Año 2 N.34, abril 14, 2003
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Cuba social
La trinchera de ideas
Una serie de iniciativas, desplegadas tras el conflicto con EEUU por el niño Elián González, han sido impulsadas por el gobierno cubano con el fin de mostrar que, basados en la premisa de José Martí, trinchera de ideas, los cambios pueden producirse dentro del propio socialismo.

Tras el episodio de Elián González, aquel llamado "balserito" que naufragó con su madre que trataba de huir de Cuba, el gobierno de Fidel Castro percibió que debía dar una nueva pelea en el terreno de las ideas e inició, en aquella fecha, una "batalla" para enfrentar los problemas que había dejado el periodo especial, el peor momento de la economía cubana y que casi obliga a declarar quebrado el país.

De esa batalla surgieron tres frentes que los cubanos hoy presentan con orgullo. La Escuela Salvador Allende, bastión de la reforma educativa; la Faculta Latinoamericana de Medicina y la formación de trabajadores sociales de barrio, una suerte de copia de la exitosa experiencia del médico familiar pero atendiendo otros problemas, "los del alma" dicen ellos.


Si bien lo de Elián sirvió para que los cubanos recuperaran "las ganas", no quieren admitir que la batalla de las ideas fue pensada como una forma de reencantar a la gente sino que, aseguran se trata de "otra forma de lucha".

Según el director de la Tribuna Antiimperialista, una suerte de escenario callejero construido en el malecón, frente a la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana, las circunstancias externas obligaron a los cubanos a manifestarse en todos los terrenos, no sólo en el barrio o en la casa, sino también en las calles.

"No diría que hubo una perdida de mística, dice, porque la revolución sigue en pie. El período especial no sólo afectó la economía del país. También nos obligó a hacer un replanteo político. No se ha debilitado el camino nuestro. Lo que sí ha ocurrido es que la contrarrevolución, en el extranjero, se ha organizado mejor y ha habido, en los últimos tiempos, una lucha más abierta". Y agrega: "si la revolución se ha mantenido firme durante

40 años es porque hay un apoyo casi total de la población". El "casi", sin duda, deja el espacio abierto a una disidencia que se ha organizado en el último tiempo y que, aprovechándose de una norma constitucional, que permite convocar a un plebiscito con 10 mil firmas, trató de ejercer su derecho a "modificar" el actual sistema cubano.

La respuesta no se hizo esperar: una cincuentena de dirigentes fueron detenidos y, desde el 3 de abril en adelante, procesados en tribunales que estudian penas hasta la cadena perpetua. La época no pudo ser peor. Una semana antes Costa Rica, Uruguay y Perú habían presentado en Ginebra, ante la Comisión de DDHH de la ONU, una nueva moción para que Cuba dejara ingresar a la Isla a una funcionaria que el Alto Comisionado designó el año pasado, para supervisar el tratamiento que tenía el tema en la administración de Fidel Castro.

La medida, como los años anteriores, fue rechazada por Cuba que, a su juicio, no debe ser singularizada y mucho menos, dicen, por una iniciativa impulsada por el gobierno de George W. Bush.

Consultada una autoridad, sobre el límite entre oposición y delito, es decir ir a la cárcel por pensar diferente, los cubanos son enfáticos en señalar que la línea de demarcación es si el disidente recibe o no apoyo de la Oficina de Intereses de EEUU en Cuba. Y aseguran que los detenidos la tuvieron.

A este oscuro panorama, además, se suma el hecho de que cinco cubanos, que hacían seguimientos en EEUU a cubanos anticastristas de Miami, según el gobierno de Castro vinculados a actividades terroristas, fueron detenidos en 1998 y condenados por espionaje hace algunas semanas por un tribunal de Florida. Según La Habana los cinco "estaban trabajando con el gobierno cubano para proteger a su país de las acciones de invasión y terrorismo organizadas, financiadas y emprendidas desde Miami".

A esto, además, se sumó que dos aviones de cabotaje que debían llegar al aeropuerto José Martí de La Habana fueron desviados a Cayo Hueso, en Estados Unidos, piratería aérea que -según los cubanos-, no es condenada por Washington, sino estimulada y protegida. De hecho, los aviones no han sido devueltos a Cuba.

En ese clima, guerra del Golfo mediante, los cubanos toman la frase de Martí y construyen "trincheras de ideas... más que trincheras..."

Sólo tres mil de los seis mil médicos que había antes de la revolución del primero de enero de 1959 permanecieron en la Isla. Hoy, más de 40 años después, los galenos superan los 60 mil y forman parte de un exitoso programa de atención personalizada, el mismo que impresionara al alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, y que se desarrolla en algunos barrios de la capital chilena.

