Eugenio Tironi: “El gobierno encontró una ruta, no es para llegar al cielo, pero por lo menos al purgatorio”

El sociólogo y autor de varios libros, asesor de empresa y ex director de Comunicaciones del primer gobierno de la Concertación, analiza la actual situación, desmenuza el momento de Piñera y responde a qué se refería en 1990 cuando dijo que la mejor política de comunicaciones era la que no existe (entrevista publicada en la edición de octubre de la revista El Periodista).

Por Francisco Martorell

Pocas horas después que el presidente Sebastián Piñera reconociera que había leído el libro “¿Por qué no me quieren?”, entrevistamos a su autor, el sociólogo Eugenio Tironi, en el café Juan Valdez de Rosario Norte con cerro El Plomo, en Las Condes, donde trasladó las oficinas Tironi y asociados, la empresa que fundó en 1994 tras dejar el cargo de Director de comunicaciones del Gobierno de Patricio Aylwin.

“Sentí que está haciendo su pega. Él es el Presidente de la República, por lo tanto tiene que estar informado de lo que todos nosotros pensamos. El libro, mal que mal, está ya por varias semanas como el más vendido dentro de su categoría, entonces, yo creo que está dentro de su deber leerlo. Está bien, indica que está abierto a la opinión discrepante, a la crítica y eso da confianza”, dice cuando le preguntamos cómo se siente al escuchar al mandatario reconocer la lectura de su texto.

La mención de Piñera, sin embargo, no fue lo que gatilló nuestro interés en entrevistarlo, sino un seminario organizado una semana antes por la Fundación Ebert, donde los asistentes volvieron a mencionar (y criticar) al también presidente de Gestión Social SA y miembro del directorio de Enersis como el responsable de la crisis de medios de comunicación que vive el progresismo en Chile.

Bastó un intercambio de tweets para acordar el día, no sin antes resistirse a tener que explicar si es que dijo que la mejor política de comunicaciones es la que no existe y si era así, cuál era el alcance real de su frase. “Uf! Tanto tiempo ya. ¿No hay nada + interesante?”, esgrimió y luego escribió “Ok”. A los fantasmas hay que enfrentarlos, debe haber pensado.

Efectivo es que ha pasado mucho tiempo. En estos años, Tironi no sólo se convirtió en doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, fundó su empresa de comunicaciones y se transformó en una de las voces más influyentes con sus columnas en El Mercurio y entrevistas en diversos medios de prensa. También ha sido autor, coautor o editor de más de 22 libros, varios de los cuales han estado en la lista de best-sellers.

Entre ellos se cuentan, además de “Los Silencios de la Revolución” publicado antes de llegar a la Moneda, “La irrupción de las masas y el malestar de las elites” (1999); “El Cambio está aquí” (2002); “Comunicación Estratégica. Vivir en un mundo de señales” (con Ascanio Cavallo, 2004, reeditado el 2007); “El Sueño Chileno” (2005); “Crónica de Viaje. Chile y la Ruta a la Felicidad (2006)”; y “Radiografía de una Derrota. Cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta” (2010).

Sin embargo, un sector lo responsabiliza a él, más que a nadie, de no haber hecho nada en los inicios de la democracia para ayudar al renacer de una prensa alternativa a las cadenas El Mercurio y Copesa, empresas que sí recibieron ayuda de la dictadura, días antes que Augusto Pinochet dejara el poder, fortaleciéndose luego durante los primeros años de la Concertación.

Ya en la entrevista, como suele ocurrir, la conversación se dejó arrastrar por la coyuntura y el tema del libro vuelve porque cuando Piñera respondió por qué no lo querían, simplemente, argumentó la metáfora de la “monedita de oro” y señaló que tal vez, como lo había conversado muchas veces con su esposa Cecilia, obedecía a un problema de comunicaciones.

“Discrepo de ese argumento de que es un problema de comunicación, pese a que vivo de eso, en parte, pero es como el expediente típico de la empresa cuando se han descubierto en falta, de los políticos cuando son botados de los gobiernos o cuando bajan su popularidad. Siempre está ese expediente de echarle la culpa, ya sea a los medios de comunicación, tanto los cercanos como los lejanos, unos por no hacer bien su pega y otros por hacerla demasiado bien y/o a las políticas de comunicaciones institucionales. Es un recurso bastante cómodo, para no mirar los problemas de fondo”.

