Año 2 Número 33, Lunes 31 de marzo 2003

Reality War

Si pensaba que la avanzada televisiva por exhibir lo más descarnadamente realidad se iba a remitir solamente a mostrar cómo conviven jovencitos en una casa estudio, estaba completamente equivocado. La era medial también contempla bombas, destrucciones, sangre y hasta muertes en tiempo real. Pero ¿es eso lo que quiere el público?

Los noticiarios del orbe han tenido que agotar todos sus recursos para transmitir la guerra como un show de la realidad. Tarea, al parecer, absolutamente necesaria a la hora de ocupar un lugar privilegiado en los puntos del despiadado rating. Al menos, esa es la pauta que marcó CNN hace ya años, en la pasada guerra del Golfo (1991), cuando por primera vez los ojos humanos -gracia o por desgracia a su gestión- presenciamos una guerra en directo.

Han pasado más de 10 años de ese hecho -histórico para los más tevitos- y en este nuevo conflicto internacional ninguna cadena noticiosa del mundo quiso quedar fuera. Ni siquiera las criollas, que hasta tiene a tres representantes de TVN metidos en pleno Bagdad (capital de Irak), quienes hasta se han dado el lujo de despacharle información a la mismísima CNN, ¿qué tal?

Los créditos patrios son el camarógrafo Alejandro Leal (qué ante tanto despacho telefónico debiera sumar a su sueldo uno de periodista), y los reporteros Santiago Pavlovic y Rafael Cavada.

Pero el trío no sólo nutre las noticias de su canal y a la cadena norteamericana, sino que su hazaña alcanza hasta para los diarios ("Las Últimas Noticias" se ha hecho un festín con ellos).

Los únicos tres chilenos en plena zona de bombardeos, representan, en rigor, una gran muestra de valentía. Nadie lo puede negar. Sin embargo, también son ellos mismos quienes han sido el mayor obstáculo para que "24 Horas" informe de buena forma sobre el conflicto. Es tanto lo que se resalta la osadía del tridente, que eclipsa los mismos hechos y el análisis del conflicto, lo que ha hecho caer al noticiero del canal estatal en un cúmulo relatos "yoistas" que mezclan sentimientos, sensaciones y emociones en vivo de los tres involucrados, dejando de lado testimonios de terceros.

Con Pavlovic y compañía, la gran curiosidad de los telespectadores de esta "aventura real", es el mismo morbo que motiva ver los "reality show". Esa de saber que los protagonistas están viviendo entre la vida y la muerte, y con la posibilidad, cierta, de que una bomba pudiera estallar en las cercanías de su hotel. O en el mismo hotel.

Es el precio de la novedad. Pero el público no sólo quiere "reality war".

Sin ir lejos, quien más alto rating ha logrado en la cobertura de la guerra, irónicamente, es el único canal nacional que no envío a nadie. Nadie. Ni siquiera a la frontera (como sí lo hizo Mega y Canal 13). Se trata de Chilevisión, que sin presiones -obvio, al no enviar a nadie, no necesita respaldar obligatoriamente la información con un alto rating- se ha dedicado a analizar sin apuros los hechos. Hay que destacar, por supuesto, el asertivo comentario de Raúl Sohr, por lejos el mejor analista internacional de Chile.

TVN, que tiene todo para deslumbrar, no lo ha hecho. Las manijas del noticiario parecen no funcionar. La línea editorial encabezada por de Gema Contreras, no se resistió a los reality. No hay otra explicación.


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