Año 2 N.34, abril 14, 2003
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Andrés Aylwin, abogado, ex diputado y democratacristiano
Simplemente Andrés (y lo que vió)
(Por Francisca Celedón B.)“Sobre la dictadura de Pinochet se ha escrito mucho, pero faltan testimonios de las vivencias o situaciones de la cotidianidad que reflejen cómo los crímenes y abusos influyeron en la vida de las personas, ya se trate de un político, actor social, religioso o de un simple vecino”. Andrés Aylwin A., “Simplemente lo que vi. (1973-1990)"


De las vivencias, el dolor, el sufrimiento y las víctimas habla el abogado Andrés Aylwin, en su libro "Simplemente lo que vi. (1973-1990). Y los imperativos que surgen del dolor". El ex diputado, que ha dedicado gran parte de su tiempo en apoyar a las personas afectadas por las violaciones a los derechos humanos, es una voz legítima para contar cómo la dictadura afectó la integridad de la vida de todos los chilenos, como él afirma en su prólogo. "Lo que hago es relatar lo que vi que sucedía durante la dictadura en lugares que eran cercanos para mí, que estaban cerca de la casa de infancia, los lugares donde había estudiado, donde había sido parlamentario. En gran parte, gente que conocía y que atendí profesionalmente. Lo que he hecho en este libro es contar lo que sucedió con esas personas durante el golpe, mezclando esto con el contexto en que se vivía, los grandes sindicatos de donde pertenecían, las empresas en que trabajaban, las cooperativas de las cuales eran socios o integrantes. Al mismo tiempo, además de relatar el crimen y el abuso del que sufrieron ellos, después también he seguido a esas personas para ver qué fue de ellas tras el término de la dictadura".

¿Su libro es autobiográfico o está relatado como una novela histórica?

No, es un libro de vivencias, son las cosas que vi. Pero, lógicamente, que si vi esas cosas era porque pertenecía a un sector, porque he sido parlamentario, porque había estudiado en el liceo, porque hice el servicio militar en la escuela de infantería de San Bernardo. Entonces, es bien difícil separar lo que uno vio de lo que es la historia personal.

Usted repasó 17 años de la historia. ¿Cuánto de lo que hoy vivimos como sociedad -corrupción, coimas-, son consecuencia de lo anterior y cuánto es consecuencia del período democrático?

Una de las cosas que procuro desarrollar en el libro, junto con las grandes violaciones a los DDHH, relacionadas con la vida, la libertad, lo que fue la tortura y el desaparecimiento de personas, es un paralelo entre todo eso y lo que fue una política sistemática de destrucción de las organizaciones que agrupaban al pueblo; y del enriquecimiento de los sectores de la derecha, que fueron -en el fondo- los grandes usufructuarios y los ideólogos de la dictadura. Claramente, hoy día la democracia está en gran parte administrando un sistema que se impuso sobre la base del terror. No puedo decir que todo lo malo que existe hoy sea culpa de ese régimen. También, indudablemente, existe responsabilidades por parte de los que hemos gobernado durante estos años y, a lo mejor, en muchos aspectos nos ha faltado lucidez, más coraje, decisión, una posición más dura con todas las actitudes de corrupción. En todo caso, si pienso en las cosas malas que están sucediendo, diría que en un 70 a 80 por ciento son culpa de un sistema de derecha del tener sobre el ser. La persona individual y egoísta sobre la comunidad. La dictadura mató todas las expresiones comunitarias y mató ese gran sentido de solidaridad que existía antes del golpe militar.

¿Pensó que la Concertación iba a ser cuestionada desde el punto de vista moral?

No, no lo pensé nunca. Ahora, soy de los que creo que cuando hay situaciones de dolor tan grande como las que hubo en Chile del sufrimiento del pueblo, existe una obligación por parte de los líderes durante un período de transición de ser los más honestos, transparentes, de ser los más luchadores, los más consecuentes, y en tal sentido, considero repudiable todas las expresiones de corrupción que existen. Aclaro sí, que vivimos en un mundo donde los medios de comunicación de derecha lo controlan todo y no me cabe la menor duda que ellos amplifican enormemente la corrupción que efectivamente existe. Hay una política sistemática de esos medios que colaboraron con la dictadura y se convirtieron en las únicas expresiones de comunicación masiva de la época, y hoy también están en una campaña sistemática de desprestigio.

¿Qué pasó durante estos años de gobierno de la Concertación que se permitió la entrada a la deshonestidad y la corrupción?