¿Y esos, cuáles serían?

Uno, a la gente en Chile no le gusta la derecha y de hecho Piñera tuvo que ocultar esa condición para ser elegido. Dos, les gusta menos que hace un año o dos. Y tres, este Presidente estableció con la ciudadanía un tipo de relación muy frágil, voluble, porque está basada en resultados y, cuando se trata de manejar un organismo tan monstruoso como es el Estado, la posibilidad de “hacer el delivery”, como le gusta decir al gobierno, no está asegurada. Es una cuestión de tantas variables, estamos hablando de una crisis económica mundial o de pronto le falló una intendenta o un ministro o, qué se yo, no está basada en una relación de afecto. La gente tiene una relación instrumental, no emocional, y eso no lo corrige una buena política de comunicación, requiere una reestructuración más profunda.

Pero hay logros concretos, que se repiten a diario, como el crecimiento y los 500 mil nuevos empleos, el postnatal de 6 meses y la eliminación del 7 por ciento en salud a los jubilados… ¿Qué pasa con todo eso?

Pasa un poco como cuando el padre dice, “pucha, a este niño le regalé una bicicleta, le compré una consola de juegos, ropa nueva, un skate y, aun así, siento que no me quiere”. El problema es que las relaciones de cariño no están mediadas por las cosas, sino por ciertas actitudes. Y aquí tiene que ver con eso, con compartir una memoria, proyectarse en el otro, pensar que él tiene algo que considero mío, que quisiera sentirlo mío, o algo a lo que yo quisiera llegar, sentirse parte de una comunidad, de intereses, de afectos, de ideología. Uno puede ser de la izquierda, tener cierta estética, o de la derecha, o del centro católico, pero nada de eso las personas lo encuentran con facilidad en el Presidente. Porque en cierto modo él se encargó de opacar esto para ser electo. Entonces paga el costo de su ascenso.

Tuvo apoyo y lo perdió… ¿quizá ganó porque el otro candidato era muy malo?

Creo que las dos cosas. Piñera fue electo por una cuestión muy accidental. Y también por la manera como la Concertación eligió a su candidato y a quién eligió. Las dos cosas están vinculadas. La Concertación, por razones bastante misteriosas, no siguió la huella de Bachelet, sino que quiso desandar esa ruta. En ese sentido el Presidente no se hizo cargo de este hecho, al cual por lo demás le dediqué el libro “Radiografía de una derrota”, donde digo lo que estoy diciendo ahora: la derrota de la Concertación no fue de sus ideas, de su trayectoria, de su herencia, sino que de su gestión y principalmente de sus dirigencias de partidos.

Este gobierno se obnubiló con su victoria y en vez de intentar construir una tradición social, cultural y política de apoyo, que fuera capaz de darle respaldo a lo que prometió, que fue una propuesta bastante de centro, moderada, hasta socialdemócrata si se quiere, se dejó encandilar por esta idea de los técnicos, de traer a personas que vinieran del sector de la empresa y, además, Piñera cometió errores en términos de enajenarse el respaldo del mundo de la Concertación, sobre todo por este prurito de compararse con Bachelet y, por esa vía, ser algo hostigoso con la figura de la ex mandataria.

¿Y qué le pasó a la sociedad? Porque ella estaba hastiada de los políticos y quería a estos tecnócratas en el gobierno ¿ahora se da cuenta que cometió un error?

El problema no estuvo en que a la gente le cargó esto, tienes razón en que había un hastío de la extrema politización de la Concertación, por los famosos “operadores”. El problema está en que esa gente no fue capaz de tejer acuerdos y puso toda su fe en la eficacia y eso es una ruleta rusa. Este gobierno perdió las oportunidades que se le presentaron, como el terremoto, para mostrarse. Tuvo lo de los 33 y el Bicentenario. O sea, grandes momentos para construir una épica, para materializar su relato y no lo logró. Sí es claro que, como la ciudadanía firmó un contrato a plazo fijo con este Presidente, sintió rápidamente que se había vencido y le empezó a pedir cuentas por el “delivery”. Apenas vio que los resultados no eran iguales a las expectativas, porque efectivamente son buenos pero no se ajustan a ellas, inmediatamente se metió en una zona roja de la cual el gobierno no ha podido salir.

