Banco Mundial y la Competitividad: ¿Complot contra Chile?

Los efectos de la manipulación negativa de los indicadores de competitividad del país, por el Banco Mundial, han desnudado tanto la capacidad del organismo financiero internacional para intervenir en la política local, así como la inhabilidad de las autoridades chilenas para responder ante el hecho.

Por Equipo EP

El primer fin de semana del año fue estremecido en Chile por los ecos de una entrevista publicada por el Wall Street Journal el viernes 5, donde el Economista Jefe del Banco Mundial (BM/WB), Paul Romer, reveló que habían sido los cambios metodológicos y no de desempeño los que habían hecho bajar la calificación del país, desde el 2014, en el ranking de Competitividad que elabora anualmente ese organismo financiero internacional.

La revelación cayó como una bomba sobre la Izquierda chilena, que vio en la manipulación de datos del organismo financiero la explicación para su derrota en las urnas el pasado 17 de diciembre, donde los votantes eligieron al abanderado de la Derecha, Sebastián Piñera.

En concreto, el Economista Jefe del BM, Paul Romer, quien asumió su cargo a fines del 2016, descubrió irregularidades en la forma en que la metodología de evaluación de datos fue actualizada en los últimos años. Según explicó Romer, se habría agregado nuevas mediciones, que hicieron bajar la calificación de Chile, sin que en realidad hubiese habido cambios en el escenario de negocios del país. La modificación o error metodológico, que en realidad habría sido una manipulación politizada de antecedentes y estadísticas, hizo que en el ranking de competitividad del BM, donde Chile se situaba en el lugar 34 en el 2014, descendiera al 41 en el informe del 2015, para continuar cayendo a los lugares 48 y 57 en los informes de los años 2016 y 2017.

El ministro de Economía, Jorge Rodríguez Grossi, calificó lo sucedido como “inmoral” y, aunque dijo confiar en que sería corregido, subrayó que “el daño ya está hecho”. Más circunspecta, la presidenta Michelle Bachelet se pronunció mientras se preparaba para partir hacia La Habana, en la penúltima gira internacional como jefe de Estado antes de transferir el poder el próximo 11 de marzo. Bachelet deploró el hecho, señalando que ese tipo de situaciones daña la credibilidad de las instituciones financieras internacionales, junto con impactar negativamente la inversión en las naciones en vías de desarrollo, y demandó una inmediata corrección de los indicadores, así como una investigación respecto de la situación por parte del BM.

Las sospechas apuntan hacia el economista Augusto López-Claro, encargado directo de las mediciones sobre Chile. Identificado con la Derecha y conocido del entorno del presidente electo, López-Claro fue también descrito como “amigo” del ex ministro Cristian Larroulet, pero este último lo negó. El ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín, mencionado en un sitio web como asesor del BM, también ha sido blanco de sospechas, pero aclaró que desde octubre 2015 no es consultado por el organismo. En general, y a diferencia de la Izquierda, la reacción de la Derecha frente al episodio ha sido entre despreocupada y fría, lo que augura que la administración Piñera no será muy persistente respecto de obtener una rectificación mayor del BM.

Mientras, el BM ha endurecido su posición, por instrucciones de su presidente, el surcoreano Jim Kim, e incluso parece menos dispuesto a dar mayores disculpas a las autoridades chilenas. En carta dirigida al ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, el organismo rechazó los cuestionamientos hechos por Paul Romer, señalando que la metodología y las clasificaciones empleadas para evaluar a Chile son de “la plena confianza” de sus autoridades, y que la opinión del Economista Jefe “no representa” los puntos de vista de estas.

El propio Romer, en su web personal, enredó aún más las cosas en el escrito titulado “Mis declaraciones poco claras acerca del informe Doing Business”, donde señala que lo que apareció en TWS no fue lo que quiso decir.

“No he visto ningún signo de manipulación de los números publicados en el informe Doing Business o en cualquier otro informe del Banco. Lo que sí quise decir es algo que varios en el Banco creemos: que podríamos hacer un mejor trabajo de explicar qué quieren decir nuestros números”, escribió el economista jefe del BM.

Para Romer, ahora, la metodología del índice estuvo basado en “razones sólidas” y que los cambios fueron “cuidadosamente considerados”. Lamento que, en mi intento de promover claridad, yo mismo no haya sido poco claro”, puntualizó.

Ese giro hace necesario revisar qué es y qué intereses representa este organismo.

