Año 2 N.35, abril 28, 2003
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Plan Auge
Dos "pequeños" errores de cálculo
(Por Nelson Soza)Lo más lamentable del retraso que sufrirá la entrada en vigor de la Reforma de Salud no es la frustración presidencial de ver pospuesto uno de sus proyectos-estrella: es la imposibilidad de materializar las expectativas creadas en la población por el mismo Plan Auge.


Es cierto que de los cuatro proyectos que conforman las reformas a la salud, el Auge es sólo uno, quizás el más vistoso o "vendible". Pero el desconocimiento en que continúa la ciudadanía respecto de todas ellas ha sido en parte responsabilidad del propio Ministerio del ramo, cuyo esfuerzo comunicacional estuvo marcadamente centrado en el Auge. ¿Cuántos saben en cambio que además de aquél están los proyectos sobre Derechos y Deberes del Paciente, de una nueva Autoridad Sanitaria y de reforma a las isapres? ¿Y cuánto se conoce sobre cada uno de éstos?

De este conjunto, sólo dos proyectos están hoy en el Senado, mientras que los otros están siendo recién vistos en la Cámara, y es muy difícil que alcancen a ser tramitados antes del 21 de mayo -como estaba previsto. Todo el conflictivo escenario generado en torno del Auge augura enormes vicisitudes para el trámite legislativo del paquete, y sólo unos pocos optimistas apuestan a que habrá concluido antes de fin de año.

El mayoritario apoyo ciudadano pro-Reforma esperado por el Gobierno ha terminado difuminándose en un clima de confusión y desconocimiento, enrarecido por denuncias sobre corrupción y otras irregularidades en el sistema de salud pública hechas por los propios funcionarios o por políticos de la misma Concertación y alentadas por una prensa más preocupada por los escándalos que por informar sobre los contenidos de la Reforma.

La resuelta voluntad presidencial de sacar adelante los cambios a la salud enfrentará otro obstáculo: un virtual empate político parlamentario, en un contexto de nuevas elecciones ad-portas y de creciente desacuerdo político intra- Concertación. .

La elevada "visibilidad política" del Auge -una cobertura del 80 a 100 por ciento del costo de atención de las principales 56 enfermedades, una vigencia desde 2004 y tiempos de espera no superiores a un mes para los usuarios- sin duda explica el excesivo énfasis comunicacional puesto en este instrumento. Este pasó a ser el sinónimo de toda la Reforma, sin mediar mayor debate ciudadano (y no sólo de los grupos de presión corporativos, en especial del Colegio Médico, o empresariales, como las isapres) sobre otros aspectos de aquélla tan o más relevantes que el Auge. Ello equivale una vez más a haber "agarrado al gato por la cola".

El AUGE creó desde su mismo nombre expectativas que han terminado siendo asfixiadas por el peso del insuficiente financiamiento disponible para enfrentar lo ofrecido. Pero si la exagerada preeminencia del Auge fue responsabilidad del Ministerio de Salud, la escasez de recursos para atender los planes sociales del Gobierno lo ha sido de Hacienda. Aunque ya en 2000 era evidente la imposibilidad de mantener el mismo ritmo de crecimiento logrado en los 90, los responsables económicos se equivocaron medio a medio al proyectar una tasa de siete por ciento anual. El sexenio de esta administración cerrará con un promedio cercano al tres por ciento, es decir, con ingresos tributarios menos de la mitad de los estimados inicialmente. Este error de pronóstico será uno de los escollos para materializar la socialmente más relevante de las reformas planteadas al inicio del mandato del Presidente Lagos.

Pero hubo un segundo error de cálculo aún más grave al equivocado pronóstico de crecimiento: los técnicos de los ministerios de Hacienda y de Salud estimaron en 150 mil millones de pesos anuales el costo de las 56 prestaciones del Auge. Nada más lejos de la realidad: la cifra más conservadora estimada en las comisiones de Salud y de Hacienda alcanza a los 300 mil millones. Esta gigantesca subvaloración -piensan algunos parlamentarios- es el verdadero quid del problema del Gobierno: cómo dar con los recursos necesarios para cumplir el Plan en los tiempos y el nivel de cobertura originalmente comprometidos.

El dinero para financiar la Reforma provendría según la propuesta oficial en tercios iguales de la trasferencia de recursos fiscales hoy destinados a los subsidios maternales; de una mayor recaudación tributaria asociada al crecimiento económico futuro, y de un incremento a los impuestos de alcoholes, tabacos y combustibles.

Casi inmediatamente de conocida esta fórmula, las dos primeras fuentes quedaron prácticamente sin "piso político". La recaudación tributaria asociada al mayor crecimiento económico se derrumbó ante un nuevo clima de desaceleración mundial, mientras que la idea de utilizar unos 58 mil millones de pesos del subsidio maternal otorgado a las mujeres afiliadas a isapres cayó ante la fuerte oposición de sectores conservadores de la Democracia Cristiana, la Derecha y de las propias empresas de salud privada. Estos grupos fundaron su rechazo en el impacto que sufrirían los grupos de ingreso medio al tener que cofinanciar con un 0.6 por ciento de su aporte a salud un nuevo Fondo que financiaría la ayuda maternal. Pero también múltiples académicos y analistas consideraron un error político el inducir -a través de esta medida- a una nueva reducción en la ya baja tasa de natalidad chilena.

Quedaba así como único recurso el incremento de las tasas impositivas al consumo de licores, tabaco, combustibles y -añadido recientemente por el ministro de Hacienda- juegos de azar. En rigor, el impacto económico de elevar estos impuestos es antes positivo que negativo: desalentar su consumo incluso podría considerárselo un factor que reducirá la presión de gasto sobre dos de las tres principales causas de muerte en Chile: cáncer y accidentes. Pero, nuevamente, el impacto de mayores impuestos sobre una clase media especialmente sensible en una escenario pre-electoral ha motivado que sectores de la DC y de la Derecha se opongan a esta vía de financiamiento.

Se ha llegado así a un escenario donde la falta de recursos y la dificultad para sacar adelante los proyectos de ley forzaron a los técnicos y políticos gubernamentales a ingresar en una apresurada etapa de remaquillaje, a recortar de aquí y de allá las expectativas para mantener una marca -el Auge-, aunque desprovista de la sustancia inicial. El contenido de la Reforma, la cobertura de sus prestaciones, los tiempos de espera, la velocidad con que se aplicarían los cambios, todo está siendo revisado. El mayor temor de este ejercicio es que la cosmética arroje cambios que desnaturalicen no sólo el diseño, sino que el objetivo inicial.

Las alternativas barajadas no son muchas: reducir el número de prioridades a una decena de las 56 enfermedades (entre ellas las tres con más causas de muertes: cardiovasculares, cáncer y accidentes), mantener la misma cobertura original, pero darles a su atención más tiempos de espera, o mejorar sólo la atención primaria, con coberturas y tiempos de espera diferenciados según su nivel de urgencia. Según algunos senadores, la fórmula con más adherentes en la Cámara Alta consiste en asignar unos 100 mil millones de pesos extra para mejorar la atención primaria y otros 60 mil a 70 mil millones para sanear el endeudamiento y elevar la calidad de prestaciones hospitalarias. La hipótesis es que resueltos los actuales déficit de equipamiento, medicamentos y horas de atención, podría cubrirse gran parte de la demanda hoy insatisfecha. Si no todo el Auge, al menos gran parte del mismo.

Pero aún queda mucho paño que cortar y -como dicen algunos comentaristas deportivos- "todo puede pasar".

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