¿Entonces qué se puede esperar? Quedan prácticamente dos años. ¿Ve alguna posibilidad de que retome o de que consiga su relato?

Nunca en democracia habíamos tenido un cambio más radical dentro de un mismo gobierno con esta entrada de la UDI y de políticos a un área que era un sagrario de los economistas como Teatinos 120. A mi juicio las posibilidades de que el gobierno siga bajando son nulas, creo que va a empezar a subir un poco en términos de popularidad y no sería raro, incluso, que lo hiciera mucho al final de su mandato. A la Concertación, por otra parte, no le es rentable pegarle al Gobierno en el suelo porque la oposición, no sé cómo se llame, tiene que sentarse con una fuerza que ofrezca gobernabilidad, no puede darse demasiados gustos. Yo creo que el gobierno puede terminar con un respaldo sólido.

¿Piñera aprendió la lección?

El Presidente va aprendiendo, no digo que sea por los libros que lee (ironiza y ríe). Va dejándoles más espacio a los ministros, está apareciendo menos, bajando las expectativas, entiendo que se encargó de decir que la crisis internacional podía golpearnos. La gente también se va ajustando en sus expectativas, hoy empiezan a echarle menos la culpa al gobierno y más al modelo. Y del modelo, son más los responsables, incluyendo a la Concertación. Entonces, creo que el gobierno encontró una ruta, no es para llegar al cielo, pero por lo menos al purgatorio.

Lo que no existe es certidumbre sobre el futuro político…

Sí, pero sería bueno que nos fuéramos acostumbrando porque es una característica de la época actual…

¿Eso significa que nos tenemos que acostumbrar también a partidos políticos menos poderosos? A un país menos institucionalizado…

Yo creo que sí. Lo que pasa es que tenemos un tipo de institucionalidad que ya está desbordada. Mal que mal el sistema político no está procesando las demandas, no es el espacio de negociación, el Presidente se reúne directamente con los dirigentes estudiantiles, no fomenta la participación ni la canaliza. La gente sale a las calles y no cree en los partidos. Tenemos un sistema institucional muy volcado a producir orden, lo logró y felicitaciones por ello, no era poca cosa. Pero hoy, como el orden es algo establecido y no parece amenazado, por lo menos las generaciones no ven una amenaza por ninguna parte, la demanda al sistema institucional es que exprese la diversidad, no que asegure la gobernabilidad, entonces es un tipo de demanda diferente.

En ese sentido el sistema queda corto, debe ser reestructurado y ello implica admitir una dosis mucho más alta de incertidumbre, en términos de quién puede ser electo y de quién puede ser mayoría. Lo que pasa por terminar con el binominal que es la pieza maestra del sistema de gobernabilidad que hemos tenido.

¿Los políticos finalmente van a tener que abrir la puerta?

Esa es la verdadera encrucijada. Si uno quiere evitar una crisis tiene que admitir aumentar los grados de incertidumbre en el sistema político y eso pasa por cambiar el binominal y eventualmente ir más lejos. Pero ahí la gran piedra de tope es la clase política que, como todos, buscan certidumbre y seguridad. El fin del binominal, introduce un factor de incertidumbre muy alto, entonces podrían resistirse. Ahora, si no lo cambian, sería de una irresponsabilidad mayúscula porque lo más probable es que tengamos un desborde caótico.

¿Qué le ha parecido la discusión, el debate, los documentos y las últimas declaraciones dentro de la Concertación?

El problema de la Concertación es que se armó para garantizar gobernabilidad, es parte de este sistema institucional centrado en la producción del orden y es deficitaria en cuanto al dispositivo para expresar la diversidad, la creatividad y la innovación. De que tiene que repensarse, reestructurarse, de todas maneras.

 ¿Sirve lo que están haciendo ahora, el cambio de nombre, un partido más, un partido menos, abrirse hacia la izquierda, conseguir que vuelva el PRI, o es maquillaje?

