, sino que considerar que los que se construyan deben proyectarse para que duren ese tiempo o más. Hay que considerar que algunos fueron definidos con criterio de aislamiento territorial, que actualmente no existe; otros lo fueron por presiones locales, en fin, su planificación debe considerar estos y otros elementos, como por ejemplo cuál es el escenario de la solución de los problemas de salud del futuro, cuanto ambulatorio u hospitalizado. Cómo hacer, además, una estructura funcional y amigable, al servicio del paciente.

Por último, consideremos el costo de demoler hospitales, con el único objeto de instalar el nuevo en el mismo sitio histórico. A esas estructuras se le puede dar nuevos usos en Salud.  Pero todo ello será objeto de mi próxima columna.

No transformemos el Sismo en un Cisma. Recreemos un espacio de diálogo, tan propio de las democracias modernas.

*Médico

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