Año 2 N.33, marzo 31, 2003

Guerra en Irak

Ojos chilenos hablan de la guerra

"Ellos creían que nos habíamos cansado de protestas y que les habíamos dejado libres para seguir en su alucinada carrera hacia la guerra. Se equivocaron. Nosotros, los que hoy nos estamos manifestando, aquí y en todo el mundo, somos como aquella pequeña mosca que obstinadamente vuelve una y otra vez a clavar su aguijón en las partes sensibles de la bestia". José Saramago, Premio Nobel de Literatura

1. Los católicos y la guerra

Antonio Delfau S.J. (Director Revista Mensaje)

Mientras la maquinaria bélica de EEUU avanza contra Bagdad, seguimos manifestando nuestra opción por la paz. Lo ha hecho con fuerza la Iglesia Católica. Los señores de la guerra han querido hacer creer que esta opción es irreal y utópica. Sin embargo, creemos que la paz se funda en el aprendizaje hecho por la humanidad para alejar la tentación inmemorial de usar la violencia para solucionar los problemas de seguridad o convivencia. La Santa Sede denunció con vigor la falta de fundamentos morales o éticos de esta llamada guerra preventiva. No se puede justificar la acción armada contra quienes eventualmente podrían llegar a ser agresores. Incluso la doctrina de la guerra justa, actualmente también cuestionada, legitima la defensa sólo ante una agresión. Más aún, hoy se considera que la guerra misma ha dejado de ser un medio apto para resarcir el derecho violado en el ámbito internacional, cuando es posible encontrar instancias de diálogo, presión y disuasión, sin recurrir a la agresión bélica.


Antonio Delfau S.J. (Director Revista Mensaje)
Antonio Delfau S.J. (Director Revista Mensaje)

En esta guerra contra Irak percibimos la falta de una autoridad política capaz de garantizar el derecho internacional y la paz, con todas las herramientas necesarias para controlar las fuerzas agresivas. Las Naciones Unidas, la OTAN y la Unión Europea muestran divisiones y debilidades.

La Iglesia ha venido sosteniendo como fundamentos morales de la convivencia pacífica y de un nuevo orden mundial, la verdad, la justicia, la solidaridad y la libertad. Para ella, las diferencias surgidas entre los pueblos y naciones deben resolverse por medio de negociaciones y convenios. E insiste en que la promoción del bien común universal hace necesaria la constitución de una autoridad internacional, instituida a través del consentimiento de las naciones. Los valores de la democracia y del respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos se deben buscar con el acuerdo y la participación de todas las culturas y religiones, y no con la violencia.

La paz que buscamos es un don que hay que pedir, pero también una tarea permanente y una conquista. Ante quienes sostienen que la paz se consigue preparando permanentemente la guerra, afirmamos que es más humano y cristiano alejar la guerra construyendo cada día la paz. "La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia" (Vaticano II, GS, n. 78).

Los cristianos servimos la causa de la paz promoviendo el desarrollo de los pueblos más pobres y necesitados porque, como dijo Pablo VI, "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz". También sosteniendo e intensificando la defensa de los derechos humanos de toda persona, especialmente de los más débiles, ya que -en palabras de Juan XXIII- "no puede haber paz sin respeto y realización de estos derechos". Debemos luchar por salvar la importancia de la diplomacia y de la adopción negociada de los cursos de acción de los organismos internacionales multilaterales. La Iglesia no ha podido alejar del horizonte la terrible realidad de la guerra y sus consecuencias. Sin embargo, para preparar permanentemente la paz, sigue exhortando a los católicos a participar en la vida pública y a colaborar en el progreso del bien común de la humanidad. Más allá de lamentar el actual desorden o declararnos pacifistas a ultranza, construiremos la paz denunciando la injusticia, combatiendo el hambre y la ignorancia, revirtiendo la arbitrariedad y buscando más democracia fundada en los derechos civiles, políticos, sociales y económicos del hombre.

2. Guerra provoca fuga de los avisadores de las cadenas de TV

Rodrigo de Castro (Periodista)

La guerra de Irak se ha transformado en el peor de los negocios para las grandes cadenas de televisión estadounidenses y británicas. Sólo en los primeros seis días del conflicto armado las cadenas ABC, NBC, CNN, y Fox News perdieron más de 700 millones de dólares: los grandes avisadores retiraron su publicidad de todas los noticieros y transmisiones que cubren la guerra. Aparentemente, las corporaciones han preferido evitar que sus productos sean asociados con imágenes de muerte y destrucción.


