Año 2 Número 33, Lunes 31 de marzo 2003

Marcelo Sánchez, dramaturgo

"No hacen falta obras nuevas, hacen falta oídos mejores"

A pesar de haber escrito más de once obras de teatro como "Extramuros", "Piratas" o "Puro Chile"; de haber ganado en dos oportunidades el Fondart y la Muestra de Dramaturgia Nacional; de estrenar sus obras en festivales iberoamericanos y del Mercosur, pocos reconocen a Marcelo Sánchez como dramaturgo chileno. ¿Qué pasa entonces, por qué la brecha entre el público y los autores emergentes?

"Yo pienso -dice Sánchez- que no hacen falta obras nuevas, sino que oídos mejores; falta que las voces artísticas nuevas lleguen a la gente y ahora la única manera de llegar es comprando una franquicia de una obra en Buenos Aires o Nueva York y vestirla con figuras de la televisión, hacer un teatro absolutamente digerible. Es legítimo y necesario que exista, pero no puede ser sólo eso. La cultura chilena, nunca, nunca va a progresar por hacer la versión nº 500 de "monólogos de la vagina" ni de "Art". En ese sentido la cultura teatral chilena ha ido decayendo".


Además de esta apuesta que están realizando hoy en día muchas compañías de teatro también se peca de ignorar a los autores nuevos, "estamos centrados en unos tres o cuatro nombres y de ahí los medios de comunicación han ido ignorando el resto de la producción chilena; hay una brecha muy grande que como autor, me preocupa. Estamos totalmente ignorados. Escasamente los medios se preocupan de nuestros estrenos o de nuestro trabajo" afirma.

1. Los poderes de hecho

Actor y escritor, Marcelo Sánchez (37) se inició en la aventura literaria a los 28 años tras haber estudiado historia y teatro en la Universidad Católica y, una vez egresado, participar en un taller de dramaturgia, que le cambiaría el curso de su carrera. En efecto, el año 1994 en la Primera Muestra de Dramaturgia Nacional queda seleccionado entre los connotados escritores de teatro como Marco Antonio de la Parra y Benjamín Galemiri, con su ópera prima "Signos vitales", donde retrata la historia entre él y su padre. "Éramos dos o tres autores que no pertenecíamos al grupo de los consagrados -cuenta- y fue una primera experiencia muy ingenua de mi parte, porque la obra era testimonial en muchos sentidos y abrí cosas mías al elenco e incluso permití que Ramón Griffero, el director, interviniera la obra dirigiéndola hacia el humor y lo grotesco, que no me parecía mal, pero me enfrentaba con una obra que había escrito en la intimidad, con vergüenza, con timidez y de pronto tenía que asumir que la vieran de un paraguazo 1500 personas, y que se rieran y la comentaran".

Dos años después presentaría la obra en Valparaíso, pero esta vez en su versión completa y bajo la dirección de Carlos Genovese.

Tras el impulso de Signos Vitales, Marcelo Sánchez decidió participar nuevamente en la Muestra de Dramaturgia y quedó seleccionado con "Antes del mar", una obra generacional sobre la frustración ante el proceso democrático chileno. Pero el escenario ya no era el mismo, si bien el autor reafirmaba que la literatura era su camino, el medio no permitía salir del anonimato. "Tuve menos facilidades de elegir director y reparto; ya en ese minuto la Muestra empezó a tener cierto carácter político, en el sentido que ya se veía una reiteración en algunos nombres y los mayores recursos económicos y artísticos se iban hacia un grupo determinado de autores. Rápidamente, la Muestra empezó a ser capitalizada por un grupo de gente como Andrés Pérez, de la Parra, Griffero, Alfredo Castro, por ejemplo", explica.

A su entender esta realidad se debe a lo que él llama "los poderes de hecho". "Es que, obviamente, que se retire de la Muestra Juan Radrigán, es mucho más significativo a que me retire yo o Benito Escobar, que es de mi generación. Además, te enfrentabas con autores que venían con los directores o con los equipos armadas o con un cierto peso específico", explica.

Pero Sánchez intuía que el ciclo que le tocaba vivir a su generación no era la más óptima para los emergentes, sin embargo, no desistió, pudiendo contar, dentro de su trayectoria con una de sus obras estrenadas en París por una compañía de teatro latinoamericano o con obras presentadas en muestras del Mercosur o Iberoamérica.

"Creo que a los autores de mi generación nos ha tocado integrarnos a un ciclo muy difícil, porque el país está sumido en una cultura de la imagen, donde lo que prima es tener un rostro y que ese rostro circule en los medios de comunicación, y no hay mucha preocupación por los contenidos y obviamente, yo como autores, estamos alejados de la industria editorial, de la imagen en la televisión, estamos alejados de los circuitos de mercado. Somos una especie de raza en extinción". Pero este grupo, según sus propios conceptos tiene una propuesta, una garra, una frescura: "Es una generación nueva que trae libertad en lo formal e indagación en temáticas que superan el horizonte meramente político. Nos estamos metiendo en los recovecos de las cosas y pienso que tenemos mucho que decir y estamos en condiciones de poner al día la dramaturgia con la gente".

Por lo mismo, le chocan opiniones como la de Juan Radrigán cuando afirma que en Chile no hay dramaturgia "es una opinión bastante dura -dice- y, sin embargo, tenemos cuatro versiones del formato de teatro breve, varias versiones de la Muestra, donde aparecen autores nuevos y hay gente que está estrenando obras originales buenas".

Pero también reconoce que existe una brecha entre el autor y las compañías, donde el medio tiene prejuicios sobre los autores chilenos. "Los grupos de teatro están muy soberbios -indica-, tienen miedo de estrenar un autor chileno, que no esté en la televisión o que no tenga acceso a los medios. Son como los efectos colaterales de esta sociedad del espectáculo, mientras haya espectáculo se puede mover publicitaria y socialmente un producto" y se pregunta, " ¿Qué espectáculo da la gente que escribe todos los días en su casa de 6 a 10 de la noche? Pertenezco a una generación que está lejana a todo esto". Actualmente, Marcelo Sánchez está sumergido en un "apasionante" trabajo sobre la creatividad junto con la compañía de teatro la Batería. Hasta ahora el proyecto se llama "Klee", porque su protagonista es el pintor suizo de los peces dorados. Si bien Sánchez llegó a la compañía para apoyar el texto de la obra, finalmente se incorporó también como actor y la obra se transformó en una obra colectiva, con la cual el año pasado ya ganaron un Fondart y esperan estrenar en junio próximo.

"Lo interesante es que se toca el gran tema de la creación, teniendo como protagonista a Paul Klee, desde la óptica de un grupo de chilenos, que es de un país subdesarrollado que enfrenta dificultades materiales y culturales. La gran paradoja de esta obra es cómo se acerca un pintor suizo, abstracto, de periodo entreguerras, con un grupo de teatro chileno y cómo ambos se pueden encontrar, converger. Ese es el viaje que la obra va a presentar", cuenta antes de ir al ensayo del proyecto Klee, dirigido por Hernán Lacalle.


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