Las dos agendas

Guillermo Holzmann

Cientista político

La agenda política se conforma según el interés de actores y medios de comunicación. Al efecto, por ejemplo, la Presidencia de la Republica está orientada a no inmiscuirse en las campañas presidenciales ni parlamentarias –al menos por el momento– privilegiando el manejo económico y la proyección internacional, aspectos sustantivos en la estrategia que Chile ha asumido alrededor de la globalización y la internacionalización.

El Congreso, por su parte, está en la búsqueda de acciones y medidas que le permitan manejar el impacto negativo que tiene su quehacer en sectores importantes de la población y que han aparecido destacados en medios audiovisuales.

Por su parte, los candidatos presidenciales se encuentran en una frenética búsqueda por imponer sus temas y visiones respecto a los problemas identificados como centrales en las encuestas de opinión y que configuran su base programática.

Los partidos, mientras tanto, se concentran en la superación de los conflictos domésticos, tanto aquellos provenientes de la fragmentación interna como aquellos asociados a la configuración de las listas parlamentarias.

Los empresarios, en general, preocupados de que los subsidios y otras decisiones del gobierno no afecten sus proyecciones de negocios o signifiquen mayores costos o simplemente no haya una protección orientada a los exportadores o a determinadas industrias, aspectos recogidos en los suplementos o espacios de economía de cada medio. Los trabajadores orientados a obtener respaldos monetarios del Estado de forma que aduciendo el mayor desempleo no se produzcan en ellos un impacto negativo o que su riesgo aumente en virtud de la situación económica.

Las universidades trenzadas en una disputa, con aroma cada vez más a un conflicto que terminara movilizando a académicos, funcionarios y alumnos sin dejar fuera la división entre universidades estatales y privadas.

En fin, como es posible ver en este rápido levantamiento, la agenda política de nuestro país gira en torno a intereses específicos de los actores y coyunturales respecto a la proyección. Ello implica que nuestra sociedad civil, opinión pública y gente informada sólo accede a aquellos temas que caen en los criterios de noticiabilidad impuestos por los medios centrales, dejando de lado o como una agenda alternativa la de aquellos medios que intentan explorar otras áreas de información que muchas veces resultan vitales para tener una información integral respecto a nuestro país y sus desafíos.

De hecho, si uno toma las encuestas se dará cuenta de que los temas de mayor estabilidad y correlación positiva en la evaluación pública son las relaciones internacionales y el manejo macroeconómico. De ser así, bastaría preocuparse de tener un buen Ministro de Hacienda y un buen Canciller para resolver parte importante del respaldo ciudadano y, por esa vía, hacer un buen gobierno. Más aún, ambos temas se dan como superados frente a la opinión pública y no resulta haber mucho interés en ellos, salvo para aquellos que están (estamos) directamente involucrados.

De ellos, quisiera abordar con mayor amplitud el relativo a las relaciones internacionales. Hoy como nunca las relaciones Internacionales (RRII) aparecen como transversales a toda la actividad del Gobierno. No podría ser de otra manera en la medida que nuestro país ha optado por una inserción plena en la globalización y con ello nos hemos convertido en una de las naciones más interdependientes del mundo, ya sea como resultado esperable de la cantidad de TLC’s y Acuerdos Comerciales de naturaleza multi o bilateral donde se incorporan en algunos de ellos aspectos culturales. De hecho, nuestra política exterior subraya el multilateralismo como uno de los ejes que Chile promueve y adscribe, con lo cual nuestro país se ha convertido –se quiera o no reconocer– en una suerte de operador político a nivel internacional, en virtud de la credibilidad y solidez de su trayectoria internacional. Por tanto, Chile es capaz de movilizar adhesiones y votos alrededor de temas que son sensibles si son patrocinados por potencias. Nuestro beneficio es que logramos reconocimiento y respeto internacional y es así como siendo un país pequeño, tenemos capacidad para proyectar nuestros intereses en el sistema.

De la misma forma debemos reconocer que el sistema en su conjunto está en condiciones de influir nuestro proceso de desarrollo político, económico y social. Esto significa que en la práctica las decisiones gubernamentales no surgen de un proceso de profundo análisis o introspección política, sino que son el directo resultado de las tendencias y exigencias que proviene del sistema internacional. Si usted revisa los planes y propuestas de varios organismos internacionales se dará cuenta que una parte significativa de la agenda política nacional es definida en organismos externos que dicen relación con metas para el desarrollo nacional. Ello es aplicable tanto a la ley de transparencia, a la protección del niño, joven y adulto mayor y el AUGE entre muchos otros temas que se han convertido en ley.

Sólo considere el inminente ingreso de Chile a la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo www.oecd.org). Si revisa la agenda de esta entidad y los temas relacionados con nuestra agenda política y legislativa, encontrará una importante correlación entre lo que dicta dicho organismos y lo que se hace en materia legislativa y políticas públicas en Chile.

La pregunta obvia entonces, es por qué nuestra agenda y nuestros actores no le dan más importancia a lo que ello significa. De hecho, nuestro ingreso a la OCDE implicará cambios sustantivos en nuestra burocracia estatal como en el ámbito laboral e impositivo, sin dejar de mencionar aspectos de salud, educación, productividad industrial, agrícola y una diversidad de temas más. En la práctica tenemos una agenda política centrada en los temas de las encuestas, mientras que la agenda real y legislativa avanza conforme los organismos internacionales. ¿No será hora de dar espacio adecuado también a estos temas?

Mal que mal, en base a ellos el próximo gobierno terminará gobernando.

Edición Nro 174 de El Periodista.

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