Placilla-Valparaíso-Le Havre (Francia): La ruta de la cocaína y la debilidad del Plan Frontera Norte

Las autoridades salientes siguen felicitándose por el supuesto éxito del dispositivo de control de las fronteras del norte de Chile, pero la efectividad del mismo ha sido cuestionada por el paso no detectado por territorio nacional de una partida de mil 393 kilos de cocaína procedente de Bolivia. El cargamento fue finalmente incautado en Francia, hasta adonde había sido trasladado por vía marítima desde Valparaíso.

Por Equipo EP

Tanto el ex Presidente Sebastián Piñera como el entonces de ministro del Interior subrogante, Rodrigo Ubilla, se refirieron en términos muy elogiosos, en declaraciones realizadas entre los días 13 y el 17 de febrero pasados, al llamado Plan Frontera Norte.

El proyecto, diseñado a partir del 2010 dentro del Plan Chile Seguro, fue implementado un año después y apuntaba fundamentalmente a reforzar el control fronterizo en las regiones de Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.

Su cometido es combatir y prevenir el ingreso ilegal de personas y productos desde Perú y Bolivia, con la más alta prioridad de impedir el narcotráfico proveniente de esas dos naciones vecinas.

A principios del 2013 el gobierno del Presidente Piñera ya había invertida cerca de 76 millones de dólares en equipamiento. El proyecto era llevado adelante por su entonces ministro del Interior y hombre de mayor confianza, Rodrigo Hinzpeter.

En el 2012 el ministro de Defensa de la época, hoy senador electo Andrés Allamand, dijo que la vigilancia de las fronteras del norte sería reforzada con medios militares, que incluirían tanto el uso del satélite de observación que fue puesto en órbita a principios del 2010 como también a un número no especificado de vehículos aéreos no tripulados UAV. Los últimos fueron adquiridos en Israel en octubre del 2011 y recibidos a fines del año siguiente.

Sin embargo, cuando aún no se acallaban los ecos de las alabanzas vertidas por el ex Primer Mandatario y su ministro del Interior subrogante, el 21 de febrero pasado los servicios policiales de Francia descubrieron en un puerto de ese país europeo una remesa de 1,4 toneladas de cocaína, con un valor de 270 millones de euros en el mercado ilegal.

La droga, que habría provenido de Bolivia según los informes disponibles hasta ahora, no sólo ingresó por el área fronteriza vigilada por el Plan Frontera Norte sino que, en las mismas narices de los organismos policiales chilenos, habría transitado sin ser detectada hasta Valparaíso, donde fue embarcada hacia Europa.

La noticia explotó como una verdadera bomba cuando los principales diarios de Europa informaron que la policía francesa había incautado la cocaína en el puerto de Le Havre. La enorme remesa de estupefaciente había sido procesada en Bolivia, desde donde fue ingresada a territorio chileno envuelta en tres capas de plástico y tratada con un barniz para engañar a las maquinas de rayos X. Fue encontrada en el interior de neumáticos de repuesto de un camión todo terreno 8×8, perteneciente uno de los equipos que habían competido en el Rally Dakar 2014 realizado en el norte de Chile en la primera quincena de enero. Esa parte de la operación habría tenido lugar en Placilla, donde los organizadores del rally habilitaron un área, para que los participantes dejasen sus vehículos mientras esperaban embarcar en la nave que les llevaría de regreso a Europa.

La detección de la droga en Le Havre, gatillada por información recibida en Francia de la policía búlgara, dio lugar a la detención del chofer del camión y su copiloto, de nacionalidad española, que formaban parte del equipo de apoyo del Team Epsilon en el Rally Dakar 2014. Según un comunicado del equipo, ellos están seguros de que el hecho delictivo se produjo “en algún momento entre la entrega del vehículo en la campa de Valparaíso (Chile), previo a su embarque, y la recogida del mismo por dos de nuestros compañeros en el puerto francés de Le Havre. El camión de Epsilon Team ha estado expuesto a manos ajenas durante las más de 48 horas previas al embarque y el mes que ha durado la travesía marítima”.

Pocos días después el dueño del Team Epsilon, el español David Oliveras, fue también detenido en su domicilio en la ciudad de Barcelona. Al igual que otras dos personas aprehendidas en la ciudad puerto de Varna, en Bulgaria. Según la información disponible estos últimos serían los miembros de una mafia local, responsables de organizar el traslado de la droga, que iba a ser distribuida a diferentes organizaciones delictivas de Europa Oriental.

El cargamento de cocaína es el más grande incautado en Francia, cuyas autoridades se movilizaron de inmediato para priorizar la investigación del caso, al punto que el propio ministro del Interior galo, Manuel Valls, se trasladó hasta la dirección de la división antidroga de la Policía Judicial en Nanterre, a las afueras de París, para conocer los detalles de la operación.

En Chile, mientras tanto, su par de entonces Andrés Chadwick enfrentó los micrófonos para informar que se había “contactado” con el director subrogante de la Policía de Investigaciones, quien le habría asegurado que ya estaban recopilando los antecedentes de la operación que involucraba al Puerto de Valparaíso. Muy poco se informó respecto de la operación en la prensa local chilena, donde el tema prácticamente fue desplazado por el inicio del Festival de la Canción de Viña del Mar. Mientras, en Europa el tema ha seguido concentrando la atención de las autoridades, cuyos expertos apuntan el creciente rol de Chile como ruta de tránsito de la droga hacia Europa.

