Evo tras el fallo arbitral de La Haya: va por una “doble vía”

El Presidente boliviano ha asegurado que no se retirará la demanda contra Chile en La Haya, pero que no está descartado el diálogo.

Por Marco Antonio Zelaya (desde La Paz)

Proseguir, pero sin cerrarse al diálogo. Así se podría resumir la posición del gobierno de Evo Morales tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en el proceso para establecer límites marítimos entre Chile y Perú.

Tras conocerse el laudo arbitral, el pasado 27 de enero, el presidente deslizó la posibilidad de reiniciar el diálogo, lo cual, sin embargo, en ningún caso implica desistir de la demanda interpuesta por Bolivia ante el mismo tribunal, la CIJ, y que en su parte medular, el petitorio, solicita que se obligue a Chile a negociar de buena fe una salida soberana al Pacífico.

En rigor, no se trata de algo nuevo. Incluso en los procesos ordinarios nunca está cerrada la vía de la conciliación que, si permite arribar a un resultado satisfactorio para las partes, evita transitar los a veces largos pasos procesales que conducen a la resolución o fallo de la autoridad jurisdiccional.

El agente de Bolivia ante la CIJ de La Haya, el expresidente de Bolivia (2005-2006), Eduardo Rodríguez Veltzé, ya se había encargado de plantear esta “doble vía” en julio de 2013, tres meses de ser posesionado en ese cargo, en abril, cuando se presentó la demanda.

“Es muy importante destacar que hoy estamos en un espacio jurisdiccional, judicial, que es la CIJ. Este espacio no excluye que a través de la actividad diplomática las autoridades competentes puedan tener aproximaciones o eventualmente encontrar un nuevo rumbo en este diferendo”, dijo en aquella ocasión.

Pero no cabe duda que hoy el escenario es diferente. Mientras que en la plaza San Marcos de Lima el laudo se recibió con algarabía y petardos, en la plaza de Armas de Santiago no había nada que festejar. No es lo mismo que el presidente Ollanta Humala haya expresado que el fallo concedió un 70% de la pretensión peruana y que, simultáneamente, el primer mandatario saliente Sebastián Piñera haya manifestado contrariedad y, esencialmente, un desacuerdo con la decisión judicial, aunque –y esto es valioso– dejara claramente establecido que será acatada.

La ruta judicial

Incluso antes de que se conociera el laudo arbitral de La Haya el presidente Evo Morales aseguró que esa decisión judicial no tendría por qué afectar a la demanda interpuesta por Bolivia contra Chile. Estaba claro que había mucha distancia entre la pretensión peruana, que buscaba la definición de la frontera marítima, y la boliviana, que se fundamenta en un derecho expectaticio a una salida soberana al Pacífico.

Sin embargo, una semana después de emitido el fallo, Morales se reunió con seis excancilleres –Carlos Saavedra, Carlos Iturralde, Javier Murillo de la Rocha, Agustín Saavedra, Armando Loaiza y Juan Ignacio Siles–, quienes le aconsejaron que mantuviera la demanda contra Chile ante la CIJ. Tras ese encuentro con los exjefes de la cartera de Relaciones Exteriores, Evo evaluó que la demanda boliviana “está bien encaminada” y que “por eso mismo” le recomendaron no retirarla.

Y envió una señal. Afirmó que el fallo, en una de sus partes, señala que cuando Chile y Perú se independizaron de la corona española “no eran Estados vecinos” pues en medio de ambos se encontraba “el territorio colonial español de Charcas, el cual desde 1825 se convirtió en la república de Bolivia”.

“En otras palabras, la CIJ sabe exactamente que Bolivia nació con soberanía hacia el Pacífico, con territorio hacia el Pacífico (…). Los resultados de La Haya son muy favorables para Bolivia y tenemos mucha esperanza de que los tribunales internacionales acaben con esta injusticia”, aseguró.

Los fundamentos de hecho y de derecho del reciente laudo, además, serán estudiados, como han señalado el agente Rodríguez Veltzé y la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima, Diremar, para enriquecer la memoria que Bolivia debe presentar como sustento de su pretensión el venidero 17 de abril.

La negociación de Charaña

Dos diplomáticos y especialistas en derecho internacional y en el diferendo marítimo, Alberto Zelada y Gustavo Aliaga, le dijeron al diario Página Siete que la mención chilena de la negociación de Charaña, de febrero de 1975, entre los dos ex dictadores Augusto Pinochet y Hugo Banzer, es útil pues encaja como una suerte de elemento de prueba en la demanda.