Banco Mundial: Historia con claroscuros

El BM o World Bank (WB) es, junto al Fondo Monetario Internacional (FMI), ambos con sede en Washington DC, es una de las instituciones creadas para implementar los acuerdos tomados en la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas en Julio de 1944.  El evento es mejor conocido como Conferencia de Bretton Woods, por el lugar del Condado de New Hampshire en el Estado de Nueva Inglaterra en los EEUU donde tuvo lugar el encuentro. La conferencia, que se desarrolló durante tres semanas, precisamente mientras los aliados desembarcaban en Francia y continuaban avanzando contra Alemania y Japón, también en otros lugares de Europa, Asía y el Pacífico, tuvo como objeto establecer el orden monetario y el escenario económico de la posguerra.

En la conferencia de Bretton Woods participaron 730 delegados de 44 países, incluido Chile, con exclusión de aquellos que conformaban el Eje. La conferencia fue presidida por Henry Morgenthau, entonces secretario del Tesoro (Hacienda) de los Estados Unidos, y los representantes de ese país lideraron largamente en la toma de resoluciones durante el evento. Pero también fue muy importante la participación británica, cuya delegación incluía al economista John Maynard Keynes, quien presidió la comisión encargada de definir la creación y competencias de lo que sería el BM. Sin embargo, las dos instituciones resultantes dentro de lo que ha llegado a conocerse como el Sistema de Bretton Woods, el BM y el IMF, reflejaron y aún reflejan esencialmente las visiones estadounidenses de orden económico, aunque los hechos han demostrado las debilidades de esa visión y dado la razón a Keynes.

El BM, que inició oficialmente su existencia en Julio de 1945, quedó conformado por el Banco Internacional para la Reconstrucción y Fomento (BIRF/IBRD) y la Asociación Internacional de Fomento (AIF/IDA), dos de los cinco organismos que conforman lo que se conoce como el World Bank Group (WBG).  El foco inicial y principal del BM fue apoyar la reconstrucción y el desarrollo en Europa en la posguerra, en conjunto con el FMI, suministrando créditos financieros a las naciones que habían sido devastadas por la conflagración en el viejo mundo. Sin embargo, esa ayuda también se extendió e hizo disponible para el desarrollo de las naciones de Asia, África, el Medio Oriente y América Latina. En un principio los créditos estaban orientados principalmente hacia el desarrollo de infraestructura y de vivienda, pero a partir de los años sesenta comenzaron a ampliarse hacia otras áreas de inversión social.

A partir del término de la II Guerra Mundial el peso de Estados Unidos dentro del BM permitió que la provisión de ayuda en Europa, combinada con los importantes montos de colaboración proporcionada directamente por organismos federales estadounidenses, fuese utilizada por Washington para persuadir y empujar a las potencias coloniales, particularmente Gran Bretaña y Francia, hacia la concesión de independencia a sus colonias en el Medio Oriente, África y Asia. Aunque el fin perseguido fue oficialmente la democratización, el objetivo real era facilitar la influencia política y el acceso a materias primas por parte de intereses estadounidenses. Aunque el rol del BM y el FMI fueron clave para que los EEUU avanzaran en sus objetivos, la parte más visible de ese proceso tuvo lugar en la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde desde los años cincuenta se comenzó a impulsar una acelerada descolonización. Esta se concretó apresuradamente, sin dar tiempo a las nuevas naciones para prepararse y organizarse institucionalmente, lo que se tradujo en debilidades y problemas que incluso hoy no se superan.

El BM ha sido y es objeto de fuertes críticas de centros académicos, organizaciones no gubernamentales y personalidades. Ellas coinciden en que las prácticas y recomendaciones del BM, usualmente orientadas hacía lo que se conoce como Libre Mercado y una concepción occidental de desarrollo, que impondría sobre las naciones del Tercer Mundo como condición para el otorgamiento de créditos, no consideran la cultura y condiciones particulares de cada país receptor. El resultado es que el cumplimiento de esas condiciones, que incluye la privatización de empresas y servicios públicos, además de una apertura a las importaciones, termina perjudicando el desarrollo de los países, en lugar de impulsarlo, beneficiando sólo a las naciones industrializadas.

Joseph Stiglitz, quien fue Economista Jefe del BM entre los años 1997 y 2000 y es uno de sus mayores críticos, asegura que, junto con buscar imponer el conjunto de preceptos neoliberales conocidos como Consenso de Washington, el organismo también condiciona el otorgamiento de créditos a la compra de mercaderías y servicios a precios que son superiores a los del mercado.

 

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