Año 2 N.34, abril 14, 2003
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Argentina
El acertijo electoral
(Por Carlos A. Suárez)La duda sobre quién será el próximo presidente de la Argentina es tan generalizada como la certeza de que cualquiera sea el resultado de las elecciones el futuro gobierno tendrá escaso poder.

La historia política argentina registra pocos antecedentes donde a dos semanas de las elecciones subsistan tantas incógnitas que sólo podrán develarse, en parte, el 27 de abril cuando más de 25,5 millones de argentinos concurran a las urnas.

Las encuestas muestran todavía un gran porcentaje de indecisos y otros que manifestarán con el voto en blanco o la abstención su bronca a la corporación política. Los especialistas en la mercadotecnia electoral coinciden en que por primera vez desde que rige el sistema, la fórmula presidencial se definirá recién en la segunda vuelta electoral, el 18 de mayo. Sólo dos encuestas nacionales dan una modesta ventaja al ex presidente Carlos Menem en la primera ronda, el resto de los relevamientos ubican primero al santacruceño Néstor Kirchner, con una ligera ventaja sobre Menem o sobre Adolfo Rodríguez Saa. Elisa "Lilita" Carrió cayó al cuarto lugar en intención de voto, tras el cisma del socialismo, cuando había estado durante meses como la figura mejor posicionada. Luego con algunos puntos menos se ubica el ex ministro de Defensa de Fernando de la Rúa y ex radical, Ricardo López Murphy, decidido a recrear un espacio de la centroderecha, desaparecido con la implosión del cavallismo y de su jefe Domingo Cavallo. De todos modos este panorama puede reflejar sólo una fotografía de una realidad muy cambiante y que por la diferencia que hay entre uno y otro candidato, menor al error tolerable en toda muestra, diversos resultados son posibles, es decir, nadie está descartado para llegar al balotage.

Sí, como también aseguran los pronósticos, Menem es uno de los más votados el 27 de abril, en el segundo turno podría perder con cualquiera de los cuatro candidatos. El ex presidente tiene una imagen negativa superior al 50 por ciento. Por consiguiente, la apuesta del menemismo es consagrarse en el primer turno, para lo que tendría que superar más del 45 por ciento de los votos válidos, o alcanzar el 40 por ciento de los sufragios con una diferencia mayor a diez puntos porcentuales de la segunda fórmula más votada. Dos condiciones muy difíciles de lograr.

El peronismo no pudo encontrar el camino de una fórmula única, lo que obliga a dirimir las diferencias en la elección general. La existencia de tres candidatos peronistas con posibilidades de llegar al gobierno o de retornar tras el breve y trágico interregno de De la Rúa, muestra la permanencia del movimiento pero al mismo tiempo su fractura interna que pareciera irreversible. Menem como adalid de las políticas conservadoras y neoliberales, con un electorado entre los excluidos "tan fiel como impresentable" de acuerdo a sus críticos, más el voto vergonzante de una clase media que añora el "un peso un dólar", los perfumes importados y los viajes a Miami. Mariano Grondona, desde su columna dominical de La Nación recordaba la visita que realizó al final de los años sesenta a Juan Domingo Perón en su residencia de Puerta de Hierro, en Madrid. Allí el astuto líder, conociendo el abolengo de Grondona elogió a los caudillos conservadores de la provincia de Buenos Aires, de los que dijo haber aprendido mucho. Entonces Grondona recordó que pidió en una oportunidad a su padrino, uno de esos dirigentes conservadores vinculados a la prosperidad de la pampa húmeda, una definición del conservadorismo. " Es la alianza de los de arriba con los de abajo para apretar a los del medio", fue la respuesta. Una obvia analogía con Menem, con toda lo provisorio de las comparaciones históricas.

En realidad, el peronismo fue y es algo más. Todas las tendencias e ideologías pueden encontrarse en las filas de los tres candidatos que invocan la tradición del justicialismo. Hasta en el agrupamiento que sigue a Lilita Carrió figuran algunos ex dirigentes del partido creado por Perón.