Todo eso sirve, es importante, además tomando en cuenta que aquí en Chile las elecciones presidenciales al menos se juegan con muy pocos votos. Permite intentar ir más allá.

Se fue tan “alternativa” al crear la Concertación, desde su denominación hasta su funcionamiento, en un momento en que parecía imposible juntar a la izquierda que estuvo con Allende, con la Democracia Cristiana, que estuvo contra Allende. Otro cerebro debería ser capaz de imitar la creación de algo nuevo, que incluya mucho más actores sociales e integre las nuevas tecnologías, las redes sociales, otros mecanismos.

Así como dijo que el gobierno ya tocó piso y ahora empieza a subir ¿Cree que la Concertación está en una condición similar?

Yo creo que sí. Lo que llamamos “la cultura de la Concertación” tiene mucho más vasos comunicantes con estos movimientos sociales que los que tiene la derecha.

Si pero estos movimientos sociales están mucho más reticentes a acercarse a la Concertación, se sienten mucho más lejanos…

A mí eso me ha llamado la atención. Es en parte porque ven en ella una suerte de traición. “Es porque te quiero que te castigo”, o “porque confié en ti, que te acuso”. Es cierto. En ese sentido, la Concertación no gana nada renegando su propia historia ni avergonzándose de lo que hizo o lo que dejó de hacer. Como cualquier adulto tiene que hacerse cargo de su propia historia, no echarle la culpa al empedrado y estar dispuesto a hacer cosas distintas para rectificar.

La ciudadanía, sobre todo después de la experiencia de este gobierno, no está como para experimentos, no quiere fenómenos que emergen de la nada. La gente quiere valores, historias, quiere anclaje en la memoria colectiva. Para preservar eso la Concertación tiene que buscar la manera de estar orgullosa de su propia historia.

Hay algunos que dicen que basta con la cartita bajo la manga, que vuelva Bachelet y se ganan las elecciones.

Claro, pero el problema es cómo gobierna. Para hacerlo se requiere de una coalición más amplia que la Concertación, no solamente en el eje izquierda-derecha, sino que en el eje clase política-movimiento social. Bachelet, en todo caso, tiene todos los atributos para ser el eje de esa nueva coalición, porque sintoniza bien con los movimientos sociales y porque crece hacia la izquierda y la derecha.

En este teatro ¿sirve estar fuera de Chile?

No sé si sirva o no, pero ella está fuera de Chile y lo más bien que le ha ido.

Ahora, respecto al movimiento estudiantil ¿cuánto marca los cambios a futuro?

Marca completamente. Esto es un movimiento mucho más cuestionador de lo que fueron los pingüinos. Ellos abrieron la puerta para acceder, esto es, una vez adentro, discutir cuál es el sentido. Aquí hay un cuestionamiento mucho más cultural y más profundo.

¿Y eso lo entendieron los bloques políticos?

Yo creo que sí. El Presidente parece haberlo entendido, es cosa de ver sus discursos, no sé el resto de los políticos.

¿Cómo definiría el discurso de los estudiantes?

No se escuchaba desde fines de los 60, principios de los 70; antepone a la lógica de la economía o la política, la de la moral y de la ética, a la jerarquía, la horizontalidad y la diversidad a la homogeneidad, que no admite tabúes, los que construyeron las generaciones anteriores. Es un grupo de dirigentes que se siente capaz de todo, de tomar el cielo por asalto. Son genuinamente jóvenes. Son los hijos de la transición.

¿Estos hijos de la transición van a permear todas las decisiones que se tomen a futuro?

Si, ya lo están haciendo en todos los planos.

En ellos, sin embargo, está presente el mundo del arte, de las telecomunicaciones, de las redes sociales, de la empresa, también. Si son los mismos jóvenes. Giorgio Jackson es ingeniero de la Católica, la Camila es geógrafa de la Chile y cuyos compañeros se van a trabajar a las principales mineras de Chile y el mundo. Son los mismos que están en Calama, en Pelambres, en El Teniente, en Falabella, en Almacenes Paris. Aquí hay una revolución cultural que se va a ir equilibrando.  

