Año 2 N.34, abril 14, 2003
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Cazador de sueños
"Yo fui una sanguijuela asesina del espacio exterior"
(Por Leonardo Navarro)En un burdo y poco imaginativo juego de palabras, se suele llamar a Stephen King “el rey del terror”. Es un título que se ha ganado a pulso en las casi tres décadas que han pasado desde la publicación de “Carrie” (1974), su primera novela editada y su primer éxito de ventas, que sirvió de base para la película homónima hecha por Brian De Palma en 1976. “Cazador de sueños” es la última novela suya llevada al cine y resume muchos de sus tópicos como autor.

Si bien su trabajo ha consistido en crear relatos escalofriantes, repletos de monstruos y seres horribles, humanos o no, dispuestos a torturar y matar a los héroes -y, en pocas palabras, atemorizar al lector- ha contado con el respaldo de millones de lectores deseosos de ser estremecidos, angustiados y/o deleitados por su hipnótica prosa.

La gracia del autor y la principal razón de su éxito es la rara combinación de talento y creatividad que separa a los narradores adocenados de los buenos autores de género, claramente visible en la construcción de ambientes cotidianos, de lugares comunes y corrientes habitados por personajes tridimensionales. Tanto esta virtud como su ingenio al crear los caracteres de sus obras, -que no importa que sean protagonistas o secundarios que aparecen en una sola página: hablan, viven y respiran como seres de carne y hueso y no están exentos de contradicciones o defectos- son obviados por la crítica que lo desdeña por ser un escritor de best sellers, pero como hacen notar quienes sí aprecian su trabajo, los personajes de King logran hacerse queribles gracias a que el lector puede llegar a conocerlos en real profundidad e incluso sus villanos (no todos, claro) tienen matices y sus momentos de brillo…aunque sea el infernal. Y hay algunos, como Randall Flagg, que han demostrado ser más duros, imperecederos y buscados por los lectores que sus buenos tipos de pueblos pequeños de Maine.

En una novela de King, raramente el horror se hace presente de inmediato (una excepción es "IT-Eso"). Primero, establece un marco normal de vida que es una copia feliz de la vida de unos habitantes de pueblecito quitado de bulla en Nueva Inglaterra, uno de esos en que hasta el almacenero del otro lado del pueblo te saluda por tu nombre o al menos sabe quien eres; esto lo logra impregnándonos de detalles pequeños sobre las rutinas de los protagonistas, apuntes retrospectivos sobre la historia del lugar -que siempre tiene algo que decir sobre lo que sucede hoy-, y un buen cuadro sobre quién es quién en el lugar. Luego, cuando nos hemos acostumbrado y estamos felices de disfrutar el calor de la chimenea, una amenaza irrumpe a destruir el pueblo (o el modo de vida) de los protagonistas, rompiendo la paz bucólica para siempre y desatando al mismo tiempo los conflictos personales que se han guardado debajo de la alfombra.

Además, King tiene la tendencia a trabajar con grupos de personajes -amigos, una familia, un grupo de desconocidos unidos por la necesidad de derrotar al enemigo común- que, invariablemente, sufren la pérdida de uno o varios de sus componentes más entrañables, muchas veces porque se sacrifican por sus compañeros. Es decir, si eres un personaje de Stephen King, mejor compra el mejor seguro de vida que encuentres. Y no menos importante es consignar la presencia casi segura de uno o más niños -algunas veces son los mismos protagonistas en su juventud-, los únicos que podrán sobrevivir el peligro incólumes.

Otro punto importante es que, salvo contadas excepciones, las ciudades de Bangor -real-, Derry, Salem`s Lot y Castle Rock -ficticias- del Estado de Maine serán mencionadas o formarán parte integral de la acción.

Todas estas características están presentes en Cazador de sueños, la primera novela escrita por él tras el accidente que casi lo mata en 1999 -un conductor distraído lo atropelló con su camioneta Dodge en un camino rural-, y la más nueva película de gran presupuesto basada en un trabajo suyo.

