Año 2 N.34, abril 14, 2003

La estrategia global de EEUU

Guerra para hoy y petróleo para mañana

Para explicar la actual crisis iraquí los argumentos no faltan. Además de las declaraciones de George W. Bush y de Tony Blair sobre la existencia de armas de destrucción masiva y de la necesidad de “liberar” a Irak de la tiranía de Saddam, el petróleo ha sido citado frecuentemente como la verdadera razón de esta cruzada anglo-norteamericana. Sin embargo, a pesar de la importancia determinante que el petróleo tiene en el conflicto -de poco nos sirve analizarlo aisladamente del contexto geopolítico regional y mundial. Sólo podremos entender la extraordinaria complejidad de esta crisis, si consideramos que el oro negro es un elemento más de la estrategia global diseñada por Estados Unidos.

El derrumbe de la Unión Soviética y del "bloque de países socialistas" entre 1989 y 1991, sumado al descrédito del modelo económico de planificación centralizada, creó un conjunto de condiciones nunca vistas para la expansión geopolítica norteamericana. Con una Comunidad Europea carente de diplomacia y de defensa comunes, y sin adversarios políticos de su dimensión, Washington tenía el terreno abierto para comenzar a ampliar su área de influencia. Pero eso no bastaba. Era menester que el Departamento de Estado aprovechara toda situación internacional que le permitiera penetrar nuevas regiones, inmiscuirse en nuevas problemáticas locales reivindicando su ingerencia y justificando la ampliación de su hegemonía geopolítica.

Allí es donde se constata el agudo "sentido de la oportunidad" de los distintos gobiernos norteamericanos de estos últimos quince años. Haber aprovechado las vacilaciones europeas frente a la implosión yugoslava para imponer su presencia militar en Bosnia y en Kosovo, argumentando la defensa de las minorías étnicas, fue sin duda una jugada maestra para instalarse en territorios de Europa oriental que le estaban completamente vedados hasta hace poco. Haber apoyado militarmente a los países árabes más conservadores, instalando permanentemente tropas en Arabia Saudita y en Kuwait, luego de la invasión de este último por los ejércitos de Saddam en 1990, le permitió hacerse presente en el corazón mismo del Mundo árabe-musulmán. Haber lanzado sus huestes al asalto del poder Talibán en Afganistán, en nombre de la lucha antiterrorista, luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, le entregó la posibilidad de franquear una de las puertas de entrada de Asia central, territorio bajo dominación rusa por más de dos siglos.

Así, paso a paso, región por región, Estados Unidos está completando el mapa mundi de su dominio global. Si bien es cierto, faltan aún algunas zonas, en particular China, nada parece detener la avasalladora máquina diplomático-militar puesta en marcha por la Casa Blanca.

1. Estrategia global

Es justamente en ese contexto global que tenemos que entender el interés de Washington por Irak y por sus recursos petroleros. En efecto, si se considera el rol estratégico del petróleo y la importancia de las reservas de hidrocarburos de Irak (sus yacimientos de petróleo y de gas representan los dos tercios de las reservas "probadas" -encontradas, accesibles y de fácil obtención-, de petróleo mundial), parece difícil pensar que la energía esté ausente de los planes bélicos anglo-norteamericanos. Para la Casa Blanca, sin embargo, no se trata, como podría creerse de manera simplista, de apropiarse ahora mismo de esos yacimientos y de comenzar a explotarlos lo antes posible. Varias razones hacen pensar que, pese a su excelente calidad y su fácil acceso, los hidrocarburos iraquíes no representan la "mina de oro" que podría pensarse. Por un lado, el embargo de más de doce años sufrido por ese país ha deteriorado gravemente una parte importante de los mantos petrolíferos, en especial los más antiguos que son los del norte del país (Mosul, Kirkuk). Por otra parte, si los Estados Unidos decidieran aumentar la producción del crudo iraquí, ello requeriría un altísimo nivel de inversiones, incompatible con los actuales precios internacionales.

No, el objetivo ambicionado no es tanto un provecho rápido y puramente mercantil. La meta es más bien una estrategia que busca resultados a mediano y largo plazo, esencialmente a tres niveles:

Asegurar, gracias a su presencia militar, la permanencia y la estabilidad del aprovisionamiento energético a partir de una región que hasta hace doce años les era ajena y que a partir de 1991 han ido poco a poco controlando. Poner a buen recaudo, las mayores reservas de hidrocarburos del planeta. Eso porque en el actual contexto económico mundial, que se caracteriza por un consumo energético en constante incremento, sobre todo por los países en vías de desarrollo entre los que se cuenta China, el hecho de administrar las reservas de oro negro más accesibles del planeta entregan a Washington un control económico y geopolítico global.


Por último, no hay que descontar el beneficio directo que esta dominación militar entregará a los grandes consorcios petroleros norteamericanos que podrán ejercer una influencia determinante en el curso internacional de precios del petróleo. ¡Que mejor condena a muerte de la OPEP! Eso, sin contar con el beneficio indirecto que obtendrán las industrias norteamericanas consumidoras de ese tipo de energía.