¿Qué le dicen las imágenes de extrema violencia entre manifestantes y carabineros? ¿De dónde surge eso? No sólo de la desigualdad…

No, hay un montón de países con mayores desigualdades y no pasa esto. O los Hooligans ingleses, donde se supone que hay menos desigualdad, son capaces de hacer lo mismo o peor. Creo que toda sociedad vive sobre un volcán de rabia, de frustración y de violencia. Lo que hace la civilización y sus instituciones es mantenerlas contenidas. Esto irrumpe cuando el marco institucional o los valores se debilitan. Irrumpió en la patria de Beethoven, Wagner y Goethe ¿Por qué no va a irrumpir aquí?  Las situaciones de los últimos meses son muy facilitadoras de que esto irrumpa. No solamente que salga el lumpen, estos cabros que no están en ninguna parte, que no estudian, que no trabajan, que son muy ligados al tema de la droga y que dan rienda suelta a su nihilismo. Pero también marca un punto en general. Si el sistema institucional no funciona, si el gobierno tiene tan baja popularidad, si el sistema escolar se ve en crisis, si el canal de movilidad que es la educación también se ve bloqueado o que no da los resultados que se esperaban, todo ese ambiente es un caldo de cultivo para que se rompan las contenciones.

Bachelet logró un amplio respaldo por su buena figura materna ¿Piñera ha sido figura paterna?

El problema del Presidente Piñera es que no ha sido ni figura paterna ni materna. Bachelet era figura materna pero se encargó de tener figuras paternas muy fuertes, entre otros Andrés Velasco o Edmundo Pérez Yoma, además ella misma tomó medidas que no eran necesariamente muy populares. El Presidente Piñera como que oscila un poco y no ha encontrado un complemento, aparte de su señora Cecilia, para poder tener un rol más claro.

Finalmente, ¿cuál fue el sentido de la frase de que la mejor política de comunicaciones era la que no existía?

He llegado a estas alturas de la vida a la resignada convicción de que da lo mismo lo que uno diga, lo que importa es cómo se interprete y cómo la gente llena con eso algo que necesita ser llenado. Por lo tanto, una misma aseveración dicha en momentos distintos y ante gente distinta, tiene significados diversos. Esta frase, “la mejor política de comunicación es la que no existe” era la respuesta a una fuerte presión que había en el gobierno de Aylwin a usar el así llamado poder gubernamental para controlar los medios de comunicación y pasar su mensaje. Y empezaba también una cuestión de que si al gobierno no le iba mejor era porque tenía una mala política de comunicación y no ejercía este poder. Y yo, en cambio, sostenía, como mecanismo de defensa, que esa aparente solución era bastante más grave que la enfermedad, porque establecía el principio de que un gobierno de centro izquierda no iba a ser respetuoso de la libertad de expresión, que iba a ser discriminador y el costo de eso era inconmensurable. Lo que era relevante era tener a las huestes del gobierno alineadas en torno a un cierto relato, a una cierta visión de las cosas y que cada uno tenía que transpirarla, transmitirla y vocearla en su labor cotidiana. O sea, no se podía tener un mercado sin control de precios y tener un mercado de la información controlado por periodistas. Esa era mi tesis.

Y en ese debate ¿qué querían concretamente los que pretendían el control de los medios?

Iba por el lado de Televisión Nacional, de resistirse a lo que finalmente se hizo que fue sacarlo de las cuerdas del gobierno, también –en un grado menor– por potenciar Radio Nacional que en ese entonces estaba quebrada totalmente, pero era un monstruo. Y, muy fuertemente, eso tenía mucha popularidad, por entregarle alguna forma de subsidio a los medios de comunicación que habían sido oposición a Pinochet.

Se zanjó esa discusión… los medios murieron.

No todos. Quedó la Cooperativa… y La Época.

En su mayoría ¿Cuál es el balance? ¿Cree que fue una política acertada?

Sí, fue acertado. Mira lo que ha sido Televisión Nacional y que sería hoy sin ella. Creo, sin embargo, que es un gran déficit de todo este periodo que no se hayan creado las condiciones para una cadena informativa de una línea progresista…

¿Eso por qué no ha ocurrido? ¿Cómo se explica que en un país donde un 50 por ciento vota por la centro-izquierda no haya un diario que identifique a ese sector?

