Sueños y contrasueños

elicuraPor Elicura Chihuailaf

“El Estado chileno, en la actualidad, lleva a cabo una guerra de baja intensidad contra los mapuche, militarizando el territorio con incursiones violentas a las comunidades, que dejan un saldo de heridos, torturados y prisioneros políticos”.

Nuestra cotidianidad transcurría la mayor parte del tiempo en una gran cocina a fogón; más tarde fue a orillas de la cocina a leña. Allí recibimos, sin darnos cuenta, la transmisión de lo mejor de nuestra cultura en todos sus aspectos: el arte de la Conversación y los Consejos de nuestros Mayores. La Conversación, en la que –para despertar todos los sentidos, nos decían nuestros abuelos y nuestras abuelas– se compartía la Palabra discursiva o cantada, la comida, la bebida y, a veces, el dulce sonido de los instrumentos musicales. Cada uno de los que estábamos en torno al fogón –niños y adultos– adoptábamos la posición que mejor nos acomodara, de tal modo que se cumplieran las condiciones necesarias para el difícil y permanente aprendizaje de Escuchar.

Por las mañanas nuestros Mayores se preguntaban unos a otros si habían soñado: ¿Pewmatuymi? / ¿Soñaste?”, decían. La cultura mapuche sigue siendo una cultura en la que el lenguaje de los Sueños ocupa un espacio muy importante. Desde allí surgen –con frecuencia– nuevas Palabras, nos dicen. Los verdaderos Sueños tienen un carácter de anunciador de lo que vendrá. En los Sueños se constata que cuando andamos, dejamos huellas, pero al mismo tiempo proyectamos otras. Por eso podemos develar su derrotero en el devenir del tiempo, porque son huellas más prístinas y pueden –por lo tanto– ser “leídas” más fácilmente que aquellas del pasado lejano o inmediato y menos o más cubiertas por el polvo de la tierra y el recuerdo.

Escuchando a nuestras Ancianas y a nuestros Ancianos, los niños y niñas comenzábamos a aprender el arte de iluminar los Sueños para –en el transcurso de los años– acercarnos a la sabiduría de su comprensión. Para escudriñar también desde allí los contrasueños.

Han transcurrido poco más de cien años desde que el Estado chileno consolidó la irrupción violenta en nuestro País Mapuche. ¿Y qué ha cambiado? Hay unos pocos, abiertos o encubiertos, dueños del poder –cada vez menos quizá, pero más feroces– que nos igualan en mayorías marginadas de sus historias oficiales, de sus milagros económicos, de sus “modernizadas” justicias. Ahora recorren otra vez la Tierra para confabularse. ¿Y qué debemos hacer nosotros?, nos están diciendo algunos de nuestros Mayores, nuestros Lonko, y nuestros jóvenes desde las cárceles chilenas. Actualmente hay 49 presos políticos nuestros y casi una veintena cumple condena con medidas cautelares. Tenemos nuestros Sueños acosados por esa dura realidad.

“El Estado chileno, en la actualidad, lleva a cabo una guerra de baja intensidad contra los mapuche, militarizando el territorio con incursiones violentas a las comunidades, que dejan un saldo de heridos, torturados y prisioneros políticos. A través del poder judicial se han violentado todos los derechos al debido proceso, imputando a los prisioneros en un doble procesamiento por el mismo supuesto delito, tanto en la justicia civil como militar, aplicando –en todos los casos– la deleznable Ley Antiterrorista, que sustenta sus ‘pruebas’ con testigos protegidos y mantiene en cautiverio a los prisioneros como mínimo nueve meses sólo para investigar si son inocentes de los delitos por los que se les acusa”, dice la Coordinación de Organizaciones Autónomas Mapuche de Santiago en el “Manifiesto por la Vida y el Derecho a Existir” (adhesiones en http://www.kilapan.entodaspartes.net)

Algo ha cambiado en Chile –me dicen–, algo ha cambiado en el trato del Estado chileno hacia nuestro pueblo, mas ¿qué ha cambiado? El movimiento “Clase contra clase” está diciendo: “La lucha mapuche es justa. Los ricos, ayudados por el Estado patronal, han consolidado el despojo histórico de sus tierras y territorios. Buscan encubrir eso con medidas cosméticas que cambian algunas cosas para que nada cambie”.

Pienso en mis hijas y en mis hijos, pienso en mis antepasados muertos. Me dicen: No, no somos solos; no estamos solos. Hoy día, ante la amenaza de la anulación y de la destrucción, en el espíritu y el corazón de la humanidad silenciosamente germina y se construye algo que responde a las leyes de la lenta reconstitución de las hebras del más antiguo tejido universal.

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