Alvaro García fue uno de los hombres fuertes que acompañó al Presidente Lagos, desde su cargo como ministro Secretario General de la Presidencia, el que dejó a principios de 2002. Después de haber trabajado durante diez años en el servicio público, a poco andar fue conquistado por la empresa privada y hoy día se ha visto involucrado en uno de los escándalos financieros que acosa al Gobierno: Inverlink-Banco Central-Corfo.
¿Quién es este hombre que llegó a ser uno de las personas más cercanas al entorno de Lagos?
Partamos por orden. Alvaro García estudió en el colegio Saint George, lo que le permitió mejorar su "capital social", con vínculos personales y familiares que lo ayudarían, más adelante, a ampliar sus oportunidades como profesional. Además, el aprender inglés desde pequeño le facilitaría también la realización de un post grado en la Universidad de California. A su regreso a Chile en los ochenta, en la época más dura de la dictadura de Pinochet, de política no hace ni dice mucho, y de lucha, más bien nada. Su pasión era otra: vida sana, yoga (la que práctica cada mañana) y un grupo semireligioso. Fue así, que junto a su primera mujer instaló el restaurante El Huerto, en Providencia, que muy pronto se convirtió en el centro de comida vegetariana, de escasa ingesta y alto costo. Sin embargo, sus intereses empezaron a derivar hacia otros rumbos.
Sus buenas relaciones y algún mérito profesional lo llevaron a trabajar a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), una nueva oportunidad de ampliar su círculo social y, en este caso, político. Esto le permitió conocer a muchos funcionarios gubernamentales de la Concertación, entre ellos, el Presidente Lagos. Se desconoce si a partir de ese momento García se ganó el aprecio de éste. Según dicen algunos cercanos a él, gracias a los vínculos de su padre con la decé, pudo alcanzar los cargos de subsecretario de Planificación, con Aylwin, y de ministro de Economía con Frei. Algunos mal pensados dicen que fue perseverante en conseguir que la Oficina de Planificación de la Presidencia (Odeplan) se convirtiera legalmente en Ministerio (Mideplan), con el claro propósito de que le fuese otorgado el rango de Subsecretario.
Sobre la familia de García se ha hablado mucho, más que nada debido a su progenitor, Alvaro García, porque el PPD es hijo del democratacristiano que se vio involucrado en la caso de las indemnizaciones de altos ejecutivos de las empresas públicas, mientras ostentaba la presidencia de Enap y que decidió no devolver las platas, hecho que lo afectó políticamente ante la opinión pública, aunque no a nivel gubernamental.
Durante el gobierno de Eduardo Frei, Alvaro García asumió la cartera de Economía, y según un ex funcionario público, fue entonces cuando cultivó sus relaciones con Ricardo Lagos. Las malas lenguas aseguran que, junto con arrimarse bien al más estrecho círculo gubernamental, supo trabajar para el futuro. Con frecuencia, y siempre después de las reuniones de gabinete, se le veía caminando con el ministro Lagos desde La Moneda hasta el despacho de éste. "No consta que le llevara el maletín, pero sí es seguro que le llevaba el amén. Sus caminatas le dieron buenos resultados", asegura nuestra fuente.
Cuando el Presidente Lagos asumió, en marzo de 2000, Alvaro García alcanza el cargo más importante al que hasta ese entonces había tenido acceso, ministro Secretario General de la Presidencia. Nuevamente, aquí aparecen los rumores: algunos insinúan que también lo ayudó el tener especiales relaciones con alguna prensa establecida a favor de la cual fluía información delicada a cambio de un buen trato y mejores fotografías.
Su trabajo con Lagos se vio perjudicada por dos motivos: sus entreveros con el ministro del Interior, José Miguel Insulza y la poca de influencia entre los parlamentarios. "Fue un mal Ministro de Lagos…Lo hizo mejor en Economía, con Frei", es la opinión generalizada de sus correlegionarios.
La vida se le complicó al economista, cuando estalló el caso de las indemnizaciones, y no sólo por su progenitor, sino que siendo aún parte del gabinete, comete uno de sus grandes errores: constituir una sociedad de inversiones con su padre y hermano, la que apareció en el Diario Oficial. Ante esto nadie dijo nada, ni siquiera hubo una aclaración gubernamental.
Al fin, después de permanecer por más de una década en los gobiernos de la Concertación, el dos veces ex ministro y ex subsecretario, es seducido por Eduardo Monasterio y Enzo Bertinelli, quienes lo incorporan como consultor a Inverlink. Lo mismo sucede con Julio Bustamente, ex Superintendente de AFP. Los ejecutivos del holding, que hasta entonces era la más exitosa en años de crisis, estaban felices con su nueva adquisición y al poco tiempo lo invitaron a ser parte de la sociedad con un 2 por ciento.
Cuando estalló el escándalo Banco Central-Inverlink, en febrero, el senador socialista Carlos Ominami, declaró que la presencia de García en Inverlink era pura casualidad. Pero, para cualquier analista no comprometido con las desventuras del Gobierno ni con las pasiones de poder, Monasterio y Bertinelli seleccionaron con pinzas al ex ministro, de manera tal que pudieran utilizar sus contactos públicos e información privilegiada a favor del conglomerado financiero. También es sabido que la figura del pepedé podía ayudar a estrechar vínculos entre la empresa y el Gobierno, pese a que los dos socios mayoritarios, Monasterio y Wolf, son cercanos al partido de derecha, UDI.
Mientras estudiaba Economía en la Universidad Católica, García se hizo militante Mapu, y según otro ex funcionario público, no podía ser de otra manera, ya que "al igual que Oscar Guillermo Garretón, Eugenio Tironi, José Joaquín Brunner y Enrique Correa, su destino inevitable era vincularse a los negocios, luego de haber realizado una fructífera actividad en el sector público".
Hace menos de una semana, el economista de la Católica fue requerido por el titular del 2º Juzgado del Crimen, Patricio Villarroel. Tuvo que declarar por su presunta responsabilidad en el robo de los documentos financieros a la Corfo, en el que se encuentra involucrado directamente el ex funcionario de la Institución, Javier Moya. El involucramiento de García quedó de manifiesto con la denuncia del alcalde de Viña del Mar, doctor Jorge Kaplán, quien lo denunció de haberlo incitado a postergar la liquidación de mil 500 millones de pesos en documentos financieros de Inverlink. Posteriormente, la misma Municipalidad se querelló contra el ex personero de Gobierno por los presuntos delitos de falsificación de instrumento público, asociación ilícita y fraude al Fisco.
Inmediatamente después que sale de la función pública, el ex ministro se compromete en negocios con Monasterio, sobre el cual todo el mundo empresarial en Chile conocía sus operaciones oscuras. Resulta imposible creer, a lo ojos de la opinión pública, que García después de tantos años de trabajar para el Gobierno -y en contacto estrecho con el mundo empresarial-, desconociera las actividades turbias del jefe de Inverlink, tal como él ha afirmado a los medios de comunicación. Pareciera que después de satisfacer su pasión por el poder quiso saciar su pasión por el dinero. Medita Alvaro, medita.
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