Santa Rosa de Apoquindo: un pedazo de la Colonia en Las Condes

La gran casona que cobijó a Manuel Blanco Encalada, el primer presidente de Chile, fue donada en 2004 por la familia Gandarillas Guzmán a la municipalidad de Las Condes. Hoy, tras un gran trabajo de restauración, el espacio se erige como uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del sector oriente de Santiago.

Por equipo El Periodista

Cuando las hermanas Gandarillas decidieron ceder la gran casona de la esquina de Padre Hurtado con Colón a la municipalidad de Las Condes, para convertirla en un centro cultural de la comuna, estaban entregando algo más que el hogar de adobe que las cobijó cuando pequeñas.

Entregaron, junto con el parque y la construcción, un pedazo de la historia de Chile, impregnado en añosas paredes y centenarios árboles, para que pudiera ser visitado y utilizado por miles de chilenos.

Porque ese lugar, emplazado en el año 1795 por la familia Coo Ureta, llamada entonces Santa Rosa de Lo Coo, fue el escenario de hechos sustanciales de la vida de la nación que daba sus primeros pasos.

Adquirida en 1869 por Manuel Blanco Encalada, allí murió el que fuera el primer presidente de Chile en 1926. Por ello, entre otras cosas, es monumento nacional desde 1981.

Cuenta la historia que el mismísimo Pedro de Valdivia fue propietario de esos terrenos, quien los cedió en encomienda a Inés de Suárez, la que además contó con el pueblo de indios de Apoquindo para su servicio. Luego, pasaron de mano en mano, incluido un tío de la Quintrala, hasta llegar a la familia Coo. Tras volver de Francia, donde Blanco Encalada, cumplió una misión diplomática en la Corte de Napoleón III, el ex Presidente compró la chacra Apoquindo como casa de verano y la rebautizó como “Lo Encalada”. Allí permaneció largas temporadas durante los 30 años en que fue propietario y los que aprovechó para refaccionarla con frisos y columnas (más propios del estilo portugués que del español), la decoró con elegantes muebles, obras de arte, alfombras y tapicerías.

La familia Blanco Encalada-Gana dejó así en ella el estilo del Segundo Imperio Francés y realizó en sus salones y jardines muchas actividades sociales, recibiendo en elegantes carruajes a lo más selecto de la sociedad de la época.

El propio ex presidente inició la construcción del parque, que hoy tiene 70 mil metros cuadrados, plantando Cedros del Líbano, Palmas Chilenas, Araucarias, Palmeras y Plumosas, entre otras, que permanecen hasta nuestros días.

El senador liberal coalicionista José Eugenio Guzmán Irarrázaval, tras la muerte de Blanco Encalada, la adquirió en 1898 para su familia y la rebautizó como Santa Rosa de Apoquindo, en honor a su mujer, Rosa Montt, hija de del Presidente Manuel Montt.

En 1919, Roberto Guzmán Montt, quien fuera el primer alcalde de la comuna de Las Condes, se hizo cargo de la casa, la que estuvo en manos de la familia Gandarillas Guzmán hasta 2004 cuando sus heredaras -Patricia, Paz, Yolanda y María Eugenia-, la donaron a la municipalidad, según Francisco de la Maza, con la promesa que sería “un lugar abierto y donde la cultura tuviera un espacio privilegiado”.

A partir de entonces, gracias a un esfuerzo público y privado, empezó la tarea de restaurar la gran casona y el exuberante parque que la rodea, convirtiendo al lugar en uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del sector oriente. Para ello, según los realizadores, se conservaron los materiales que le dan la identidad, incorporando tecnología moderna, para el nuevo uso, pero siempre con la idea de guardar el espíritu del conjunto: “su carácter rural, la longitud de los corredores y la amplitud de los espacios abiertos”.

La casa, ayer como hoy, destaca por su elegancia y estilo culto, diferenciándose de las viviendas patronales tradicionales del valle central de Chile. “Con forma de H, lo primero que llama la atención es su antetecho, una suerte de máscara que oculta el alero primitivo. Al observarla de frente lo que se ve es una coronación, que al estar superpuesta aparece postiza. Pero, en palabras del arquitecto Antonio Sahady Villanueva, encargado de su restauración (junto a profesionales de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile y de la Municipalidad Las Condes), esto “tiene la virtud de dar a la construcción un aire diferente y sobre todo, hace una distinción muy clara entre la llavería y la casa, que es donde vivía el patrón”.

