Justicia, perdón e impunidad

Resulta indignante que el presidente peruano Pedro Kuczynski, al informar a la ciudadanía su decisión de indultar a Alberto Fujimori, minimice sus actos expresando que el ex mandatario habría cometido sólo “excesos y errores gravísimos”.

Escribe Rodrigo Reyes Sangermani, Magíster en Comunicaciones

Quizás sí el ideal en la construcción moral de una sociedad sea actuar con justicia pero sobre todo con caridad. En este sentido puede ser entendible que se pretenda perdonar -incluso indultar- a personas condenadas que ya hayan cumplido parte importante de sus penas, que se encuentren en grave estado de salud o en edad muy avanzada.

Sin embargo hay que señalar que, a diferencia de lo que plantean algunos, cuando se hace justicia, no se está haciendo venganza, muy por el contrario, con la justicia se ejecuta la voluntad positiva que se otorga una sociedad de dar y conceder a cada uno su derecho; la justicia es el acuerdo democrático de un conjunto de personas de normar su convivencia en búsqueda del bien común.

Es por ello que resulta indignante que el presidente peruano Pedro Kuczynski, al informar a la ciudadanía su decisión de indultar a Alberto Fujimori, minimice sus actos expresando que el ex mandatario habría cometido sólo “excesos y errores gravísimos”.

Fujimori fue condenado por delitos no por “excesos y errores”, condenado por su responsabilidad en delitos contra los Derechos Humanos, que son considerados universalmente delitos de una categoría superior a cualquier otro el ordenamiento jurídico de casi todos los países democráticos, incluidos por cierto, Perú y Chile.

Del mismo modo, es indignante lo que han señalado algunos dirigentes políticos en nuestro país, en solicitar indultar a los militares condenados en Punta Peuco esgrimiendo supuestas razones humanitarias, relativizando los delitos cometidos por esos agentes del estado, quienes no sólo no han mostrado arrepentimiento sino tampoco colaboración con la justicia entregando información que, al menos, compense el daño producido a una sociedad como la chilena, todavía y quizás para siempre, dividida por la dictadura.

 

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