Se trata de facultativos dedicados a un sector que, casa por casa, practican la medicina preventiva. No esperan a los pacientes sino que los visitan en sus hogares y controlan que estén alimentándose bien, tomen sus remedios y se realicen exámenes periódicos. La idea, de una forma u otra, ha dado los resultados esperados y la atención personalizada ha convertido a la medicina cubana en una de las más "saludables" del mundo. Tomando esa experiencia y conscientes de que el llamado "período especial" generó profundas diferencias en la sociedad cubana, incluso marginando a un grupo importante de la población de los beneficios del acceso a la divisa norteamericana o los planes estatales, el gobierno impulsó un programa de formación de trabajadores sociales, los que son capacitados durante un tiempo determinado y que tienen la misión de ir, también casa por casa, conversando con aquellos que se quedaron fuera del sistema.

Son tres escuelas las que capacitan, durante 10 meses, a más de dos mil jóvenes en sicología, derecho, comunicación social, con practicas laborales integradoras, para que luego se desempeñen en su lugar de origen y ayuden a su comunidad. La idea es contar, en el corto plazo, con 48 mil trabajadores sociales que sean capaces de enfrentar los problemas de la juventud, la ancianidad y la familia en general. Según los trabajadores el mayor problema es "la falta de información".

Los Trabajadores Sociales son jóvenes de no más de 20 años que, en poco tiempo y con los incentivos del Estado, lograron ya reinsertar a más de 121 mil personas, entre 16 y 30 años, que habían dejado los estudios y se resistían a trabajar. Los "trabajadores sociales" los convencieron de que debían volver a clases y el Estado les aseguró un sueldo por hacerlo.

La mayoría de las personas que se habían "marginado", según los propios jóvenes que realizan el trabajo social, fue por un problema de "vivienda" y porque no conocían los beneficios que les estaba otorgando el Estado.

"Las mayores dificultades, sobre todo en la ciudad de la Habana, se relacionan con el hacinamiento que, objetivamente, no podemos resolver de forma inmediata, pero existen planes del Consejo Popular y esperamos encontrarle una solución en el corto plazo", señala a El Periodista Angliette, una joven de 23 años que desde hace dos realiza rondas sociales en su barrio.

Interrogados los dirigentes por qué, en el tema de la vivienda, no han mostrado la eficiencia de Salud o Educación, se escudan en los desastres naturales -los tres huracanes que azotaron la isla- que obligaron al Estado a reparar o construir más de 200 mil viviendas en 18 meses.

"Yo creo que todas estas oportunidades que estamos llevando a las comunidades, que son bastante tentadoras y que los jóvenes por regla general no rechazan, permiten que la gran mayoría se integre al curso de superación o consiga un trabajo que, si bien no le satisface todas sus necesidades económicas, al menos encuentra un modo de vida", dice Angliette. Si bien ella asegura que no se ha encontrado con jóvenes que quieran abandonar la Isla dice que cuando alguno se lo explicite tratará de convencerlo de que "este es su país y que existen posibilidades, porque a veces las personas en las comunidades se cierran y creen que no las tienen. Precisamente lo que hace el trabajo social es llevarle las posibilidades y quizá después de dos o tres visitas, no sé, tal vez podamos convencerlo de que aquí pueden encontrar lo que quieren". De persistir en su intención, se explaya Angliette, ellos son "libres de emigrar a donde lo deseen". Otra área de preocupación de los trabajadores sociales son los reclusos.

Consciente, sin embargo, que los problemas no pueden resolverse con charlas, existe una coordinación en el barrio dentro la llamada Comisión de Trabajo Social que lleva los casos más críticos.


Un cambio radical vive la Educación en Cuba. Tras un estudio y plan piloto, en dos escuelas de La Habana, "Yuri Gagarín" y José Martí, el régimen de Castro percibió que la enseñanza media, impartida por profesores especializados, no rendía los frutos necesarios y que los alumnos, tras varios años de estudio, sólo salían con conocimientos básicos. Para qué, entonces, muchos maestros si uno podía hacer la tarea y los estudios superiores daban luego la especialización requerida. A ello se le sumó, por la falta de docentes, que las aulas concentraran un gran número de estudiantes, llegando a los 50 en algunos casos, por lo que la solución era urgente. Mejorar la educación y bajar el número de alumnos a 20 por aula. Para Fidel Castro, el impulsor de la idea, mientras la enseñanza primaria en su país avanzaba hasta situarse ampliamente como la mejor de América Latina, "se mantenían las quejas y los problemas en el nivel secundario, entre otros factores, por las difíciles edades en las que se transita por esos grados y los métodos erróneos de enseñanza empleados".

Así fue como surgió la "Escuela de Formación Emergente de Profesores Salvador Allende", un gran internado que actualmente prepara a cuatro mil 500 jóvenes, de todos los rincones de Cuba, para que en un año se sumen a los casi cuatro mil que egresaron en septiembre de 2002 poniendo en marcha el nuevo sistema.

El recinto formativo, con varias hectáreas, dispone de 145 aulas con capacidad para 30 estudiantes, equipadas con un televisor de 29 pulgadas, un video y una computadora cada una; además, 10 laboratorios de computación con 15 computadoras por laboratorio, instaladas en red; 6 de Ciencias Naturales, dos talleres de Educación Laboral, 5 bibliotecas, 16 locales de profesores, 2 locales de circuitos de televisión, un teatro, un gimnasio y un Centro de Información Pedagógica. En un plazo de cinco años, según estimaciones del propio gobernante cubano, habrá 30 mil nuevos docentes.

