Año 2 Número 33, Lunes 31 de marzo 2003

Guerra EEUU-Irak: armas radiológicas utilizadas contra Irak

Un crimen de guerra

El Pentágono confirmó que en su ataque contra Irak empleará munición con uranio empobrecido. Diez días antes de iniciar los ataques fueron preparadas balas cuyas puntas contienen un elemento que los profesionales denominan DU (depleted uranium), este material, uranio 238, es un derivado del proceso de enriquecimiento del uranio natural.

Existe una avalancha de denuncias sobre los daños causados por el DU que van desde malformaciones en fetos al desarrollo de diversos tipos de cáncer. Las acusaciones fueron desechadas con un lenguaje franco y directo -un eufemismo para designar una brutalidad que linda en la grosería- por el Coronel James Naughton, del US Army Materiel Commnand, que declaró justo antes del inicio del ataque: "Ellos quieren que lo dejemos de usar (el DU) porque les hemos sacado la mierda (crap)".

Los militares norteamericanos dicen que sus balas con puntas de DU penetraban sin problemas en los blindados iraquíes en la guerra de 1991. En cambio las balas convencionales iraquíes no mellaban a los tanques norteamericanos que incorporan DU en su blindaje. Este material es empleado en el campo civil y el militar pues tiene una densidad 1,7 superior a la del plomo y es más eficaz que el tungsteno. Y además es gratis, en su calidad de residuo de la industria nuclear. Su principal empleo es en munición pues perfora hasta los blindajes más resistentes. Ni siquiera se salvan los refugios subterráneos, pues el uranio empobrecido permite perforar bloques de concreto de tres metros de espesor.


En la guerra del Golfo, en 1991, se descargaron unas 320 toneladas de ese elemento. El grueso del material se hallaba en las balas empleadas por los aviones caza-tanques estadounidenses A-10 Warthog, y también en las balas de los tanques Abrams. La munición que contiene DU impacta el blanco a gran temperatura, generando un aerosol de óxido de uranio que permanece en suspensión y que los vientos derivan a decenas de kilómetros. Al respirarlo se instala en los pulmones, de donde pasa a la sangre y tiende a alojarse en los riñones. Exhibe una doble toxicidad: una, química, por su condición de metal pesado como el plomo, y la segunda radiológica, en tanto material radioactivo.

El profesor Selma Al-Tah, pediatra de Bagdad, dice haber establecido una correlación entre el DU y malformaciones de nacimiento y leucemias recientes. La Organización Mundial de la Salud investiga desde 1998 la situación. En Londres la doctora iraquí Mona Kammas mostró fotos de criaturas nacidas sin pies o con cabezas y otras partes del cuerpo deformes. Son los efectos del DU, declaró en una conferencia. Dijo que Irak padeció "el primer empleo en la historia humana de armas radiológicas". La profesional agregó que en la región de Basora, en el sur del país y una vez más en el centro de los combates, se han duplicado los casos de cáncer a la tiroides, y los niveles de radioactividad se han decuplicado.

"Hoy el dedo acusador apunta al DU. El Departamento para Asuntos de Veteranos realizó un estudio en Mississippi entre 251 familias de veteranos. Después de la guerra un 68 por ciento de ellos engendraron niños con serias malformaciones. También se detectó el aumento de pacientes de cáncer entre los veteranos"

Desde entonces se especula sobre las causas de lo que se ha llamado el "síndrome del Golfo". El fenómeno es objeto de variados estudios. Una comisión del Senado de Estados Unidos se conmovió cuando las lágrimas rodaron incontenibles por las mejillas del teniente coronel Neil Tetzlaff. El oficial de la fuerza aérea fue asignado a Arabia Saudí poco antes del estallido de la guerra, en 1991. Apenas estuvo una decena de días y la mayoría los pasó en un hospital con desmayos y vómitos. Antes un hombre atlético, Tetzlaff se había convertido en una persona frágil, desmemoriada e incapaz de una fuerza mayor. Tetzlaff testimonió ante el Senado porque otros veinte mil uniformados norteamericanos padecen de síntomas similares.