Es difícil dar una respuesta única. Pero claramente los 17 años de dictadura cambiaron los valores tradicionales de la sociedad chilena, en forma mucho mayor de lo que uno se imaginaba. Hasta el golpe militar ser solidario era muy importante; ser modesto, sencillo, generoso, consecuente eran valores muy apreciados por la sociedad, pero los 17 años hicieron que estos valores, prácticamente, dejaran de tener consideración social; y creo que eso ha influido mucho. Insisto en que los grandes dolores que vivió la gente, imponían conductas ejemplares por parte de los que les correspondió gobernar después de la dictadura y esa conducta ejemplar no ha existido en algunas personas y es pésimo que no haya existido y lo encuentro gravísimo, condenable. La gente sufrió mucho en Chile y mi libro es un conjunto de vivencias sobre los profundos dolores de la gente. Todas esas personas que sufrieron tanto se merecían que los líderes post dictadura fueran los más generosos, altruistas, valientes, lucidos, consecuentes y en ese sentido una mayoría lo fue, pero hubo muchos que no lo fueron y eso hizo mucho mal a los gobiernos de la transición.


¿Cuán alejado se siente usted de la Concertación?

Me siento muy cerca de la Concertación, porque creo que los valores profundos que la inspiraron siguen teniendo validez. Podría pasar algo parecido a uno como católico, uno puede repudiar que hayan pasado ciertas cosas, pero eso no hace que deje de ser cristiano. Me siento profundamente comprometido con la Concertación y con el gobierno de Ricardo Lagos.

¿Qué futuro le ve a la Concertación?

Veo que si hacemos un análisis profundo, echamos a los malos, nos preocupamos que nuevas generaciones vengan con una mentalidad diferente y asuman mayores responsabilidades. Si nos hacemos una autocrítica seria y honesta, analizamos seriamente hasta qué punto hemos sido consecuentes con el mandato que surge de la historia, creo que la Concertación debería revitalizarse y debe seguir siendo una gran alternativa. Más aún, veo tristemente que como es la única alternativa que existe para que no triunfe la derecha, -lo que sería la peor desgracia para Chile y el peor insulto para los que le fueron violados sus DDHH-, es un imperativo ético de la gente de la Concertación hacer los máximos esfuerzos de generosidad y de análisis critico de todo lo que ha pasado.

¿Qué problema ve para que esto no pueda llegar a suceder?

Veo que hay muchas dificultades. No va a ser fácil. Pero sostengo que es una obligación hacerlo. Chile no se puede dar el lujo de permitir que los mismos que causaron tanto daño a nuestro pueblo, que cometieron tantos crímenes, que bajo el terror construyeron a su medida grandes poderes financieros vuelvan al poder. Creo que eso sería la peor desgracia para Chile.

Usted es una figura moral que se retiró de la política, ¿vio algo que no le gustó?

Tengo 77 años, estaba cansado, muchas veces priorice demasiado la política sobre mi familia y llegó el momento que tenía que pasar a segundo o tercer plano, es lo que he hecho. Además, me concentré bastante en este libro que lo entendía también como un imperativo, una obligación que tenía, porque soy testigo de muchas cosas que sucedieron en este país. Mi padre era presidente de la Corte Suprema, entonces conocía mucho el mundo judicial, vi la triste reacción de los jueces durante la dictadura.

Tocando el tema judicial. ¿Qué le parece los avances que ha habido en los temas de DDHH?

Muy importantes. Nosotros durante 17 años no tuvimos poder judicial, sólo fue una oficina más del gobierno, que tapaba los crímenes y que no hacía absolutamente nada para investigar las situaciones. Ahora hay un poder judicial que por suerte está cumpliendo con su obligación, bastante tardíamente, pero lo está haciendo.

¿Cree que debió hacerse lo mismo, más allá de los impedimentos legales, respecto al tema de las privatizaciones durante la dictadura?

Creo que el escándalo moral más grande de la historia de Chile, que personas ligadas al gobierno militar, concretamente el gremialismo, se hayan apoderado de todas las empresas del Estado a precio mínimo, que hayan engañado a los trabajadores con un capitalismo popular, que después hayan vendido estas empresas a capitales extranjeros, haciendo nuevos negocios. Eso es un gran escándalo moral que desgraciadamente no se canalizó adecuadamente apenas triunfó la Concertación. No sabría contestar el por qué no lo hicieron, pero creo que es muy importante en algunos aspectos cuando ya no opera la justicia, incluso porque ha pasado el tiempo para que lo haga, que los seres humanos hagamos justicia.

Podemos decir qué la relación entre política y dinero es perversa.

Muy perversa.

¿Y es la misma relación que estamos viviendo ahora?