Rodrigo de Castro (Periodista)
Rodrigo de Castro (Periodista)

El miércoles 19 de Marzo, día del vencimiento del ultimátum a Saddam Hussein, Procter & Gamble, el segundo mayor avisador de EEUU, anunció que no iba a colocar publicidad en los noticieros mientras durara la guerra. Su publicidad recién volvería a las grandes cadenas televisivas cuando "los programas para la familia y de entretención regresen a la normalidad".

Este anuncio provocó una verdadera "corrida" en el mercado de la publicidad estadounidense. MasterCard pidió a sus agencias que sacaran del aire sus spots publicitarios, al menos hasta una semana después del inicio de la Guerra. Lo mismo hizo American Express, Toyota, y el coloso de las telecomunicaciones AT&T. A su vez, la cadena hotelera Sheraton postergó indefinidamente el lanzamiento de una nueva campaña publicitaria.

La situación no ha sido menos dramática para las arcas de los grandes conglomerados televisivos británicos. Como en EEUU, la deserción de los avisadores de los noticieros y de las transmisiones especiales desde los escenarios de guerra ha sido total. El hoyo financiero provocado por la fuga de los sponsors habituales ha llegado al punto que los socios de la cadena ITV tuvieron que poner de sus bolsillos 8 millones de dólares adicionales a los presupuestados, sólo para solventar los primeros gastos de cobertura del conflicto en Irak.

Lo mismo sucede con la prensa escrita. Desde el miércoles 19 de marzo las secciones dedicadas a las crónicas de guerra de diarios británicos masivos como el Daily Mail o el Evening Standard, cuyas páginas de crónica están habitualmente atiborrados de publicidad, no traen avisos.

Las grandes cadenas televisivas están gastando diariamente decenas de millones de dólares, no sólo para mantener a sus ejércitos de corresponsales en Medio Oriente e Irak, sino que para pagar millonarias conexiones satelitales. Si la guerra en Irak se prolonga por más de un mes y si las cadenas estadounidenses y británicas perseveran en su empeño por llevar la guerra a los hogares de los televidentes del mundo, se estima que las pérdidas para la industria de medios podrían llegar a los miles de millones de dólares.

Todo esto ocurre en el peor de los momentos para las llamadas "World News Networks". Estos verdaderos gigantes de las comunicaciones recién comenzaban a recuperarse de una aguda crisis económica provocada por más de tres años consecutivos de contracción de la inversión publicitaria. Grupos como Time Warner AOL, propietario de CNN, se encontraban ya ante graves problemas financieros.

¿Será que a los costos de la Guerra de Bush, haya que sumarle la bancarrota definitiva de una o más cadenas televisivas mundiales?

3. La guerra del señor Bush

Igor Saavedra (Premio Nacional de Ciencias 1981)

La respuesta a la pregunta: ¿cómo me afecta en mi trabajo la actual guerra en Irak? requiere de una aclaración previa: cualquiera fuese mi trabajo, excepto que me dedicara a un oficio relacionada con cuestiones bélicas (invento, diseño, producción de armas o su comportamiento), no podría afectarme en absoluto en ese sentido, porque la guerra, salvo excepciones como las señaladas, no es una cuestión de profesiones sino algo que atañe directamente a los seres humanos, a todos sin excepción, porque se trata fundamentalmente de una cuestión valórica. A lo largo de mi vida siempre he sido -y he actuado en consecuencia- un pacifista por principios y seguiré siéndolo mientras dure mí tiempo.


Igor Saavedra (Premio Nacional de Ciencias 1981)
Igor Saavedra (Premio Nacional de Ciencias 1981)

Para mi la guerra es siempre un acto anti-humano. Creo en la razón y no en la fuerza. Por lo tanto, me declaro absolutamente contrario a la guerra, a todas, y en consecuencia también a la que se desarrolla actualmente en Irak.