En un comienzo los hospitales descartaron las quejas. La respuesta burocrática estándar fue que padecían de "estrés postraumático". En la profesión médica es común atribuir al estrés todo aquello que no tiene una explicación fisiológica. Y lo cierto es que existe un fenómeno denominado "fatiga de combate", que se origina en el miedo constante a morir o resultar herido. Sus síntomas son dolores de cabeza, mareos, diarreas y una gran fatiga. Pero los casos de combatientes del Golfo que presentaban el cuadro eran demasiados. Además, aportaban otros síntomas, como caída de cabello, dolores de ligamentos, problemas dermatológicos como enronchamientos y dificultad para dormir. Las primeras sospechas apuntaron a Saddam Hussein y sus armas biológicas y químicas. Era posible que los enfermos hubiesen sido afectados por alguna de ellas. El asunto fue investigado y archivado, pues no se obtuvo evidencia en este sentido. Después se especuló que pudieron ser los incendios de los pozos petroleros y los gases tóxicos que despedían.

También esta vía de investigación fue descartada, y entonces se culpó a la piridostigmina bromurada, un medicamento empleado para minimizar los efectos de ciertos gases nerviosos. Aproximadamente 400 mil uniformados estadounidenses ingirieron cápsulas de este producto. Se propuso que algunos hombres, como Tetzlaff, habían experimentado una reacción adversa inmediata. En otros casos, los síntomas tardaron en manifestarse y lo hicieron en forma más débil.

Hoy, sin embargo, el dedo acusador apunta al DU. El Departamento para Asuntos de Veteranos realizó un estudio en Mississippi entre 251 familias de veteranos. Después de la guerra un 68 por ciento de ellos engendraron niños con serias malformaciones. También se detectó el aumento de pacientes de cáncer entre los veteranos en una escala similar a los iraquíes que no consumieron el fármaco cuestionado.

Más tarde la atención viró a Yugoslavia para observar los posibles efectos del DU. El mayor general Chuck Wald, uno de los voceros del Pentágono, admitió que la fuerza aérea empleó contra Serbia municiones que contenían DU. Y la Facultad de Ciencias Naturales de Skopje, Macedonia, ha detectado niveles de radioactividad tres veces superiores a los normales. Asimismo, el Departamento de Medicina y Radiología Nuclear de la Universidad de Georgetown, detectó niveles cien veces superiores a los normales en un soldado procedente de Kosovo. Otros seis soldados mostraron síntomas de intoxicación pese a haber estado a una veintena de kilómetros del frente.

La OTAN, aunque no lo reconoció, tenía claro los peligros del DU. El ministro de Defensa británico George Robertson, ascendido después de la guerra a Secretario General de la OTAN, declaró ante el Parlamento en Londres que todos los soldados recibieron equipos de protección NBC (nuclear, biológica y química), y el kit incluía máscaras y guantes que debían usarse en la proximidad de blancos alcanzados por munición que contuviera DU. Washington mantiene su postura que las acusaciones carecen de fundamento. El doctor Michael Kirpatrick, del Directorio de Apoyo Sanitario de Despliegue del Pentágono, invoca un estudio realizado con 90 veteranos de la guerra del Golfo. Todos los individuos analizados estuvieron próximos al estallido de munición que contenía DU pero ninguno mostró señales de enfermedad.

Aquí cabe aplicar, por lo menos, lo que los ecologistas, con gran sentido común, llaman el "principio precautorio". Quien debe demostrar la inocuidad de un elemento es quien lo utiliza y no a posteriori la víctima que padece los efectos. En Naciones Unidos se ha discutido la prohibición del empleo bélico de uranio empobrecido por lo menos hasta que se pueda evaluar con precisión su efecto sobre las personas y el medio ambiente. Pero los generales estadounidenses no quieren renunciar a las ventajas bélicas que les otorga. En forma regular ingresan a los arsenales armas cuya peligrosidad fuera del campo de batalla suscitan alarma. Pero el debate humanitario y diplomático es más lento que el trabajo de los laboratorios, y los militares siempre estarán ansiosos por disponer del mayor poder destructivo.


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