La estrategia del Papa Francisco para resucitar a la Iglesia: el Plan ave Fenix

El Papa busca recuperar feligreses y recobrar la influencia política del Vaticano en la escena global. El factor bélico y el inesperado guiño para debatir el celibato.

Por Pablo Galand (Revista Veintitrés)

Al igual que lo hizo durante los trece años que ejerció como arzobispo de Buenos Aires, el papa Francisco viene demostrando desde su llegada al Vaticano ser tan hábil en las cuestiones espirituales como en las políticas. Frente a la tentativa de Estados Unidos y otros países aliados de iniciar una invasión en Siria, el Sumo Pontífice puso en marcha una serie de iniciativas que sorprendieron a los líderes mundiales.

Si bien el llamamiento a la paz ha sido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial una postura tradicional del Vaticano ante cada conflicto, en este caso Francisco le imprimió una nueva dinámica. Hace una semana le envió una carta al presidente ruso Vladimir Putin y otra a los presidentes del G-20 interpelándolos a que abandonen “cualquier pretensión de una solución militar”.

Luego convocó a cien mil asistentes en la Plaza de San Pedro para una jornada de ayuno y oración, en la que advirtió que “la guerra sólo trae muerte”. Remató la ofensiva con el rezo dominical del Ángelus, en el que aseguró que “siempre queda la duda de si esta guerra de aquí o de allí es de verdad una guerra o una guerra comercial para vender armas o para incrementar su comercio ilegal”.

Se trató de una escalada que calzó perfecto en el objetivo trazado por Francisco de reposicionar a la Iglesia, deslegitimada a partir de los escándalos de corrupción, de pedofilia y la pérdida de fieles que viene sufriendo en todo el mundo.

“La novedad que trajo este llamamiento a la paz es la intensidad con la que lo hizo Francisco”, asegura el politólogo argentino Atilio Borón. “En general, sus antecesores han hecho exhortaciones al corazón de los cristianos pero fueron pocos los hechos concretos que llevaron adelante. En cambio, en esta oportunidad, el Papa estableció un modo de intervenir que va más allá de lo esperado. La fuerza con la que lo está planteando lo ubica como una voz importante a nivel mundial”, añade.

Paralelamente a los actos públicos, Francisco utilizó los resortes de la diplomacia vaticana con mayor dinámica. Al mismo tiempo que enviaba la carta a los líderes mundiales reunidos en San Petersburgo, el secretario de Relaciones con los Estados, Dominique Mamberti, convocaba a los embajadores de los 71 países que están acreditados en el Vaticano para que les transmitan a sus gobiernos la necesidad de terminar con la violencia en Siria. Ese cónclave tuvo efectos inmediatos. Sin ir más lejos, en Estados Unidos los obispos católicos alentaron a sus fieles para que reclamen a los miembros del Parlamento que voten en contra de la invasión estadounidense en Siria.

Pero como estratega político, el Vaticano no soslaya la violencia desatada por el régimen de Bashar al Assad. En esa reunión con los embajadores, el propio Mamberti alertó que la situación siria “corre el peligro de tener consecuencias imprevisibles en otras partes del mundo” a partir de la proliferación “de grupos extremistas”. También les comunicó que la intención de la Santa Sede es que los responsables del ataque con armas químicas perpetrado el 21 de agosto “rindan cuentas ante la Justicia”.

“La equidistancia es una posición histórica de la Iglesia”, asegura el teólogo Rubén Dri. “Trata de posicionarse como fuera de los conflictos, teniendo una posición intermedia pero tratando de presentarse como quien asegura la paz”, completa. De todas maneras, tras el fin de la Guerra Fría entiende que esa posición había quedado desdibujada y que ahora Francisco trata de recuperarla. “Al jugar todas sus fichas contra el denominado comunismo, el Vaticano quedó muy involucrado con el neoliberalismo tras la caída del Muro de Berlín. Las alianzas de Juan Pablo II con los referentes fundamentales de esa corriente, como Margaret Thatcher y Ronald Reagan, fueron continuadas con Benedicto XVI. Esa ligazón dejó a la Iglesia completamente pegada con la crisis que atraviesan en este momento aquellos países que lideraron la corriente neoliberal. Ante ese panorama, Francisco busca presentarse como una alternativa”, afirma Dri. De todos modos, advierte sobre los límites de este posicionamiento. “Lo que busca Bergoglio es recuperar el lugar que jugó la Iglesia frente al capitalismo. Esto es, legitimarlo como tal pero presentándose como una solución a los problemas que genera, como la pobreza y la desigualdad. Pero si realmente quiere solucionar esos efectos tendría que enfrentarse con los poderes fácticos y dudo que esté decidido a hacerlo”.

