Año 2 Número 33, Lunes 31 de marzo 2003

La última tentación de una enfermedad cultural

La perversa censura calificada

Y Dios lo hizo morir durante cien años Y luego lo animó y le dijo: - ¿Cuánto tiempo has estado aquí? - Un día o parte de un día, respondió. Alcorán, II, 261

Chile, un país imposible: la cruci-ficción de la libertad individual.

Intranquiliza que todos los debates en este país sean tan inéditos y arqueológicos; ejemplos sobran en nuestro anquilosado árbol valórico: la compleja ley de divorcio (imposible separarse en esas condiciones), la resistencia fundamentalista de la Iglesia Católica, la inexistente legislación frente al aborto terapéutico, que hace poco estuvo a punto de matar a una mujer por la malformación genética del feto que crecía en su cuerpo y su nula soberanía para interrumpir un embarazo inviable, las últimas situaciones relativas a la genealogía de los homofóbicos chilensis (temita que ya se frivolizó en la reciente revista Caras) y que motiva que volvamos a discutir si los homosexuales y lesbianas existen y si de ellos(as) es el reino natural y sus demonios dionisíacos. Ahora bien, de todo hay en la villa del demonio, y como broche de oro, el último y rancio debate: El Porvenir de Chile y su saga contra el lado oscuro de la fuerza, "La última tentación de Cristo". Por decir lo menos: da para un guión de Chile: el país de las maravillas, sin Alicia por supuesto (estaría acusada de incitar a las Jocas, usar condón sin tener pareja estable, mandarse un frasco completo de pastillas del día después... y sin receta médica).

No resulta sorprendente, entonces, que en este paradisíaco panorama, Chile haya sido acusado frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y que luego de un extenso proceso se conminara al Estado chileno a modificar su orden jurídico, eliminando la censura previa y permitiendo que la película se exhiba en nuestro país. Y un dato más interesante aún, todo el proceso fue llevado por un grupo de estudiantes de derecho, ya abogados en este momento, que sin ningún apoyo institucional lograron que se respetara un derecho humano básico: que los chilenos(as) podamos ver lo que queramos, sin la censura del antiguo Decreto Ley N° 679, ni la sentencia de la Corte Suprema que revocó la recalificación realizada por el Consejo de calificación el año 1996. Recordemos que la primera censura a la película en cuestión fue en el año 1989 durante los últimos arañazos de la dictadura, comisión constituida, como ya sabemos, por integrantes de las fuerzas armadas y el poder judicial entre sus más destacados e ilustres conocedores del séptimo arte.


La emblemática película de Martin Scorsese, basada en la novela del escritor y traductor griego Nikos Kazantzakis y publicada tres años antes de la muerte del autor (1954), resultó ser un chivo expiatorio más de los males endémicos de nuestro país. Polémica que también se vio por otros rumbos, pero que aquí adquirió matices de una historia de terror que cualquier escritor de mediano talento hubiese convertido en una excelente comedia negra. Se imaginan a un marino, o algún militar opinando de "El Sacrificio" de Tarskovsky o de "Tan lejos y tan cerca" de Win Wenders, o hasta "Terciopelo azul" de David Lynch; objetándolas de raras asociaciones, perversos personajes, mientras juegan a tomar posiciones estratégicas con barquitos de papel sobre un mapa (ahora están felices con la guerra contra Irak, no he visto mayor felicidad y euforia en sus rostros explicando a los televidentes el alcance de un misil X o la búsqueda frenética de las benditas armas de destrucción masiva, que todavía no se ven en ninguna parte).

De la literatura al cine, del cine al lavado en seco, del planchado herético a la discusión hermenéutica, es decir, ¿qué quiso expresar el notable autor con esta obra? Texto que sigue el curso de la vida: nace, vuelve, se transforma y continúa, llegando hasta inéditas protestas. Hace unas semanas atrás una señora católica y respetable protestaba en el Cine Arte Alameda llevando un cartel que decía: "Jesús estamos contigo". ¿Alguien puede explicar dicho texto? La verdad es que Cristo, a estas alturas, se ha vuelto una estrella televisiva y graciosa de este reality show ultra-cristiano.

El mexicano Eduardo Velasco, un experto en la cuestionada obra, manifiesta que en el texto de Kazantzakis se presenta más bien la idea del combate: el hombre contra Dios, el cuerpo contra el espíritu, el deseo contra la fe. Conflicto básico de todo lo humano, ficción respaldada por la teoría adopcionista, que señala que Jesús era simplemente un hombre, un ser humano común, convertido en el hijo de Dios al ser poseído por el espíritu divino. Según Velasco, entonces, Cristo no era hijo natural de Dios, sino una especie de hijo adoptivo.

"La última tentación de Cristo", circuló en viejas y revenidas copias, en esa clandestinidad tan chilena, con su sabor nostálgico por supuesto, dejó de los tiempos de Dictadura que, entre el libro fotocopiado a lo estudiantil y el casete guateado de Silvio Rodríguez, nos hacían más intensos los mensajes. Ahora sí, podemos ir tranquilos(as) al Cine (*) y valorar en su mayor expresión una película que sólo debe calificarse en tanto obra de arte, sin las obviedades de los grupos integristas católicos, ni las ingenuidades de un sistema de calificación in-ca-li-fi-ca-ble.

Judas le pregunta a Jesús.

- Si tú debieras traicionar a tu maestro, ¿lo harías?

Jesús permaneció largo tiempo pensativo. Al fin dijo: - No, me temo que no. No podría hacerlo. Por eso, Dios me confió la misión más fácil: la de hacerme sacrificar.

Fragmento de "La última tentación de Cristo" de Nikos Kazantzakis

De la película no diré mucho, me pareció completamente cristiana, con una espectacular actuación de Wilhem Dafoe, una excelente muestra de buen cine y una notable reivindicación del papel de Judas para cumplir la misión que Dios le encomendó: traicionar a Cristo. La última tentación del demonio, leída como lo que hubiese vivido Cristo de no haber acabado en la cruz, se expresa en un Cristo hombre, con hijos, esposa y una vida común muy sobria y exenta de provocación.

Quizás en la brutal ingenuidad de la censura primaron las dudas de Jesús por la misión encomendada por Dios para expiar los pecados de la humanidad, además de las enjundiosas escenas del Nazareno con María Magdalena, en coito permanente y con ángel al lado (el diablo). Todas ellas expresiones de una tentación tan mundana que cuesta pensarlas como demoníacas. Incluso, el mismo Scorsese manifestó en algún momento que siempre ha sido cristiano, concluyendo que la película no debería ofender a nadie. Sólo basta decir que por fin los(as) chilenos(as) podrán ver una película que apela a una tentación tan cercana como existente: ser humanos, falibles y con deseos.

* Por último, hay que destacar la firme decisión de parte de Roser Fort y su equipo del Cine Arte Alameda por exhibir la película, cuyo feliz resultado ha sido posible gracias a la sistemática perseverancia de los abogados Claudio Márquez y Alex Muñoz.


El Periodista S.A. Derechos Reservados
Presidente del Directorio: Eugenio González Astudillo - Director: Francisco Martorell - Editora General: Francisca Celedón
Dirección: Sótero del Río 541, oficina 519 Santiago de Chile.
Teléfono: (56 2)662 14 51-662 14 59 Fax: (52 2) 696 88 52.
director@elperiodista.cl