Dirigida por Lawrence Kasdan, un hombre acostumbrado a repartos grandes y a historias de amistad, trata de cuatro amigos de infancia, ahora en sus treintaytantos, que durante una cacería en invierno se ven metidos en medio de una invasión extraterrestre de la peor calaña. Jonesy, Beaver, Henry y Pete se conocieron de niños en Derry y su amistad se hizo más fuerte tras conocer a Duddits, un extraño y amable retardado mental que les transfirió poderes mentales de distinto tipo a cada uno de ellos. Ya adultos, estos dones le han sido más una molestia que otra cosa, pero les mantiene unidos, tanto como las cacerías invernales que llevan a cabo desde hace 20 años en una cabaña aislada.

Y durante una de estas reuniones, un ovni cae en los bosques de las cercanías. Los ET definitivamente no quieren llamar a casa, sino tomar la nuestra por la fuerza. Su forma de invadir es sutil: impregnan a cuerpos huéspedes con esporas suyas y luego crecen como parásitos en el interior, dejando como única huella de su presencia unas manchas rojas en la cara que parecen alergia y una desagradable tendencia a la flatulencia y los pedos.

Cuando Henry y Pete van a comprar al almacén del pueblo, Jonesy encuentra a un hombre que dice haber estado vagando por días en el bosque y lo lleva a la cabaña: junto a Beaver, trata de ayudarlo a recuperarse y le ofrecen alojamiento, pero el tipo viene con compañía interna y como comprobarán pronto, la vía de salida del inquilino feo y dientón es muy, muy sucia…y lógica.

Mientras, Pete y Henry tienen un accidente mientras esquivan a una mujer congelada en mitad del camino -otra portadora-, a una buena cantidad de kilómetros de su refugio. Al mismo tiempo, los animales del bosque escapan en masa de éste y una unidad especial del ejército, encargada de la seguridad antiextraterrestre y comandada con un tipo algo zafado de apellido Curtis -Kurtz en el libro, en un claro homenaje a Apocalipsis ahora-, ha declarado en cuarentena el área y recluye a los humanos infectados que ha encontrado, mientras planea un ataque en gran escala a la nave enemiga.

La obra de King, adaptada por William Goldman -quien ya había adaptado la magnífica "Misery" y la mediocre "Recuerdos del pasado" (Hearts in atlantis) y el mismo Kasdan -le cae como anillo al dedo al director, tan afecto a las historias de amistad, lealtad y coraje, valores que transpiran los cuatro amigos. El relato se desarrolla en tres líneas principales: Curtis, Jonesy y Henry. El primero está obsesionado en matar a los invasores a como dé lugar, el segundo intenta luchar contra el alien que lo posee -un adulto capaz de cambiar forma y meterse como niebla en un cuerpo ajeno-, y que desea entrar en su refugio mental y, el tercero busca la forma de ayudar a su amigo, salir de la cuarentena y salvar el mundo. Y, al final, todos los dardos apuntan a Duddits.

La cinta atrapa, da miedo y hace saltar del asiento; los personajes funcionan y la recreación de la mente de Jonesy y su desdoblamiento es, sin duda, el punto más alto en este apartado; Kasdan se permite jugar con el montaje y la narración en paralelo como si filmara Star Wars -él hizo el guión de los episodios V y VI-, los malos son malos, pero con motivos y los buenos tienen sus puntos flacos, y a pesar de que el tramo final no es tan intenso como el inicio, funciona a las mil maravillas. Lo único que se lamenta es que los recuerdos de infancia de los protagonistas sean tan breves, porque la raíz de todo está justamente en ese episodio de infancia que los marcó por siempre.

Y si recordamos que el tema de la invasión extraterrestre ya lo había tocado King en "Tommynockers" -una de sus novelas con más falencias y una miniserie de TV así, así-, esta vez la revancha es por partida doble.
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