La enorme remesa de droga mostró, además, que más allá de la buena evaluación de las autoridades chilenas, el Plan Frontera Norte no estaría funcionando. Ello, a pesar de la gran inversión realizada, que contempló la compra de aviones, carros especiales y la instalación del Centro de Análisis de Operaciones de Droga e Investigación Criminal de Carabineros, CAODI, encabezada por el General Rodolfo Pacheco, en la región de Tarapacá. “Traer una unidad de alta especialización hasta la ciudad de Iquique y concentrar aquí todas las coordinaciones que hace carabineros en el combate al narcotráfico, es una cosa inédita en la historia chilena. En general las instituciones chilenas crecen en la Región Metropolitana en desmedro del resto del país, acá carabineros tomó la decisión contraria: nuevo contingente, capacidad de inteligencia policial y traslado de todo el mando hasta esta región”, comentó Ubilla ocho días antes de la incautación en Francia.

Pocos días después de conocido el hallazgo de la casi tonelada y media de cocaína en Francia, otro descubrimiento volvió a poner a Chile en la primera página de las noticias relacionadas con el narcotráfico. En una operación esta vez exitosa, el 25 de febrero la PDI incautó un cargamento de 500 litros de cocaína líquida, que había sido ingresada al país en bidones rotulados como aceite de cocina. Es la primera vez que este tipo de sustancia no estaba procesada.

La operación se originó en información de inteligencia proveniente del extranjero, a partir de la cual la Brigada Anti-Narcóticos (BRIANT) de la PDI estableció una red de monitoreo, que vigiló durante dos meses a las personas sospechosas de estar implicadas. Los bidones tenían como destino una planta de procesamiento en Santiago, donde el estupefaciente sería procesado y convertido a polvo. Junto con la incautación de la droga, la PDI detuvo a once personas involucradas en la operación, incluyendo al líder, un ciudadano boliviano residente en Chile. Sin embargo, el hecho es preocupante, porque indica que el país está ocupando un nuevo lugar en el tráfico internacional de drogas, ya no sólo como ruta de traslado a los grandes mercados de Europa o Norteamérica ni como mercado local, sino también como plaza de procesamiento de los estupefacientes.

El mercado de la Marihuana

El anuncio de medidas para prevenir y combatir el narcotráfico ha ocupado un lugar central en el discurso de las autoridades chilenas a lo largo de las últimas dos décadas. Pero combatir a la droga es más difícil de lo que se supone y equivocarse puede ser más simple y ocurrir con más frecuencia de lo que parece.

Muchas veces una gran victoria puede ser al mismo tiempo una gran derrota. Un buen ejemplo de ello es lo ocurrido en 1990, cuando el General (R) Horacio Toro era el director de la Policía de Investigaciones y la marihuana era por lejos la droga más consumida en Chile. Fue por eso que el gobierno, encabezado por el entonces Presidente Patricio Aylwin, ordenó a la policía asignar la más alta prioridad a combatir su tráfico y a erradicar mediante quemas los cultivos de cáñamo que le alimentaban desde el Valle del Aconcagua.

Se pensaba que, por su cercanía a la capital y por tratarse de la principal zona productora de marihuana que tenía Chile, la eliminación de las plantaciones de cáñamo sería un golpe mortal para su tráfico.

Se esperaba que, con ello, su consumo entre santiaguinos, especialmente entre los jóvenes y otros residentes de zonas marginales, decaería inexorablemente. Pero lo que realmente ocurrió es que, en una muy sencilla demostración de cómo operan las leyes del mercado, que también son validas para el narcotráfico, la escasez de marihuana llevó a que sus consumidores demandaran una alternativa, que sus proveedores rápidamente pusieron a disposición, en la forma de pasta base y Crack, a un precio similar al que se venía vendiendo la marihuana de origen nacional. Sin embargo, la pasta base es más adictiva y dañina para la salud que la marihuana porque, entre otras cosas, aumenta el nivel de agresividad de quienes la consumen en la fase de baja de sus efectos.

Fue un comprensible pero muy grave error cometido por la policía, que provocó una baja temporal del tráfico de marihuana, que posteriormente repuntó y volvió a ser el estupefaciente más usado en Chile, pero que impulsó un aumento substancial del consumo de cocaína, que hasta entonces era bajo y sólo un efecto marginal del tránsito de esa droga por el territorio nacional hacia EEUU y Europa.

Tampoco se consideró que los altos índices de alcoholismo entre la población nacional, que están presentes como una tendencia desde hace dos siglos, hace que sectores afectados por ese problema también tiendan al consumo de estupefacientes.

Según cifras del Servicio Nacional de Prevención y Rehabilitación del Consumo de Alcohol (SENDA), cerca de un 13 por ciento de la población de Chile, es decir más de dos millones de personas, tiene hoy problemas con el consumo de alcohol.

Un millón de ellos está dentro de lo que se considera alcoholismo, es decir, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas en forma regular. Y todos los estudios internacionales indican que las personas en esa situación tienden a combinarlo con la prueba y consumo de estupefacientes. Las cifras de alcoholismo eran similares a principios de los años noventa. Eso hace fácil entender como muchos bebedores, que también eran consumidores habituales de marihuana, dócilmente volvieron entonces su mirada a los derivados baratos de la cocaína frente a la escasez de hierba creada por la acción policial.

Ese inesperado giro de los acontecimientos hizo del éxito policial una victoria pírrica.

Fotos: Carabineros.cl

Comentarios (0)
Agregar comentario