Los problemas que deberá enfrentar Francisco I: El perfecto jesuita

Asume tras la renuncia de su antecesor por las filtraciones del “Vatileaks” y los escándalos de abuso sexual. Su desafío es frenar el drenaje de feligreses, acercarse más a los fieles y despertar la vocación sacerdotal.

Por Alfredo Grieco y Bavio (revista Veintitrés)

Por primera vez la Iglesia Católica tiene un Papa que pertenece a la orden jesuítica. Fundada en el siglo XVI como un “Ejército de Cristo”, esta fuerza de choque tiene como lema “Jesús Salvador del Hombre”, cuyas siglas en latín JHS, en las fachadas de las iglesias, permite distinguir a las jesuíticas de las que no lo son. El otro lema latino es AMDG, “Para la mayor gloria de Dios”. Esto ha derivado en la máxima jesuítica por excelencia: “Todo Modo”, el fin justifica los medios. Por primera vez también, en el argentino Jorge Mario Bergoglio, los mil doscientos millones de católicos del mundo tienen un Papa americano, con una Iglesia en crisis en Europa y el Mediterráneo. Y este nuevo Papa, americano, está formado en el flexible pragmatismo jesuítico para enfrentar nuevos y viejos problemas.

Un gobierno verticalista. La Iglesia Católica es una sociedad fuertemente estructurada. El Papa es su cabeza suprema: tiene poder absoluto sobre toda la jerarquía eclesiástica. Los títulos que ha ganado Bergoglio gracias a la votación del cónclave de 115 cardenales son: Sucesor del Apóstol Pedro, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Primado de Italia, Arzobispo y Metropolitano de la Provincia de Roma, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Benedicto XVI renunció a uno de los títulos tradicionales, el de “Patriarca de Occidente”, en un gesto ecuménico frente a las iglesias orientales. Los obispos están subordinados al Papa, dependen directamente de él a través del Colegio Episcopal y, según la Iglesia, son los sucesores de los apóstoles a los que Jesucristo encomendó la misión de difundir el Evangelio por todo el mundo. Son responsables directamente ante el Sumo Pontífice. El proceso para el nombramiento de los obispos varía de región en región. Sin embargo, la aprobación final en todos los casos depende del Papa, que goza de total libertad para desplazar a los prelados de un lugar a otro o suspender a aquellos que no sean fieles al Vaticano. Además de los obispos, también dependen directamente del Papa las órdenes religiosas (como la de los jesuitas, la del propio Bergoglio) y congregaciones de Derecho Pontificio, los institutos y facultades pontificias, los nuncios y los delegados apostólicos, que actúan como embajadores del Vaticano. Y también las prelaturas personales, como el Opus Dei.

Un continente católico. Aproximadamente uno de cada dos católicos del mundo vive en Latinoamérica. Es una proporción que aumenta, porque Europa, centro tradicional de la cristiandad y durante siglos principal impulsor de las misiones y la evangelización, es cada vez más moderna y más laica, y tiene cada vez menos fieles y menos personas “con vocación” –es decir, que quieran dedicar sus vidas a ser sacerdotes o monjas–. Con la elección del 266º Papa de la historia, los cardenales han reconocido el progresivo desplazamiento del centro geopolítico de la Iglesia. Brasil es el país con mayor número de católicos con unos 123 millones, según los datos del último censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. Sin embargo, entre 2000 y 2010 la proporción de católicos bajó del 73,6% al 64,6% de la población brasileña: es decir, un 10% de pérdida de fieles en sólo diez años. En número de católicos le sigue México con unos 92,9 millones de católicos, que representan el 82,7% de su población total –un porcentaje que también va en descenso–.

En la Argentina no existen estadísticas oficiales sobre el número de católicos. Según cifras de la Iglesia, un 88% por ciento de los 40 millones de habitantes son católicos. No obstante, según el Pew Research Center y un estudio del Conicet, la cifra de quienes se declaran católicos es más baja: se ubicaría en torno a un 76%, poco más de 31 millones de fieles.

Materias primas latinoamericanas. Convertido en Francisco I, el cardenal argentino Bergoglio se encontrará con grandes desafíos para la Iglesia Católica en Latinoamérica. A pesar de los buenos números de fieles, y de las buenas estadísticas de asistencia al culto dominical, el catolicismo en el continente presencia una progresiva migración y drenaje de sus feligreses a iglesias y cultos evangélicos, en especial de las formas llamadas pentecostales, que enfatizan formas emocionales de liturgia y atienden a pequeñas comunidades. En el otro extremo del peligro para su supervivencia, y para la pervivencia de su supremacía, la Iglesia debe hacer un gran esfuerzo para atender a los fieles, ante el rápido crecimiento de las grandes ciudades: las parroquias no dan abasto y les faltan recursos, empezando, pero no terminando, por los humanos. Y eso en momentos en los que Latinoamérica exporta cada vez más sacerdotes a países de Europa que se vacían de vocaciones. Al mismo tiempo, en Estados Unidos crece el número de católicos gracias a la migración latina.