Todos conocemos las atrocidades cometidas por Saddam Hussein. Sin embargo, del mismo modo sabemos que ni los EEUU ni Gran Bretaña ofrecieron al mundo pruebas concretas acerca de la existencia de las armas de destrucción masiva que ellos afirman posee el régimen iraquí. Por el contrario, los inspectores de armas nombrados por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hasta el momento en que esas naciones decidieron atropellar a éste y a la ONU declarando una guerra unilateral, no encontraron evidencia alguna acerca de la existencia de dichas armas. Todavía más, parte de las "pruebas" presentadas al Consejo resultaron no ser más que una copia de una Tesis de Grado presentada años antes por un estudiante (!). ¿Por qué no se concedieron los meses que pedían los expertos para finalizar con su tarea? ¿Por qué no se permitió siquiera que se votara esta proposición? ¿Cómo se puede hablar "en defensa de las democracias" sino se acepta la más elemental de sus características, que es el respeto de la opinión de las mayorías?

Es cierto que el peculiar sistema de elecciones presidenciales en EEUU permitió que Bush sea elegido sin contar con la mayoría de los votos emitidos en el país, pero ese no es el sistema usado en las Naciones Unidas ni en la mayoría de los países democráticos. Me parece de toda evidencia que no se quiso llegar a una votación, porque se sabía perdida. En otras palabras, que como una manera de evitar un bochorno, EEUU optó por mostrar su carta principal: su poderío militar y económico. De ahora en adelante, y por un tiempo largo, impondrá sus normas, señalará los problemas y los solucionará de la manera que más se acomode a sus intereses. Debemos entender que hemos vuelto a la "ley de la selva" y el más fuerte es el que reina.

4. ¿Quién pagara la guerra?

Alexis Guardia (Economista)

Como es sabido toda guerra tiene un precio en términos de vidas humanas, de dolor y de lágrimas, hablar de su costo financiero resulta un tanto prosaico, pero en nuestra profesión de economista estamos obligados a hacerlo. A la hora actual, las consecuencias económicas de la guerra en Irak son indescifrables e imprevisibles. El costo directo de la guerra (armamento y movilización) para Estados Unidos según las únicas cifras semioficiales existentes (véase entrevista a Larry Lindsey a fines del 2002) fue estimado entre 100 mil a 200 mil millones de dólares (1 por ciento al 2 del PIB de EEUU), y, según reciente información del ministro de Defensa de Gran Bretaña, Gordon Brown, el costo fiscal para este último país, es de alrededor de tres mil 750 millones de dólares. La historia muestra que las cifras estimativas del costo directo de las guerras donde EEUU ha estado comprometida, siempre han estado subestimada. Desde ya cabe observar que trabajos académicos como el del profesor estadounidense W. Nordhaus estima que la guerra en Irak podría costar hasta 478 mil millones de dólares a EEUU. El costo directo de la primera guerra en el Golfo fue de 71 mil millones de dólares.

El costo directo de la guerra tiene efectos fiscales en cuanto a que ello acrecienta el déficit existente, y por otra parte el mayor gasto en defensa tiene un efecto reactivador dirigido hacia el complejo militar industrial de los Estados Unidos. El déficit fiscal de preguerra ya es importante en EEUU (cerca del 2 por ciento del PIB) de acrecentarse a causa de la guerra, abre un seria interrogante respecto a su política monetaria futura, pues las medidas restrictivas para enfriar la economía americana repercutirá negativamente en la economía internacional; sobre todo si se tiene en cuenta que la economía americana sigue siendo la locomotora irremplazable de la economía mundial.

Pero las consecuencias económicas de la guerra no sólo están ligadas a los impactos del mayor costo fiscal en la economía americana o inglesa. De por sí la guerra crea en lo inmediato un impacto negativo a nivel mundial en las actividades de turismo, genera mayores costos de transportes, seguros, disminución del tráfico aéreo, y un precio del petróleo que podría comenzar a elevarse en la medida que se extienda el conflicto. Todo esto va a repercutir en una tasa de crecimiento de la economía mundial para el primer semestre del 2003 más baja que la presupuestada. La apuesta que han hecho las grandes empresas y las autoridades americanas es que el conflicto bélico en Irak es de corta duración, es decir que entre 30 y 60 días este país estaría ocupado y administrado por las fuerzas armadas de EEUU y Gran Bretaña. Esta apuesta sólo ha logrado dopar a los mercados financieros y del petróleo con una euforia al parecer efímera pues, la incertidumbre respecto a la duración y a la estabilidad necesaria para la reconstrucción de Irak posguerra, es hoy muy grande.