No solo se recuperó la construcción principal sino que también el sector antiguo, donde funcionaba la antigua Llavería y las caballerizas, manteniendo su “estructura portante” e “ingenia rusticidad”, según los restauradores. Si bien, al igual que a la casona, se le incorporó hormigón y vigas metálicas por seguridad y para cumplir normas antisísmicas, no se alteraron sus características estructurales ni formales.

Su valor arquitectónico, entonces, fue salvaguardado y pudo así abrirse al público, el que accede en forma gratuita al parque y puede visitar además las distintas exposiciones y muestras que se presentan durante todo el año. Dentro de la casa, que mantiene una lámpara de lágrimas y el piso parqué, existe una significativa colección permanente de pintura, lo más selecto de la creación chilena, reunida durante 60 años por Ricardo Mac Kellar. “Incluye piezas maestras de nuestra historia pictórica nacional y fue creada por un gran conocedor”, afirma Francisco Javier Court, director de la Corporación Cultural de Las Condes. Destacan entre las 120 obras, reunidas en torno a los temas “Retrato y Paisaje”, creaciones de Pedro Lira, Alfredo Valenzuela Puelma, Juan Francisco González, Pedro Luna, Arturo Gordon, Camilo Mori y Enriqueta Petit. Para el actual alcalde de la comuna, Francisco de la Maza, la colección aporta un nuevo y sustancial impulso cultural a la comuna: “La municipalidad y su corporación cultural hicieron un importante esfuerzo para lograr una adecuada instalación y conservación de las obras. En Chile, es inédito para un instituto contar con una pinacoteca como ésta”, puntualiza el edil.

Junto a la colección de Mac Kellar, pero de manera temporal, el museo acoge exposiciones plásticas, chilenas y extranjeras, de gran calidad.

En la antigua Llavería y caballerizas, mientras tanto, se instaló el Museo de la Chilenidad (MUCH) donde se puede conocer la historia del huaso y la relación del hombre con el caballo, símbolo de tradición de nuestro país. La muestra está enfocada en cuatro aspectos: la cultura del cuero, la madera, los metales y los textiles. Es permanente y cuenta con el patrocinio de la Municipalidad y de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos, entidad que tiene sus oficinas en el segundo piso de la ex casa de Blanco Encalada.

“En la municipalidad creemos que las tradiciones chilenas hay que cuidarlas, mostrarlas y no perderlas. Este museo apunta a algo permanente. La globalización, el intercambio comercial, muchas veces opaca la cultura e historia locales y una forma de mantenerla es con esta exhibición permanente y otras más que vendrán”, señaló el alcalde Francisco de la Maza al inaugurarlo.

Según Plataforma Urbana, destacan en el museo de la Chilenidad un par de estribos de bronce originales traídos por los españoles en el periodo de conquista, los primeros estribos chilenos tallados en madera, unos estribos de hierro del Ejército chileno utilizados en la Batalla de Maipú (1818), espuelas hechas en Chile en el siglo XVIII con diseños hechos a mano en plata y hierro, además de chamantos y monturas usadas entre los siglos XVI y principios del XX. Además, dentro de las 100 piezas patrimoniales del museo, otros objetos que vale la pena conocer son el escritorio desde donde el historiador Federico Encina escribió el famoso libro “Historia de Chile” y la cabeza embalsamada de Quebrado, un potro reproductor que para los huasos y criadores es como el Adán de los caballos de raza chilena.

Así, de una manera completamente gratuita, se puede visitar una importante colección privada de pinturas, el edificio de la Llavería y las caballerizas donde hoy se encuentra el Museo de la Chilenidad y pasear por un gran parque rodeado de árboles con más de dos siglos de antigüedad.

Datos útiles

Dirección: Av. Padre Hurtado 1155. Las Condes

Teléfono contacto y visitas: 22431031 / 22431024

Horario martes a domingo: de 10:30 a 19:00 hrs.

Entrada gratuita

 

Este reportaje, forma parte del proyecto “Espacios” y fue realizado con el aporte del Fondo de Medios 2013 del Ministerio Secretaría General de Gobierno.

 

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