Caridad por casa. Sin embargo, antes que aquellos problemas endémicos, y a largo plazo, del catolicismo en su propio continente, el Papa argentino tendrá que enfrentar cuestiones urgentes y acuciantes en los pocos kilómetros cuadrados de la Ciudad del Vaticano, de la que ahora será, también, jefe de Estado. Entre los muros vaticanos se respira la crisis. Francisco I se convirtió en Papa después de que el alemán Benedicto XVI presentara su renuncia en un contexto marcado por las intrigas y las luchas de poder. El pontificado de Joseph Ratzinger estuvo marcado por el escándalo de filtraciones “Vatileaks”.

A ello se le unen los nunca todavía del todo zanjados escándalos de abusos sexuales por parte del clero: se siguen conociendo en más y más países. Además de dañar la imagen de la Iglesia y de sus sacerdotes, también le significan un enorme golpe económico: sólo en los Estados Unidos, las indemnizaciones pagadas a víctimas ascienden a dos mil millones de dólares.

Hombres de negro

La orden jesuítica, a la que pertenecía como cardenal Jorge Mario Bergoglio, fue creada para renovar internamente a la Iglesia Católica y combatir a los protestantes, cristianos que renegaron de la autoridad del Papa de Roma. Fue fundada en París en 1534 por el español Ignacio de Loyola –después santificado– con el nombre de Compañía de Jesús. Pronto se difundieron por el mundo, y fueron de las órdenes más eficaces en la conversión al catolicismo de los indios americanos. Están organizados como un ejército y la máxima autoridad en el mundo de la orden se llama “General”. A diferencia de otras órdenes religiosas, los jesuitas renunciaron a tener hábito propio. Tampoco vivían encerrados en conventos, sino que se dedicaron a la enseñanza en todos los niveles, desde la educación primaria hasta la superior. Para ser jesuita, un sacerdote debe tener un título universitario o una formación sólida: son generalmente licenciados en filosofía o teología. A nivel interno dentro de la Iglesia, en las últimas décadas se vio arrinconada por el sesgo político de su lucha contra la pobreza. La labor de los jesuitas se desarrolla en más de 127 países: gestionan unas 297 universidades, publican cerca de 200 revistas, y dirigen más de 30 canales de televisión. En el siglo XVIII, los jesuitas fueron primero expulsados de América por la corona española (de ahí que en la Argentina, Paraguay y Brasil queden ruinas de sus “misiones”, las grandes estancias que gobernaban con trabajo indio) y después la orden fue disuelta por el Papa. Al siglo siguiente, restablecidos en su funcionamiento por el Vaticano, regresaron a América y al mundo –la mayor parte de las conversiones al catolicismo se deben a ellos, e Hiroshima y Nagasaki, las dos ciudades que sufrieron las bombas atómicas en 1945, eran las que mayor población católica tenían, y más jesuitas.

Comentarios (2)
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  • WASHINGTON HERRERA

    Interesante Articulo en donde el máximo representante de Iglesia en el mundo debe enfrentar un cumulo de problemas.Su congregación fue muy poderosa en los tiempos de la Conquista Española,por lo tanto tendra muchos hermanos que lo ayuden a llevar la carga.
    La Iglesia saldra adelante en la medida que sus guías espirituales estén en concordancia con la palabra y dejen de lado sus aspiraciones de poder, ojala este Papa siga los preceptos de su Congregación,en nuestro país, el Padre Hurtado, dejo una rica enseñanza para los jovenes de su tiempo y el representaba a los Jesuitas en nuestro país, con esa fuerza que lo caracterizaba en defensa de los necesitados y de los Pelusas desorientados de aquella epoca y todavía tenemos obras de el en funsionamiento.
    En relación a las Vocaciones Sacerdotales en Latinoamerica, es evidente la preocupación por no tener los resultados esperados, por lo tanto el trabajo de tener nuevos Apostoles de la Fe, se hace imperiosa.
    Hay que hacer una reflexión profunda,porque se tiene estos problemas en esta epoca, la Iglesia no fue capaz de preveer para el futuro una ruta de cambios en la medida que se fueron dando en la Sociedad a nivel mundial, las dos grandes guerras mundiales no alertaron de los nuevos paradigmas que se estaban incubando en las regiones de amplio desarrollo,en que cada día la Fe se fue perdiendo por los millones de seres humanos que pasaron a otro estado de sus vidas, lo dice este articulo, las ciudades cada día se hacen más estrechas para la vivencia de las personas y por lo tanto el sobrevivir es la meta.
    Pero tenemos Papa,estara a la altura de los tiempos, eso lo dira el diario vivir, las noticias ahora son un clik en mi computador,el mundo estara informado al segundo de las medidas tomadas,las conductas de aquellos que se equivocaron en su apostolado, se sabrán por los medios y seran sancionados por todos.

  • Quique Saldana

    Le enfrenta, con esta gran historia, al presente póntifex desterrar por completo las enormes corrupciónes que habitan su casa, desde arriba hasta abajo.