2. Irak y su petróleo

A pesar que, como lo decíamos al comienzo, analizar el petróleo iraquí separadamente del contexto geopolítico puede conducirnos a errores, no está demás conocer exactamente cuál es el lugar que ocupa Irak en el panorama energético internacional. Para ello nos permitiremos profundizar algunos datos más técnicos Las reservas iraquíes son de alrededor de 265-270 mil millones de barriles. Sus reservas probadas son 113 mil millones de barriles, repartidos en el norte (Mosul y Kirkuk) y en el sur del país (Basora).

La historia de Irak durante las últimas décadas ha estado modelada por una economía socializante y teñida de fuerte coloración nacionalista. Estos factores no han permitido la presencia masiva de capitales extranjeros capaces de explorar y hacer prospecciones más detalladas del subsuelo. Por ello, en numerosas zonas del país, prácticamente no han habido prospecciones en los últimos cuarenta años. Esto es particularmente válido en el oeste de Irak.

Pese a esta falta de prospecciones, se piensa que si las exploraciones fuesen más frecuentes y más intensas, el nivel de las reservas petroleras probadas podría alcanzar casi el doble de lo conocido actualmente, es decir 200 mil millones de barriles. Hay que destacar que esas reservas están constituidas fundamentalmente de petróleo y no de gas, lo que facilita su explotación y, por ende, aumenta su valor. Ahora bien, sólo un tercio de estos yacimientos iraquíes están en producción. Los otros están en espera que la compañía nacional iraquí u otras empresas vengan a explotarlas. Eso quiere decir que más de 45 mil millones de barriles de reserva son explotables casi inmediatamente.

El interés que representa Irak para las grandes compañías petroleras es aún mayor si se tiene en cuenta que Arabia Saudita, que es la primera reserva mundial de petróleo del mundo, ha cerrado sus puertas a las inversiones extranjeras, por lo que ninguna empresa internacional tiene derecho de explotar sus recursos naturales. Eso significa que fuera de Irak, ningún otro país en el mundo, ofrece a las empresas internacionales, tal cantidad de reservas de "petróleo probado" listo a ser explotado.

Para tener una idea más clara de lo que representan estas cifras, diremos que estos 45 mil millones de barriles equivalen a tres veces la cantidad de petróleo descubierto en el Mar Caspio después de la desaparición de la Unión Soviética (1991). Cuando se conocen los enormes esfuerzos desplegados por la diplomacia norteamericana para tener acceso a esos yacimientos y sobre todo para poder exportar la producción en medio del complejo contexto geopolítico de la región (conflictos en Georgia, Chechenia, Armenia, Azerbaiján, etc.), podemos entender mejor lo que representan las actuales reservas del país mesopotámico.

3. El que guarda siempre tiene

Todo lo expuesto anteriormente tiene que ser relativizado a la luz, por una parte, de lo que son hoy los niveles mundiales de producción y los actuales precios del mercado y por otra, el estado de las instalaciones petroleras iraquíes. En lo que respecta al primer punto, no es seguro que un incremento de la producción petrolera, que podría provocar una baja considerable de los precios, contente a todo el mundo, en especial a los británicos y a los noruegos que obtienen un petróleo mucho más caro en el mar del Norte. En lo que se refiere al estado de las instalaciones iraquíes, hay que decir que quien explote ese petróleo tendrá que invertir una gran cantidad de capital para poner a funcionar maquinaria desvencijadas y averiadas por el embargo, el tiempo y la guerra.

En efecto, cuando se extrae el petróleo, la presión baja y el agua se infiltra en el yacimiento. Eso quiere decir, que una explotación petrolífera debe ser sometida a un mantenimiento permanente. Cosa que Irak no ha podido realizar desde hace más de doce años a raíz del embargo comercial al que ha sido sometido. Durante este período, las Naciones Unidas han autorizado una sola vez al gobierno iraquí para que una compañía extranjera efectúe perforaciones de mantenimiento en 25 pozos. Esto significa que la industria petrolera iraquí hereda en el presente, las terribles consecuencias del bloqueo internacional de estos doce últimos años. Nadie puede adelantar hoy en día cuál es el estado de esos yacimientos, cosa que evidentemente, hipoteca el futuro de la actividad extractiva iraquí.

Cuando durante todos estos años, múltiples voces se han alzado para denunciar los desastrosos efectos del embargo, generalmente hacían referencia a la situación alimenticia y sanitaria de la población, sin embargo pocos abordaban la degradación galopante de la industria petrolera, "llave maestra" del desarrollo del país. Según algunos expertos en hidrocarburos, los estragos sufridos por muchos yacimientos iraquíes durante estos doce últimos años son irreversibles, lo que significa una irreparable perdida para el futuro económico de esa nación.

Todo eso hace pensar que los verdaderos intereses de la alianza Blair-Bush se ubican en el horizonte 2020 o 2030 y no antes. Ejercer directa o indirectamente el poder en esa región hasta ahora rebelde, exótica y difícilmente controlable es como poseer el alicate para abrir y cerrar el flujo de petróleo necesario no sólo a las economías británica y estadounidense sino a la economía mundial. Esto equivale a guardar cuidadosamente esas reservas estratégicas para más tarde, porque el que guarda siempre tiene…


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