5. Libertad o petróleo

Profesor Eugenio Chahuán CH. (Centro de Estudios Arabes, Universidad de Chile)

La estrategia de desintegración que están poniendo en práctica EEUU e Israel en el Mundo Arabe se encuentra en una etapa decisiva, particularmente en Palestina e Irak a causa de diversas variables conectadas, que se entrelazan y potencian recíprocamente en sus motivaciones y efectos. La primera de ellas está relacionada con los intereses del sionismo, las otras están vinculadas con las necesidades energéticas norteamericanas, la imposición del nuevo orden mundial y la globalización, cuyos efectos devastadores arrojan una dramática estadística en ambas sociedades

Hoy, el injustificado ataque estadounidense contra Irak y el absoluto desprecio del gobierno de EEUU por el Derecho Internacional, la voluntad de los árabes y de otros pueblos alrededor del mundo, opuestos a él, hace de la fuerza desnuda un principio y una referencia para la política global. La consecuencia será la victoria del fuerte y la perdición del débil, con EEUU reemplazando a la ONU. Debido a su alianza con Israel, tan bien cimentada bajo la Administración Bush, esta situación conducirá a la imposición del dominio israelí sobre el destino de los árabes.

Desde que Napoleón invadió Egipto, pasando por el período de entre guerras, la guerra fría y el mundo unipolar de hoy, ha sido común escuchar y leer voces que reproducen la esencia del dogma orientalista que Edward Said criticara en su célebre obra. Los expertos en el arte de fabricar imágenes son perseverantes; lo más alarmante es que sus sugerencias y estereotipos se presentan como verdades indiscutibles. Ante la invasión estadounidense a Irak, se venden como pan caliente.

Se podría hacer una larga lista de esos y otros clichés reciclados. Lo aterrador es el hecho de que muchos de quienes los elaboran asesoran a los políticos estadounidenses sobre temas de la región. De hecho, el lenguaje de personas como Lewis o Rubin resuena en los discursos de George W. Bush y Tony Blair. El petróleo, nos dicen, no es el motivo por el que se ataca a una población de 25 millones de seres humanos; la razón principal es liberarlos de la dictadura y enseñarles el valor de la democracia y de la modernización.

Indudablemente, las poblaciones de la región han vivido por décadas bajo el yugo de dictaduras (en buena parte sostenidas por las grandes potencias occidentales del momento). Es cierto que esas poblaciones obedecen, pero también piensan, ven, escuchan lo que sucede en su entorno inmediato y experimentan en carne propia. Saben que existe un bloqueo desde la primera guerra del Golfo y que producto de ésta han muerto más de 750 mil niños por falta de medicamentos y alimento; saben que el cáncer se ha expandido en el país debido a la utilización de armas de uranio empobrecido, utilizadas por el ejército norteamericano en la primera guerra. Saben que existe una invasión sionista y la colonización de Palestina; saben que Israel posee armas nucleares y que ha violado reiteradamente resoluciones de NU, que sigue construyendo asentamientos ilegales y que en los pasados dos años cerca de 40 mil civiles palestinos han sido gravemente heridos y alrededor de 2 mil 500 han sido asesinados, en la ocupación militar más larga de la historia. Saben que el 50 por ciento de la población palestina vive con dos dólares al día. Saben que durante 30 años el poder de veto en NU ha sido pieza central de la política exterior de EEUU; saben que a Corea del Norte se le ignora y a Irak se le devasta. A esa gente se le dice que Sharon es un hombre de paz, y que Hussein es el segundo Hitler.

Los paradigmas de libertad, democracia, derechos humanos están siendo instrumentalizados para justificar la consolidación de un imperio global unipolar, el control absoluto de un país que cuenta con el 11 por ciento y de una región que sobrepasa el 60 por ciento de las reservas mundiales de petróleo, la instauración definitiva de la hegemonía israelí en un nuevo y colonizado Medio Oriente, cuyo concepto reemplazará al de Mundo Arabe, son los objetivos estratégicos de una invasión cuyo incoherente discurso, frente a la realidad de la historia, pretende disfrazar.


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