Año 2 Número 32, Lunes 17 de marzo 2003

Ex mayor (S) de Ejército, Jaime Puccio

"Vi a mis compañeros convertidos en bestias"

De uniforme, el 11 de septiembre salvó en La Moneda a Miria Contreras, conocida como la Payita, y a algunos miembros del Grupo de Amigos del Presidente (GAP). Estuvo un mes preso y en 1974 salió al exilio a Estados Unidos. La impresión que le produjeron los hechos que vivió hace 30 años hace que se niegue hasta hoy a pedir la jubilación que le corresponde.


"Yo siempre discutía con mi hermano, que era absolutamente antimilitarista. Le decía que el Ejército chileno era constitucional, que jamás se iba a meter en la parte política, lo defendía. Cuando vino el golpe, y cuando vi a mis compañeros convertidos en bestias... yo no podía entender".

El ex oficial Jaime Puccio Giesen habla así de las controversias que solía tener con su hermano Osvaldo. Ambos estuvieron durante 25 años en labores casi antagónicas. Jaime fue dentista en el Ejército. Osvaldo se desempeñó por el mismo período como secretario del legislador y luego presidente de la república, el socialista Salvador Allende.

Sus caminos de juntaron en La Moneda en 1970. Jaime llegó a la presidencia en "comisión de servicio" por orden del jefe del Ejército, general Carlos Prats, para atender como dentista no sólo a Allende, sino a casi todos los ministros. Su labor allí fue razón para su arresto luego del golpe. "En la mentalidad militar, si yo le metía los dedos en la boca al presidente, tenía que estar 'contaminado'", señala Puccio hoy.


Sin embargo, el ex mayor Puccio asegura no haber realizado actividad política alguna, "porque fui militar toda mi vida". Obviamente tenía sus preferencias a la hora de votar. "Siempre fui un hombre de izquierda, y eso lo supo el Ejército desde el día uno. Para cada elección me tiraban a la piscina. Hacíamos apuestas y yo siempre perdía".

Puccio entró en la Escuela Militar en 1947. Conoció allí al ex coronel José Ramos, único oficial de su rango que renunció en 1973 por su desacuerdo con el golpe, y al ex teniente coronel Efraín Jaña, quien estuvo dos años preso por oponerse a las brutalidades del régimen. También a Orlando Letelier y Carlos Matus, ambos luego ministros de Allende.

Aunque Puccio no terminó el curso militar, siendo estudiante de Odontología atendía gratuitamente a los conscriptos de los Arsenales de Guerra de Batuco. "Cuando me recibí, no tuve dificultad para ganarme un concurso como oficial de sanidad dental de la Escuela de Infantería. Tenía más antecedentes militares que cualquier otro dentista que se presentara, porque había sido cadete y trabajando ad honorem. Salí de subteniente de sanidad dental".

¿Cuál era la percepción que había al interior del Ejército respecto al gobierno de la Unidad Popular?

"De los militares, por regla general, se decía que eran los 'perros guardianes' de la oligarquía", responde Puccio. "El ejército chileno, a pesar de que entre comillas es apolítico, no escapaba de este fenómeno. Una gran mayoría era de derecha. Los de izquierda éramos contados con la mano", afirma. Según el ex mayor, "en la tropa había más gente de izquierda, pero en esa subcultura militar, a la gente le inculcan el desprecio por los civiles, y entre esos están los políticos, por supuesto. El peor insulto que le dicen a un militar cuando lo castigan es 'eres un paisano'".

"En provincia, por ejemplo, las autoridades más importantes son el cura, el comandante del regimiento, el alcalde y los latifundistas. La aspiración que tenían los oficiales en esa época era casarse con una hija rica. La gente de apellido o de plata usaba al militar, aunque no les gustara para nada que se casaran con sus hijas. Siempre el militar, por toda esta ubicación, fue muy arribista".

Puccio recuerda a pocos oficiales progresistas. "Había un capitán Fernández en la Escuela de Infantería, un tipo muy inteligente. Eran dos hermanos. No eran proclives a la UP, eran progresistas. También un compañero de curso mío, Mario Savini Romo, que estudió Leyes dentro del Ejército. Era oficial de Infantería. Un tipo de mucho esfuerzo, muy estudioso, muy serio. Yo me topé con él una vez en la Alameda, luego de salir de la cárcel. Ahí me contó que lo habían echado, que iba al ministerio de Defensa a ver si lo recontrataban, pero sé que no lo hicieron". Sin embargo, insiste en que "no se puede hablar de izquierda con los oficiales, a lo más era gente con sensibilidad social. Les preocupaba el problema de la gente con menos fortuna, los conscriptos, se notaba una calidez humana diferente al rígido militar normal".