El presidente Duhalde está satisfecho con su gestión. Un gobierno que nació en medio de la mayor crisis económica y un grave malestar político y social. Las cacerolas y las asambleas populares reclamaban "que se vayan todos", en un verano donde todos los vaticinios eran posibles. El fin de la convertibilidad fue traumático en términos económicos, sociales y psicológicos. Al tomar el timón económico Roberto Lavagna, el gobierno logró estabilizarse, devaluación mediante y dejando de pagar muchas cuentas equilibró las arcas públicas y firmó una controvertida carta de intención con el FMI que durará hasta mediados de año. Ahora prepara como despedida el rescate de los bonos provinciales y nacionales, técnicamente las cuasi monedas que evitaron el estallido social desde mediados de 2001 y gran parte del año pasado. En el plano estrictamente político, Duhalde tuvo la habilidad de fragmentar el movimiento piquetero y las asambleas se debilitaron en el debate sin propuestas políticas. Con la ola del "antipoder", más la tradicional atomización de la izquierda argentina, el que "se vayan todos" derivó en un reciclamiento global de la política tradicional.

Con ese oxígeno Duhalde se dedicó a "dibujar" la sucesión, precisamente cuando descartó la posibilidad de ser él mismo su reemplazante. Primero apostó al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, pero tras una corta y costosa campaña televisiva, al ver que "no movía la aguja de las encuestas", comenzó a buscar otro heredero. No sin varios traspiés acordó con Kirchner la fórmula devenida en oficialista, al incorporar como vicepresidente al ex corredor de motonáutica y ex menemista ortodoxo, Daniel Scioli.

El principal capital político de Kirchner es su gestión en la provincia de Santa Cruz, rica en hidrocarburos y recursos naturales, con una baja densidad de población y donde gran parte de sus habitantes dependen de la administración pública. Muy poco para el electorado de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que junto a la ciudad de Buenos Aires, superan el 64 por ciento del padrón electoral. Duhalde confía en la fidelidad del aparato político que construyó en el conurbano bonaerense desde 1983. Aunque muchos dirigentes de esa región confiesan en voz baja que esta vez la lealtad puede no llegar a la cita del 27 de abril. "Movilizar al conurbano para llenar el estadio de River costó un Perú", aseguraba a este corresponsal un puntero de Lanus, tradicional baluarte del peronismo.

A su vez el propio Kirchner vacila entre pegarse y despegarse del mote de candidato oficialista. Scioli de hombre de Menem en la ciudad de Buenos Aires, pasó por el fugaz gobierno de Rodríguez Saá y recaló como secretario de Turismo y Deportes de Duhalde. Un traje que le cayó bien, capitalizando la mayor afluencia de turistas extranjeros, atraídos por la devaluación del peso más que por las políticas de promoción. Y de la mejor temporada de las últimas décadas en los destinos turísticos internos, también porque la devaluación obligó a algunos argentinos –los que no deambulan en el 54 por ciento que está en la pobreza - a cambiar Punta del Este o Miami por Cariló o Mar del Plata, o el Caribe por las sierras de Córdoba. De todos modos Scioli, que antes de político y motonauta fue un empresario exitoso, le dijo a Kirchner: "No podés subestimar a Menem, es un error.

Tenemos que decir qué vamos a hacer". En ese momento el candidato que recitaba generalidades económicas fue a entrevistarse con Lavagna a quien le habría propuesto integrar su futuro equipo ya sea continuando al frente del palacio e hacienda o como Canciller.

Este paso es de algún modo una buena señal para el mundo de los negocios y la industria, pues la gestión de Lavagna es bien calificada. "En las condiciones en que encontró la economía hizo lo que pudo y varias cosas fueron ordenadas en un periodo relativamente breve", afirman directivos de la Unión Industrial. Una opinión similar expresan en la banca nacional, que ve con buenos ojos el fin del corralito y del corralón diseñado por Lavagna. Carrió y López Murphy, desde el centro izquierda uno y la centro derecha el otro temen que un desarrollo irregular de los comicios, aseguran que el peronismo recurrirá a cualquier estratagema para perpetuarse. Ponen como ejemplo las elecciones para gobernador que se realizaron en marzo en Catamarca, que fueron suspendidas, porque el candidato del peronismo, el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo, organizó una revuelta para boicotear los comicios al ser impugnada su candidatura por la justicia, ya que no pudo comprobar que es residente en la provincia, como exige la Constitución de la provincia.

De existir una pequeña diferencia en los votos entre uno y otro candidato, cualquier recurso judicial puede entorpecer el cronograma electoral y no tener presidente electo el 25 de mayo, el día fijado para el traspaso del mando, un acto al que han confirmado su asistencia los mandatarios de los países amigos.

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