2010: un año duro

Hago un llamado a los padres, parientes, amigos y conocidos de nuestros niños para que les cuenten cómo han sido capaces de salir de las diversas crisis de sus vidas.

Escribe Elza Fagundez, directora nacional World Vision Chile.

Es inevitable al cerrar el año hacer un balance, sea éste personal, familiar, del lugar de trabajo o del país.

Por una frase que leí en una carta de un menor de 9 años, me puse a pensar e imaginar el balance de fin de año de un niño chileno que vive en la pobreza. En la carta aludida, el niño, que era de la zona de Concepción, decía que tenía miedo. No estaba tan atento a los temblores –las réplicas, aunque más suaves, no han cesado– como a sus propios miedos. Con un año cuyo comienzo fue marcado por un cataclismo, no es de extrañarse que, a pesar de todos los esfuerzos hechos por diversas instituciones, incluyendo World Vision, no hayan logrado espantar el fantasma del terremoto y del tsunami. No olvidemos que a las réplicas geológicas hay que agregar las réplicas de los medios audiovisuales, y a éstas una cultura familiar de permanente alerta y temor. Periódicamente salen dantescas imágenes de edificios caídos, close ups de grietas y otras heridas dejadas por el sismo. El 2010 ha sido difícil para todos los chilenos. Y los niños, como instrumentos de resonancia, han tenido que aprender a sobrellevar sus propios miedos y los perpetuados por sus padres. Han tenido que vivir o ver la pérdida de hogares, han tenido que vivir o saber de las estrecheces e incomodidades de las viviendas provisorias. Han tenido que presenciar, en muchas ocasiones, la disgregación de sus comunidades y la destrucción de sus escuelas.

Todos los chilenos llevamos esta pesada mochila. No se trata de olvidar. Pero, para el 2011, mi deseo sería que lo que hemos vivido en este 2010 termine aquí y que padres y madres, profesores y medios de comunicación cambiasen su discurso, miraran hacia delante, con fe y con optimismo. Que meditaran un poco en su propia experiencia, que descubrieran sus propios recursos y su propia resiliencia, y que esta fuerza que ha caracterizado siempre al chileno se trasmita a las generaciones venideras. Hago un llamado a los padres, parientes, amigos y conocidos de nuestros niños para que les cuenten cómo han sido capaces de salir de las diversas crisis de sus vidas, cómo han podido educarse a pesar de la pobreza, cómo han constituido familias honorables, cómo han sobrellevado tantos temblores, incluso, los abuelos guardan la memoria del cataclismo de Valdivia de 1960, el mayor terremoto registrado en la historia.

World Vision está haciendo grandes esfuerzos para que los niños vuelvan a la normalidad, y la mayoría lo ha logrado, pero, mi deseo para el 2011 es que con el esfuerzo de todos y la ayuda de Dios, todos los niños de este país miren con esperanza y sin miedo al futuro.

1 comentario
  1. mIguel sanfurgo lira dice

    Desde mi modesto punto de vista,la responsabilidad es
    nuestra de los adultos, en que momento se nos escapo de las manos si somos un país que queremos vivir
    en lo que se dice “sociedad y No nos miramos a la cara, menos a los ojos”Somos sordos o casi todos van con audifonos o celulares ,y mudos una sociedad no llega a ninguna parte así ,nos falta la palabra
    AMOR sin el apellido del $$$$$
    meditemos hacia donde queremos ir como País gracias y atte con afecto, la FE mueve montañas todo los dias
    no son iguales y aportemos un granito de arena

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