En gran parte estamos viviendo eso. Y por eso hay que hacer un gran esfuerzo de orden moral para rescatar las utopías que antes hicieron que este país tuviera muchas cosas malas, pero al mismo tiempo tuviera miles de cosas muy buenas, importantes, hermosas, y que se basaban en la prevalencia de los proyectos sociales, comunitarios sobre los personales. La prevalencia del ser sobre el tener, la lucha por los grandes valores espirituales, solidarios por sobre los pequeños intereses personales.

¿Cómo ve a la DC actual y a la presidencia de Adolfo Zaldívar, se siente interpretado por él?

Bueno, tengo que hacer un esfuerzo para ver a la Democracia Cristiana lo mejor posible. La veo que está en una situación complicada, difícil, pero vuelvo a lo mismo que dije sobre la Concertación, creo que los valores profundos que inspiraron la creación de la Falange y después de la DC, son valores que tienen plena vigencia hoy día. Y si algunas personas o grupos han dejado de ser consecuentes con esos valores, no por eso yo dejo de creer profundamente en los valores de la decé y en la posibilidad cierta que sea una alternativa para hoy y para mañana.

No quiero eludir la pregunta sobre el presidente del partido, creo que ha hecho hartas cosas para perfilar al partido y creo que eso es importante, pero creo que es indispensable que tanto la DC como la Concertación entiendan que lo más importante es el conjunto: la Concertación sobre los partidos. Cualquiera de estos partidos mientras más concertacionistas sean, mientras más leales sean con el Gobierno y con los ideales profundos que inspiraron a la Concertación, va a tener más éxito.


Mucho se dice que la DC de ahora no se parece en nada a la de los 60 e, incluso, que los dirigentes actuales no tienen los mismos valores, ¿Está de acuerdo con esta visión?

Me mete en un problema. Quiero mucho a la DC, porque creo que los partidos son fundamentalmente grupos humanos y cultura. Creo que la cultura decé, ese democratacristiano de San Bernardo, de Paine, de Rancagua, o cualquier ciudad de Chile, sigue viva y fuerte. Si veo que, desgraciadamente, en términos generales esa cultura no tiene hoy día los líderes que se merecerían. Esto tiene relación con muchas cosas, entre otras, porque en la dictadura se formó la idea de que la política era una actividad bastarda y hasta hoy sucede que muchos de los mejores no se interesan por la política, entonces ésta a veces entrega a personas que no son las más indicadas.

Soy una persona que está muy cercana a la izquierda e incluso me han preguntado porqué sigo siendo DC, y les digo ‘sigo siendo decé porque los partidos son fundamentalmente la gente y ese falangista antiguo y nuevo todavía se encuentra en las bases’.

¿Por qué escribió "Simplemente lo que vi"?

Era una necesidad vital, cuando en los años 73-82, nos encontrábamos los abogados vinculados a las causas de los DDHH y veíamos todas las desgracias que sucedían en nuestro país: la tortura, desaparecimientos de personas, destrucción de los valores, de las cooperativas, la complicidad de las derecha, de los medios de comunicación, la absoluta ineficacia y complicidad del poder judicial, siempre pensábamos que si algún día estábamos vivos y, yo siempre lo decía, vamos a escribir sobre el sufrimiento del pueblo chileno. Hubo mucha gente que sufrió, entonces sentíamos una necesidad de escribir sobre eso de lo cual éramos testigos privilegiados. Y un día uno ve que todo se tergiversa y después ve que la gente que tuvo metida su alma, su mano y estómago en la dictadura, hoy día se desvinculan de ella. Por eso el imperativo de escribir se convirtió en una necesidad.

¿Cuánto le costó escribir?

Siempre tuve una ilusión y empecé a escribir una novela histórica, porque me permitía contar todo lo que había visto y teniendo más libertad en la creación de los personajes, sin necesidad de recurrir a nombres concretos. Traté de empezar, pero me di cuenta que para eso hay que ser novelista, escritor y yo no lo era. En definitiva terminó esto, que es un simple relato de un conjunto de vivencias de las cuales surge nítido el dolor profundo que vi en la sociedad chilena durante los años que me tocó luchar por los DDHH.

¿Alguna vez lloró?

Sí. Soy llorón. Lloré porque me tocó ver cosas muy dramáticas y es más… Las cosas más dramáticas no las cuento, porque no puedo hacerlo, son cosas muy íntimas. Me han salido lágrimas por la generosidad de la gente.

¿Por eso hace política?

Uno hace política porque quiere construir un mundo más justo y si lo hace por un problema de poder es una prostitución de la política.

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