1. 11 DE SEPTIEMBRE

El día del golpe, el uniformado partió temprano a La Moneda. Allí estaban su hermano Osvaldo y el homónimo hijo del mismo, estudiante de Derecho de 17 años, ex embajador de Chile en Austria. Luego de algunas horas allí, Allende le pidió que se fuera. "Me dijo que era el único que podía salir, y que tenía que hacerme cargo no sólo de mi familia, sino también de la de él. Ellos no creían que iban a salir vivos", recuerda.

Gracias a su uniforme, en medio del enfrentamiento, Puccio pudo gestionar que varias ambulancias se llevaran del lugar a Miria Contreras, "La Payita", secretaria de Allende, y a algunos heridos del Grupo de Amigos del Presidente (GAP). Así les salvó la vida. Luego debió irse por orden del general Javier Palacios, quien comandaba el asalto a palacio presidencial. "Le dije que andaba buscando a mi hermano y a mi sobrino. Me dijo: 'muy loable su esfuerzo, pero no tiene nada que hacer aquí'", señala. Padre e hijo fueron detenidos y luego estarían presos en la Escuela Militar y en el campo de concentración de isla Dawson.

"Al día siguiente yo no tenía donde ir, porque no tenía unidad", recuerda Puccio. "Me fui al Instituto Geográfico Militar, desde donde me habían enviado. Me llamaron de Inteligencia Militar y salí de prisionero a la Escuela (Militar). Allí me obligaron a renunciar y me mandaron a mi casa con arresto domiciliario". Quince días después lo llevaron a la Cárcel Pública. El fiscal militar, Joaquín Erlbaum, lo acusó de "alta traición a la patria" y de "pasarle información al enemigo en tiempo de guerra", delitos que se castigaban con fusilamiento. "Ahí tenía dos alternativas: salir libre o fusilado. No hay penas intermedias", afirma.

"Me interrogaba el fiscal Erlbaum. Las preguntas eran tan idiotas... '¿Cuantos wiskies se tomaba el doctor?', '¿Cómo era con las nietos?', puras estupideces. Me hicieron peritajes caligráficos, porque en La Moneda encontraron unas listas y dijeron que yo las había proporcionado. Estuve dos días escribiendo, para atrás, para adelante, con la mano derecha, con la izquierda, mayúsculas, minúsculas".

Estuvo detenido un mes. En 1974 fue sobreseído y partió al exilio a Washington.

Posteriormente, Puccio fue incluido en una lista de mil 583 personas, mayoritariamente militares, que hasta hoy tienen prohibido el acceso a los cuarteles, según la circular 344 del 1 de agosto de 1981 de la Dirección de Personal de Carabineros. "Mantuvieron una posición discordante con la doctrina institucional y con los principios del Gobierno Militar, razón por la cual su concurrencia y permanencia en los recintos policiales (...) debe tenerse como inconveniente para la seguridad de los mismos".

En la lista, Puccio figura junto a otros 29 oficiales de Ejército, 8 oficiales de Armada, 11 oficiales de la Fuerza Aérea y 24 oficiales de Carabineros, entre otros. El ex mayor volvió al país en 1990. Su hermano Osvaldo murió exiliado en Alemania Oriental en 1981.

¿Cómo explica el ensañamiento de los militares luego del golpe?

"Forma parte de la raza humana", dice Puccio. "Si tú le das un palo a un cabro chico, va a agarrar a un perro. Esos instintos bajos los tenemos todos metidos. Súmale a eso la verticalidad del mando, la impunidad que tenían, entonces todas esas malas pasiones afloraron y los tipos disfrutaban pateando, poniendo corriente...".

"Eso a mí realmente me produjo un shock", afirma. "Hasta el día de hoy tengo baches que ni siquiera los puedo achacar a mi edad, porque los tengo hace mucho tiempo. Baches de... borrones... los nombres... se me han borrado los nombres de un montón de gente, sobre todo de la institución".

Para el ex mayor "todo esto generó en mí una situación muy especial de rechazo. No he querido saber nunca más de ellos. Es tanto que yo tengo derecho a jubilación, porque estuve 25 años en el Ejército... ni siquiera he ido al ministerio a ver qué plata me correspondería, y no porque ande nadando en plata. Lo que tengo es por ahorros que me traje de Estados Unidos... con eso me las barajo para comer".


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