No creo en la estrategia conspirativa. Hay una cosa que es impopular decirla y es la pericia y ductilidad que han tenido las dos grandes cadenas para llenar esos espacios y entregar productos que han, al menos, satisfecho parcialmente a los consumidores de información. Ya sea a través de sus buques madres o fragatas. Lo segundo es que los grandes cerebros y la gran energía del mundo de la centroizquierda se volcaron al gobierno y no crearon universidades ni medios de comunicación, incluso se insertaron tardíamente en el mundo de la empresa.

En el 73 el Estado interviene para terminar con un sector de la prensa y el gobierno militarlo hace nuevamente antes de irse y con las universidades ni hablar, crearon todo el proceso para quedarse con ellas. ¿No debió el Estado democrático corregir esa desviación que se produjo por la participación del estado autoritario?

Sí, estoy de acuerdo con eso. Pensé que cuando los temas del orden estuvieran enrumbados, íbamos a hacer algo más enérgico para al menos crear la oportunidad. Ahora, se crearon oportunidades y lamentablemente todavía está pesando, los diarios 7 y La Época, porque no vamos a decir que todos esos intentos tuvieron a los gobiernos de la Concertación como meros espectadores. Todos recibieron más de algún espaldarazo. No de la magnitud de lo que tuvieron las cadenas en los años 89-90, pero no fructificaron, en parte porque en el mundo de la centroizquierda existe una visión más troglodita de los medios que en la centroderecha. Cuando digo trogloditas me refiero a que son correas de transmisión de ideologías, de pensamientos. O son tan conscientes de eso, que no les dan la libertad que deberían tener para sobrevivir. Mientras que en el mundo de la derecha, como siente que sus valores se reproducen solos o a través de la familia y como están pensando en el lucro, le da una libertad a sus medios de comunicación que no se da en la centroizquierda. Eso yo creo que ha conspirado en el fracaso de estos intentos que siempre, por lo demás, han sido relativamente tímidos.

1 comentario
  1. WASHINGTON HERRERA dice

    Tironi, como buen politico en algún momento analiza el poder de los partidos y sus deficiencias hoy en día, sus argumentos son mesurados en el tiempo desde la izquierda a la extrema derecha, me parecio que sus juicios analiticos pecan un poco de mirar sobre el hombro el accionar de aquellos que tienen el poder de decidir en nuestro país, ya sea en las politicas económicas como de planificación extructural a lo largo de Chile
    Desde los comienzo de la Republica hasta hoy en día, hemos tenido muchos Tironis en diversas Areas que están indicando con sus comentarios para donde debemos ir y cuando estubieron en el poder poco pudieron hacer por las grandes mayorias para su mejor bienestar, estaban los grandes intereses de ambos mundos en que la Sociedad se desenvuelve,el Estado y el Privado y entre ambos hay que negociar, más si estamos en una Sociedad Democratica, basada en los Consensos.
    Con respecto a su última publicación en donde trata de desentrañar porque al presidente tiene poca llegada su imagen en la población de Chile,y su explicación en el foro, creo que en parte tiene la razón en su analisis de la persona del presidente, yo agregaría con una vivencia del mundo, es de “ese niño que por tener los medios, es el dueño de la pelota y condiciona el juego y cuando le da la rabieta, se va y se lleva la pelota y todos quedan mirando” lamentando esta parodia,pero lo veo así, es patetico lo que sucede en este país es chaquetero en todo momento,no soporta al que llega a la cima hay que bajarlo a como de lugar.
    Con relación a los medios el, Sr Tironi participo en el primer gobierno de la Concertación y por algo es responsable de la no continuación de algunos medios que no pudieron sobrevivir a la acción del Mercado, o de consolidar un medio pluralista y no sesgado por un color politico, la Concertación se farreo de haber dejado un medio que expresara el pensamiento progresista, de mirar el mundo de hoy,y hoy tenemos una emisora que expresa ese mirar pero a que precio, en lo escrito tenemos un semanario que no está al alcance de un sector importante, que decir de la TV abierta totalmente mediatica, farandula más farandula en horas claves.Así tenemos un Paradigma que comenzo un 2010.

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