Para Gabriel Puricelli, investigador del Laboratorio de Políticas Públicas, la intervención de Bergoglio frente al conflicto sirio “es necesaria e inteligente”, pero considera que “desde el punto de vista estrictamente analítico no modifica nada”. Entiende que cualquier intervención de la Iglesia, “como la de cualquier otro actor que no cuenta con el poder duro en las relaciones internacionales, es una nota al pie”. En tren de especulaciones, Puricelli sostiene que “ese poder de la Iglesia que es puramente simbólico se puede transformar en un poder un poco más material si las partes a las que se está dirigiendo le reconocen ese papel de mediador. Pero si Estados Unidos y Rusia no le asignan simultáneamente ese rol, el Papa sigue siendo una nota al pie”, insiste.

La novedad de Francisco, para Puricelli, viene más por el lado del cambio de estrategia en las relaciones públicas. “Al ser un Papa que habla menos en jerga y que utiliza un lenguaje más directo, lo primero que vemos como receptores de ese lenguaje es un cambio retórico de presentación y de estilo. Seguramente va a ser más comprensible Francisco hablando de Siria de lo que hubiera sido Benedicto. Pero la verdad que no tengo por qué dudar que Benedicto no hubiera intentado una condena similar. Posiblemente hubiera escrito un documento más teológico, fundamentado, que habría necesitado que toda la diplomacia vaticana lo tradujera. En cambio Francisco está rodeado del mismo sistema de consejo que tenía Benedicto pero lo expresa de una manera que inmediatamente es comprensible para la opinión pública mundial y para los líderes internacionales”.

De todos modos, los cambios que viene llevando adelante Bergoglio para reposicionar a la Iglesia no parecen estar dirigidos únicamente a las relaciones internacionales, sino que también se observan en los reordenamientos políticos y administrativos internos del Estado vaticano. La decisión de desplazar al cardenal Tarcisio Bertone –salpicado por los escándalos que se revelaron a partir de la filtración de documentos de lo que se conoció como Vatileaks– del cargo de secretario de Estado representó el cambio más trascendente llevado adelante por Bergoglio. En su lugar fue asignado el nuncio apostólico en Caracas, Pietro Parolin. El cambio recién se hará efectivo en octubre. Bertone quedó involucrado en casos de pederastia, de corrupción en el Instituto de las Obras de Religión y en haber sido el responsable de aislar a Benedicto XVI con el objetivo de abortar sus intentos reformistas.

Con la llegada de Parolin no se produce únicamente una renovación etaria –es veinte años más joven que su antecesor– sino también política y hasta algunos se animan a arriesgar que dogmática. En una entrevista que recientemente brindó al diario El Universal de Caracas, reconoció que el celibato “es un precepto que se puede discutir”. “El esfuerzo que hizo la Iglesia para estatuir el celibato eclesiástico debe ser considerado. No se puede decir, sencillamente, que pertenece al pasado. Es un gran desafío para el Papa (…) y todas esas decisiones deben asumirse como una forma de unir a la Iglesia, no de dividirla”, agregó en esa entrevista. También reconoció la necesidad de mejorar el funcionamiento interno de la institución. “Siempre se ha dicho que la Iglesia no es una democracia. Pero es bueno, en estos tiempos, que haya un espíritu más democrático en el sentido de escuchar atentamente y creo que el Papa lo ha indicado como un objetivo de su pontificado”, aseguró.

Pero no todas las remociones que viene llevando adelante Bergoglio son sinónimo de apertura. Para reemplazar al secretario general del gobierno de la Ciudad del Vaticano, Giuseppe Sciacca, Francisco eligió al español Fernando Vergez. Se trata de un miembro de la congregación Los Legionarios de Cristo, una organización cuyo fundador fue el mexicano Marcial Maciel, acusado de reiterados abusos sexuales contra seminaristas y de haber tenido hijos con diferentes mujeres.

“El Papa es un dirigente muy astuto, mucho más que sus antecesores. Una coyuntura como la de Siria le da la oportunidad de reafirmar una presencia de la Iglesia a nivel internacional”, afirma Borón. Bergoglio conoce al dedillo el delicado juego del equilibrio político. Con esa facultad apuesta para llevar adelante la labor emprendida.

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