Ministra en visita sobresee a Fernando Karadima pero acredita delitos

El veredicto acredita la existencia de los delitos cometidos por el ex párroco, pero los declara prescritos. José Andrés Murillo, una de las cuatro víctimas querellantes destacó que hoy “los chilenos somos mucho más alérgicos” a actos como los cometidos por Karadima.

La ministra en visita Jessica González, a cargo del caso Karadima, notificó esta mañana la resolución de sobreseer definitivamente al religioso por la prescripción de los delitos de abuso sexual que se le imputan. Las denuncias contra el ex párroco, de todos modos, fueron acreditadas por la jueza.

La resolución de la magistrada señala: “Que los antecedentes probatorios reunidos en esta investigación y los hechos justificados en la causa, permiten establecer que las conductas constitutivas de delito tuvieron lugar entre los años 1980 y 1995. Si bien algunos testigos manifiestan haber presenciados tocaciones indebidas por parte del sacerdote Karadima con posterioridad a la última fecha, esas afirmaciones carecen de relevancia, por no existir evidencia concreta acerca de la identidad de las posibles víctimas. En consecuencia, no se da en la especie ninguna de las hipótesis para tener como configurada una causa legal de interrupción o suspensión del término extintivo”.

El abogado de las cuatro víctimas, Juan Pablo Hermosilla, llegó esta mañana al 34° Juzgado del Crimen de Santiago donde fue informado de la resolución de la magistrada.

El veredicto se presenta tras ocho meses de investigación dirigidos por Jessica González, durante los cuales se realizaron entrevistas al arzobispo Ricardo Ezzati, al cardenal Francisco Javier Errázuriz, además de careos entre Karadima y los cuatro denunciantes.

El denominado Caso Karadima comenzó en abril de 2010, luego que el arzobispado reconociera mantener una investigación eclesiástica en contra del sacerdote por hechos ocurridos en los años 80 y 90 en contra de cinco personas en la parroquia El Bosque de Providencia.

Luego de declarada prescrita la acción penal sin acreditarse los delitos y tras el veredicto del juicio canónico del Vaticano, que encontró culpable a Karadima, el proceso fue reabierto en marzo de este año y designado por la Corte Suprema a la ministra en visita, Jessica González quien efectuó la decisión final.

José Andrés Murillo una de las víctimas de Karadima, destacó en CNN Chile los aspectos positivos de la investigación y valoró que se haya declarado que los delitos sí existieron aunque quedaron prescritos.

Murillo destacó que ahora “los chilenos somos mucho más alérgicos a actos como los cometidos por el sacerdote Fernando Karadima”.

1 comentario
  1. Jorge Queirolo Bravo dice

    Karadima y su amigo Errázuriz
    Por Jorge Queirolo Bravo
    La iglesia católica es una institución corrupta, anquilosada en el pretérito y dirigida por una pandilla de malhechores embrutecidos por la soberbia y el poder. Una buena porción de sus miembros no escapa a esta última condición, por lo que no nos debe extrañar que el cardenal Francisco Javier Errázuriz haya omitido efectuar las acciones necesarias para conocer y sancionar el comportamiento depravado del presbítero Fernando Karadima Fariña. Esta conducta del cardenal Errázuriz forma parte de una política institucionalizada de parte de la iglesia para proteger a los numerosos sacerdotes que cometen abusos sexuales. La iglesia católica tiene los valores totalmente trastocados. Maneja un código ético radicalmente opuesto al que poseemos los demás seres humanos. Favorece la maldad y se opone a lo bueno, constructivo o justo. Además es hipócrita. ¿Quieren muestras? Éstas sobran. He aquí algunas. Se escandaliza ante el divorcio, que no es más que la disolución de un vínculo matrimonial que funciona mal y no merece seguir existiendo; estigmatiza la homosexualidad, cuando en sus filas hay un altísimo porcentaje de gays; es misógina hasta la médula, por lo que mira a la mujer como un mero objeto y no permite el sacerdocio femenino; desaprueba los métodos anticonceptivos, cuando sabe que casi todos los católicos los utilizan; etcétera. Pero si un sacerdote viola a un niño indefenso y el asunto se sabe o se denuncia, el obispo respectivo, en cuya jurisdicción está radicado el caso, traslada al clérigo imputado a otra parroquia, donde éste podrá seguir haciendo lo mismo con la más absoluta impunidad, sin que importe el gravísimo daño previamente causado a ese menor. Más bien la tendencia es casi invariablemente la de tratar de ocultar lo acontecido e intimidar por cualquier vía a los afectados, especialmente a los atribulados padres. Ésa es la iglesia católica real, un reducto ideal para inmorales, degenerados, pedófilos, mentirosos, ladrones, delincuentes, mafiosos y violadores. Con mucha propiedad se puede aseverar, sin temor a equivocarse, que la iglesia católica es una muy eficaz escuela del delito. Así que no nos admiremos de que Errázuriz se haya quedado cruzado de brazos. Proceder así solamente constituye parte de la evidente esencia de la institución que éste representa. Por suerte, cada día son menos los que creen en los cuentos baratos de esa máquina imparable de fabricar mentiras que es la iglesia católica. Yo no los creí nunca y con orgullo puedo decir que toda la vida he sido ateo. Esperemos que la feligresía católica despierte y asuma que ha sido mañosamente engañada a través de muchos siglos por los embustes de sus supuestos pastores. Sería el verdadero signo de que los tiempos están cambiando para bien. La justicia tarda pero al final siempre llega.

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