Ellos, muchos de los cuales querían estudiar otras carreras, dijeron a El Periodista que estaban allí porque el país los necesitaba para una gran tarea y que, así como en el pasado el llamado fue para llenar las facultades de medicina, ahora Cuba requería profesores. La tarea de seleccionar a los llamados "profesores integrales" recayó en la Unión de Juventudes Comunistas (UJC) quienes debieron buscar voluntarios en el nivel preuniversitario vencido, el peldaño previo a los estudios superiores.

Cada joven, una vez preparado en todas las materias, salvo inglés y Educación Física, tras un año de práctica en las escuelas pilotos de La Habana, vuelve a su lugar de origen para trabajar en la secundaria básica, la que actualmente es cursada por medio millón de cubanos. Junto con impartir clases el joven docente continuará sus estudios superiores. "La escuela Presidente Salvador Allende, verdadera Facultad Pedagógica, será un modelo que dejará profundas huellas en la historia de la educación en nuestro país", sostuvo Fidel Castro.

¿Qué hace que en La Habana, en un ex recinto naval, se reúnan más de seis mil estudiantes de diversos países, incluido EEUU, para estudiar la carrera de medicina? Dos palabras permiten el milagro: gratuidad y calidad. Pero la más importante, sin duda, es la solidaridad. Ya en los 80 Cuba se caracterizaba por ser el país con más alto número de becarios extranjeros. Tal entrega a los países del Tercer Mundo, para muchos, se justificaba por el hecho de que era un país subvencionado por la ex Unión Soviética. Tras la caída del Muro de Berlín, a partir de 1991, sin embargo, muchos de esos planes se mantuvieron y hace algunos años, incluso, se multiplicaron.

Uno de los casos emblemáticos, sin duda, es la fundación de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas. Manolo Guillollo, director de la Misión de Cuba en Nicaragua, expresó que este programa de becas en medicina surgió después de los desastres provocados en 1998 por el huracán Mitch. En primer término se pensó en los países afectados, pero después se alargó a otras naciones considerando que peor que la fuerza natural de un huracán está el neoliberalismo y sus políticas de privatización, cuyos repercusiones se sienten en toda la región centroamericana. "Este programa abarca a también a Estados Unidos y tenemos a varios jóvenes norteamericanos de escasos recursos estudiando medicina en La Habana donde el gobierno de Cuba les cubre todos los gastos en sus 6 años de estudios".

Los contingentes de estudiantes, llegados desde todos los confines del mundo, arriban cada año a Cuba para estudiar. El único compromiso, una vez concluida la carrera, es volver al lugar desde donde partieron y desarrollarse en su medio social. En general, como es el caso de cuarenta jóvenes mapuche, son muchachos que no tienen posibilidades económicas de estudiar y Cuba se las brinda. "Cuba está sobresaturada de médicos y no necesita más. Tiene la mejor medicina y escuela de medicina de América latina. Los alumnos becados llegan a estudiar allí sabiendo que no se van a quedar al finalizar los estudios. Por el contrario, el compromiso moral de todos ellos es regresar a sus tierras de origen, casi todos de zonas rurales muy humildes de América latina", contó sobre esta experiencia en Página 12, Luis Bruschtein.

La gracia al gobierno de Fidel no le sale gratis, como a los estudiantes... cerca de siete millones de dólares al año es el presupuesto para mantener a 6 mil 500 proyectos de médicos, darle de comer, vestirlos y entregarles un poco de dinero para que se movilicen. "Estas líneas constituyen pura propaganda comunista, evidentemente. O evidentemente no. Porque si esto lo hubieran hecho en EEUU, en México o en Haití, sería igual de elogiable. Pero si alguien escribiera sobre el hermoso proyecto solidario que realizaron EEUU, Haití o la Argentina, nadie diría que se trata evidentemente de propaganda. Porque como el régimen cubano es comunista, queda establecido que no puede haber nada bueno o que lo bueno es propaganda. En los casos más estúpidos, muchos pensarán que hablar bien de algo de Cuba es pasado de moda", acota Bruschtein.

"Esta escuela, dice una funcionaria de la Facultad, no tiene relaciones con los estados sino con las personas, porque casi ningún Estado colabora con nosotros, no digo financieramente, sino afectuosamente. Porque los médicos que se gradúan aquí van para los lugares más recónditos...". ¿Qué pasa si no cumplen luego con el rol social?, le preguntamos. "Nosotros entregamos valores, si el 50 por ciento lo hace, entonces nos sentimos satisfechos", responden.


Tanto como la satisfacción que les produce que dos mil médicos cubanos, repartidos por todo el mundo, cumplan con labores internacionalistas voluntarias en zonas de conflicto o pobreza.

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