“Chile menciona el tema de Charaña para indicarle a la CIJ y a Perú que en algún momento hubo un proceso de negociación sobre esa área y lo hace pretendiendo convencer a los magistrados de que había un tema pendiente en esa área que le interesaba a Bolivia, para que los jueces piensen que es mejor que no se toque esa área”, afirmó Aliaga.

“Dentro de la lógica que está manejando el Gobierno, este punto le sirve porque es para añadir un elemento de prueba, para decir que es tan evidente que Chile declaraba su disposición a negociar con Bolivia, que cita en un alegato ante la CIJ un ofrecimiento de negociación que se estaba haciendo entre 1975 y 1978”, explicó Zelada.

Considerada la negociación más relevante sobre el asunto marítimo durante la segunda mitad del siglo XX, “tuvo la característica de que logró el mayor avance a la posibilidad de un acuerdo”, afirmó Zelada, para quien convergieron tres aspectos: por primera vez Bolivia planteó claramente cuál era su pretensión, Chile aceptó negociar la cesión territorial de un corredor al norte de Arica y Perú estuvo de acuerdo en que entre Chile y Bolivia se negociara una cesión territorial de ese tipo.

En esas tratativas, Bolivia pidió a Chile la cesión de una costa marítima soberana en la denominada Línea de la Concordia, que debería prolongarse a través de una faja territorial soberana hasta la frontera boliviano-chilena, según establece el Libro Azul o un compendio sobre el diferendo marítimo publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El excanciller Javier Murillo de la Rocha, tras el encuentro con el presidente Morales, expresó que el fallo de la CIJ “despeja una incógnita en la eventual transferencia” a Bolivia de un territorio al norte de Arica”.

“Ahora sabemos con certeza hacia dónde se proyectaría el frente marítimo de ese territorio. En este caso, después del fallo, ya sabemos que sería siguiendo la línea del paralelo geográfico hasta las 80 millas náuticas”, aseguró.

El diplomático y escritor Ramiro Prudencio Lizón, quien fuera el primer secretario de la embajada de Bolivia en Chile durante la negociación de Charaña, le dijo al rotativo Página Siete que esas tratativas fracasaron por dos causas: debido a la propuesta peruana de crear una zona trinacional en el territorio cedido a Bolivia, tras la consulta que Santiago, en cumplimiento del Tratado de 1929, formulara a Lima y al debilitamiento interno de la dictadura de Banzer, que hizo imposible sostener la compensación territorial para Chile que inicialmente se había aceptado.

El camino del diálogo

Más allá de los recientes roces entre los cancilleres de Bolivia y Chile, David Choquehuanca y Alfredo Moreno, respectivamente, en torno a cuál de los dos países rompió primero las tratativas sobre la denominada Agenda de los 13 Puntos –el sexto consistía en conversaciones irrestrictas sobre una salida marítima soberana al Pacífico–, lo cierto es que el retorno a La Moneda de Michelle Bachelet puede plantear un nuevo impulso al diálogo.

La señal más determinante en esta dirección es que acaba de llegar al Palacio Quemado de La Paz una invitación para la ceremonia de investidura del próximo 11 de marzo. La Agenda de los 13 Puntos fue impulsada por Bachelet y por Evo, pero la ruptura se dio en el gobierno del presidente Piñera, a quien hace poco la ministra de Comunicación Social, Amanda Dávila, acaba de calificar de “interlocutor no válido” en cuanto al diferendo marítimo.

Con respecto a este nuevo escenario, el expresidente Carlos Mesa ha formulado una aguda observación. Tras el laudo, considera que uno de los efectos en Chile puede ser una reflexión sobre su política exterior.

En efecto, hasta hace poco se hablaba de uno de los cuerpos diplomáticos más sólidos de la región, pero el fallo de La Haya marca un antes y un después en ese brillante historial.

“Los chilenos se están preguntando: ¿Chile lo está haciendo bien con sus vecinos? En ese sentido, el fallo es positivo, porque demuestra que Chile ha cometido errores en su política exterior y que eso tiene consecuencias y, por lo tanto, debe haber una revisión de su actitud con Bolivia. Pero, claro, ésta es una presunción personal”, aseguró Mesa.

Todo parece indicar que las cartas están echadas para retomar el diálogo. En fin de cuentas, los laudos no logran cicatrizar por completo las heridas.

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