Trabajo y trabajo

Por Francisco Martorell C.

“Muchos se pierden porque descuidan el distrito, se apoltronan en los mullidos sillones palaciegos o, simplemente, ‘nacionalizan’ su quehacer político. Lo demás es echarle la culpa al empedrado”

En la franja televisiva electoral de 2005 hubo un candidato a diputado por San Antonio que tenía apenas tres segundos para adelantar qué haría si es que resultaba electo: “trabajo, trabajo y trabajo”, vociferaba.

No quedaba claro si iba a darlo, un imposible desde la Cámara, o él trabajaría como el que más.

Su nombre hoy no es importante, pero sí que ese dirigente político ya había sido parlamentario, elegido en diciembre de 1989, pero que perdió la reelección años más tarde, justamente porque los ciudadanos de su distrito no vieron que haya cumplido con las tres palabras que luego usó como promesa electoral.

Llama la atención que, con un sistema electoral aún injusto, que además privilegia a quien ostenta el cargo, poco más de un tercio de los candidatos a diputados y la mayoría de los senadores que fueron a la reelección, en este caso dentro de la Concertación, perdieron ante caras nuevas y otras que, sin duda, no lo son tanto.

Ello puede ser un síntoma del recambio generacional obvio que exige la ciudadanía en estos tiempos, pero un caso como el de Andrés Zaldívar, electo senador en la VII Región, muestra que no sólo es eso.

Muchos se pierden porque descuidan el distrito, se apoltronan en los mullidos sillones palaciegos o, simplemente, “nacionalizan” su quehacer político. Lo demás es echarle la culpa al empedrado.

La derecha, hoy llamada Coalición por el Cambio, debe tener una receta para que sus senadores, al menos, sigan en sus circunscripciones. Salvo Sergio Romero y Jorge Arancibia, que no fueron a la reelección en la V Región y serán reemplazados por Lily Pérez y Francisco Chahuán, todos los demás (Jaime Orpis, Baldo Prokurica, Juan Antonio Coloma, Hernán Larraín, Alberto Espina, José García y Antonio Horvath) se mantienen en la cámara alta. Tal vez, y sólo tal vez, es porque no tienen competencia en sus listas y quien sí la tuvo, García en la candidata Ena von Baer, por unas horas estuvo fuera del Senado, ganando luego por estrecho margen.

Por el contrario los concertacionistas o ex de ellos que quisieron seguir otros 8 años en el Senado, como Nelson Ávila, Jaime Gazmuri, Carlos Ominami, Jaime Naranjo y Roberto Muñoz Barra, no lo consiguieron y debieron ceder sus cupos a sus compañeros de lista o quedaron fuera porque no iban en la plantilla del oficialismo gobernante desde 1990.

Voto castigo, pensarán algunos a una forma de hacer política. Pero el electorado privilegió a otros, en algunos casos tan iguales o responsables como ellos de los errores adjudicables y vuelvo entonces a mencionar el caso del ex ministro del Interior, Andrés Zaldívar. Eso sí, todos debieron enfrentar a fuertes compañeros de listas, a diferencia de la Derecha. Pero ellos, están ahí, no sólo por decisión de sus partidos sino porque saben que los candidatos en ejercicio de su cargo presentaban flancos que los hacían vulnerables. Si no existiera esa debilidad no habría competencia. Un ejemplo, Carlos Montes, al diputado nadie le hace sombra y el que lo acompañe, sólo puede tener esperanzas de llegar a Valparaíso en el doblaje. El dirigente PS ya lleva 6 elecciones en el cuerpo y ha sido varias veces nominado como el mejor diputado y trabaja con mayúscula desde hace 20 años en el distrito de La Florida.

Otro argumento, como para justificar las derrotas de Álvaro Escobar, Esteban Valenzuela o el mismísimo Carlos Ominami, podría ser que resulta imposible ganar una elección enfrentado a la monstruosa capacidad movilizadora del oficialismo y de la Coalición por el Cambio, pero desmiente ese aserto que Alejandra Sepúlveda, por fuera y por el llamado PRI, logró empinarse por sobre el 45 por ciento de los electores en el distrito que representa. Y seguirá en la cámara. Los otros no porque, entre otras cosas, pusieron su esfuerzo en la candidatura presidencial de Enríquez-Ominami y no donde querían los electores.

Si bien aquello que las elecciones no se pierden ni ganan sino que se explican, sirva para mucho en estos días, lo concreto es que el trabajo y el tiempo, un buen manejo comunicacional y la posibilidad de mirar de frente al electorado (basta ver qué les pasó a los candidatos que estuvieron vinculados al llamado caso Coimas), son fundamentales a la hora de ser electo.

Vaya entonces, como primera enseñanza a los partidos: abran sus puertas y no elijan entre cuatro paredes porque, finalmente, es el electorado el que decide y antes dé, además, tiene mucho que decir. Después dé: ya habló y es tarde. Sólo queda espacio para lamentaciones.

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