Año 2 N.35, abril 28, 2003
InicioPortadaPublicidad¿Quiénes somos?
En Dallas, Texas
Los intelectuales, la guerra y una ciudad desierta
( Escribe Juan Pablo Sutherland )Hace pocas semanas aterricé en un aeropuerto tan grande que imaginé que llegaba a una base espacial. Y no estaba en la luna, que hubiese tenido su atractivo, sino que intentando tomar un tranvía interno para llegar a mi nuevo vuelo y con un inglés fatal que no me servía ni para explicar mi origen sudaca. Estaba en Atlanta haciendo conexión para Dallas, a un encuentro de Estudios Latinoamericanos, conocido por todos los expertos como LASA, emblemática asociación de académicos pertenecientes en su mayoría a universidades norteamericanas.

Todo sorprendía. Por primera vez respiraba en Estados Unidos y mis ojos vírgenes registraban paisajes con una voracidad acezante. En Inmigración una señora negra me registró con una confianza que me hizo enrojecer de pudor, y no es que sea muy tímido, pero la verdad es que había algo de desnudez en tal operación, que me colocaba en la frontera planetaria de una nueva realidad: que suelte el cinturón y la maquinita que te recorre como falo metálico, oliendo algún instrumento de guerra, cortauñas, lima, maquillaje, todos objetos punzantes, de ojos punzantes, y que me recordó una memorable frase de Sarduy: a la revolución se va bien vestido. En mi caso no iba a ninguna, pero bien vestido y con accesorios, eso sí.

Dallas es una ciudad tan pensada que no existe gente. Ahí nadie podría lanzar una campaña del tipo: Gana la gente, porque no hay nadie y nadie leería los letreros. Todos viven en los suburbios. Que el centro financiero es centro, downtown, algo que cubre todo el perímetro de Providencia y se acabó. Si te pierdes, la única oportunidad que tienes es preguntarle a un semáforo, que de tan sofisticado se quemaría ante la marginalidad que uno carga.

Dallas, la ciudad donde mataron a Kennedy, con un museo que guarda la espectacularidad de la escena y habilitado lugar turístico de obligatoria visita para cualquiera que pise esa planicie de vidrios y autopistas. Tierra de Bush, de petróleo y teleseries gringas. ¿Recuerdan a JR? Paisaje simbólico que convocaba un gran detalle: ahí no existía guerra, sólo las pantallas gigantes de CNN como postales de una próxima película de Hollywod. Mientras tanto, las múltiples mesas de discusión cruzaban una extensa lista temática capaz de marear al más especializado participante, desde el siglo XIX hasta el XX, desde los Estudios Poscoloniales hasta los Estudios Culturales, desde los modelos económicos de las dictaduras latinoamericanas hasta la figura de Gabriela Mistral. Debates intensos y exóticos en la asepsia de una guerra invisible, discusiones que aquí haríamos en la soledad absoluta (por flojera, desdén, indiferencias propias de las coordenadas sur-norte y la precariedad habitual con la que convivimos). La profesionalización del debate crítico se vuelve sorprendente.

Soy veterano de los años 80, estoy en el promedio de los treinteañeros que quemábamos cuanto neumático se nos ocurrió en Dictadura. Por lo mismo, ver un mitin dentro del hotel que cobijaba el encuentro (tipo Crown Plaza) fue una experiencia inédita, rara, de otro mundo. La guerra envuelta en papel alusa, como los pedidos de comida rápida. Estuve ahí, pero no había ninguna otra posibilidad de manifestarse: estamos en contra de la guerra, gesto inoficioso que espejeaba nuestro malestar, salir a la calle era casi peor o más ridículo. Un sofisticado micro habría atropellado a la solitaria concurrencia, sin ningún espectador, mientras el viento frío y filoso aplastaba el ímpetu apasionado de un malestar sin salida.

Fui invitado a una mesa de debate sobre la figura de Gabriela Mistral, a propósito de un libro de la portorriqueña Licia Fiol-Matta y que Cuarto Propio publicará en Chile durante este año. Lo más atractivo del debate fue la inusitada sorpresa de los oyentes por las representaciones públicas de Gabriela Mistral en la realidad social chilena. No comprendían la polémica surgida por una película que todavía no existe (proyecto de Pancho Casas y Yura Labarca), ni la censura a poemas de la elquina que serían incluidos en la antología "A Corazón Abierto", de no mediar la intervención de la Fundación Gabriela Mistral y del censor mistraliano Jaime Quezada. Nelly Richard, expositora de la mesa, interrogaba acerca de las implicancias teóricas y políticas que instala el libro de Fiol-Matta, preguntas que retroalimentan el debate desde la identidad sexual, el género y la nación, conceptos bastante ignorados en el debate reciente sobre la Mistral. Todas líneas de discusión que la escena chilena folklóriza para desalojar la capacidad crítica de la producción cultural.

Chile lindo, Chile añorado, finalmente fetiche para quien asome la cabeza y descubra cómo nos vemos. ¿Hay alguien allá afuera?, sería el título que tomaríamos prestado para inquirir sobre la realidad política y cultural de nuestro pedacito de tierra. Espacio que nos brinda la oportunidad de remover las sensaciones más inexplicables, curiosear en la mirada atónita de los afuerinos, exotismo cruel que nos objetiva en la tierra integrista por excelencia. Sin embargo, pese al paisaje propio de la chilenidad, hay algo que atrae de este anillo del infierno, lo dijo Raúl Ruiz pensando en Chile, en especial su humanidad inestable, sus calles feas con transeúntes ávidos o aburridos, su modernidad vía "tercera oreja", tanto guiño inútil y apasionado, tanta herida no resuelta, que sólo los chilenos somos capaces de vivir con estas contradicciones.

CITA

"¿Hay alguien allá afuera?, sería el título que tomaríamos prestado para inquirir sobre la realidad política y cultural de nuestro pedacito de tierra"

Casos
A 30 años del golpe
Rabie
Cuba
Buscador

Ingrese una palabra
Ediciones Anteriores
Columnistas
Redactores
Sala de diálogo
Regístrese

Reciba en su correo a "El Periodista"

Otros artículos de
Lea además
El Periodista S.A. Derechos Reservados
Presidente del Directorio: Eugenio González Astudillo - Director: Francisco Martorell - Editora General: Francisca Celedón
Dirección: Sótero del Río 541, oficina 519 Santiago de Chile.
Teléfono: (56 2)662 14 51-662 14 59 Fax: (52 2) 696 88 52.
director@elperiodista.cl

Sitio desarrollado con Newtenberg Engine