Año 2 N.35, abril 28, 2003
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España y las finanzas del narcoterrorismo
Noticias de Bagdad
(Por Juan Gasparini)Por caminos convergentes las detenciones en Bagdad de Barzan Al-Tikriti, hermanastro y tesorero en las sombras de Sadam, y de Abu Abbas, jefe del Frente para la Liberación de Palestina (FLP), condenado en 1987 por contumacia en Italia a cadena perpetua por el secuestro del transatlántico "Achille Lauro", conducen al narcoterrorista sirio domiciliado en Marbella, España, Monzer Al-Kassar. Reabren el escándalo de la objetiva protección que gozan ciertos traficantes de armas en España, en momentos que el propio Al Kassar, a los 58 años, recupera su fortuna por una venta ilegal de armas a los Balcanes que hiciera escala en el puerto español de Ceuta, bloqueada en la banca suiza desde 1992 y ahora devuelta ante la renuncia de la justicia española a reclamarla, la única competente en este caso para hacerlo. Las cinematográficas peripecias son de nunca acabar.


En una nota de opinión en el diario "El País" de Madrid, aparecida el jueves 16 de enero de 2003, el fiscal de la Fiscalía Anticorrupción del Reino de España, Carlos Castresana Fernández abundó en "la caótica situación del lucrativo tráfico internacional de armas, del que España no está ausente", indicando a continuación que "algunos de sus presuntos favorecedores más connotados residen apaciblemente en nuestra Costa del Sol", sin atinar a mencionar ningún nombre. La falta de identificación de quienes se trata proyecta la sombra Al Kassar, que se prodiga por esas playas, donde vive intermitentemente desde 1983, ocupando actualmente el Palacio Mifadil en Puerto Banus. Sus huellas siguen los pasos de otros personajes de origen árabe con antecedentes de igual naturaleza que han hecho historia desde Marbella, entre otros, el saudí Adnan Kashoggi, envuelto en el Irangate y en el blanqueo de la fortuna de la dictadura matrimonial de los Marcos en Filipinas, y el sirio Rifaat el Assad, financiero del grupo terrorista de Abu Nidal en Europa y patrón del negocio de la droga emanada del Valle de la Bekaa en el Líbano, hermano del difunto presidente Hafez el Assad.

El 3 de junio de 1992, Monzer Al Kassar fue detenido en el aeropuerto de Barajas por el juez español Baltasar Garzón. Llegaba de Viena, donde acababa de finiquitar una venta de armas polacas a Bosnia-Herzegovina y Croacia, violando el embargo decretado por el Consejo de Seguridad de la ONU para los países de la ex-Yugoeslavia el 25 de septiembre de 1991. Era su última operación teledirigida desde España pues iba a mudarse a la Argentina, donde venía de conseguir ilegalmente la naturalización, gracias a su pariente lejano, el entonces presidente Carlos Menem, cuya familia, como la de Al Kassar, es de Yabroud, en Siria.

Al tener consigo un pasaporte argentino y viajar con su primo, el chileno-sirio Yamal Edgardo Bathich, asociado al clan Pinochet en Chile, la detención de Monzer en Madrid malogró sus planes en el Cono Sur, similares a los que estaba implementando en otras latitudes desde Puerto Banus: vender armas argentinas y chilenas por todo el mundo, producir droga en Chile al amparo de los servicios de inteligencia y exportarla a granel, invertir en fabulosos proyectos inmobiliarios en Argentina a instancias de los faraónicos diseños privatizadores de Carlos Menem.

Baltasar Garzón liberó a Bathich por falta de pruebas e inculpó a Monzer por los delitos de falsificación de documentos, posesión ilícita de armas y vehículos, tentativa de homicidio en España y participación en actos de terrorismo internacional. Concretamente le imputó su presunta incriminación en el frustrado asesinato en Madrid de un libanés en 1984 que quedó parapléjico, con quien estuviera mancomunado en el comercio de ocho toneladas de heroína; su actuación en la apropiación y estacionamiento en su Palacio Mifadil de 18 automóviles y "bijouterie" de metales y piedras preciosas, y su complicidad en el secuestro del paquebote italiano Achille Lauro en 1985 por parte de un comando del FLP de Abu Abbas munido con pasaportes argentinos falsos. Pero la defensa de Al Kassar consiguió desglosar el expediente. Menos los cargos de piratería por el Achille Lauro, los demás fueron remitidos a tribunales provinciales, disolviéndose en la nada. La fiscalía pidió 29 años de cárcel para Monzer Al Kassar por haber presuntamente ayudado con armas y dinero a los cuatro terroristas del FLP que raptaron el Achille Lauro con sus 986 pasajeros, matando al paralítico estadounidense León Klinghoffer, cuyo cadáver fue arrojado al mar, siendo no obstante absuelto el 22 de marzo de 1995 porque los testigos de cargo reunidos en el curso de la instrucción penal realizada por Garzón -quizás inducidos o tal vez de buena fe- incurrieron en contradicciones, incoherencias y ausencias, dos por muerte violenta, una antes y otra después del sonado proceso. Por cierto, Monzer salió airoso. No renegó de su amistad con Abu Abbas, desde que estudiaran juntos en la Universidad de Damasco, a quien alojara muy seguido en Marbella, donde dispusieran de una cuenta bancaria conjunta en la sucursal del Banco Bilbao Vizcaya, la misma entidad en que Al Kassar tuviera otra cuenta investigada en 1987 por la justicia estadounidense en el marco del Irangate.

El pasaporte argentino que esgrimiera Al Kassar cuando lo arrestaran en Madrid era la consecuencia de un tramite express, vulnerando la ley, cuyo artífice fue el actual Procurador General de la Nación, Nicolás Eduardo Becerra, que forma parte del círculo áulico de Carlos Menem y su séquito con cuentas bancarias en Suiza. El 2 de febrero de 1990 en Buenos Aires le sacó la foto para los documentos de identidad Eduardo Ratto, fotógrafo de ceremonial de la Casa Rosada por orden de Carlos Menem, primer mandatario de Argentina entre 1989 y 1999, cuya campaña electoral contó con el financiamiento de 40 millones de dólares aportados en 1988 por los líderes libio y sirio, Muammar Ghadafi y Hafez el Assad, parte de los cuales se canalizaron por conducto del Banco Audi de Ginebra ya mencionado. Al Kassar y su esposa, Ragdha Habbal se hicieron con la ciudadanía argentina el 31 de diciembre de 1991. Fueron los dos últimos de una lista de vecinos de Marbella de similar perfil y procedencia que también eligieron la provincia de Mendoza, vecina con Chile, para hacerse argentinos, integrada por Bashir Sulaiman Akasha, Abboudi Kamel Abder Rahaman, Mira Khalil y Judath Elazar Binstock. El colosal expediente, plagado de errores, manipulaciones y mentiras fue gestionado a iniciativa de Nicolás Becerra -entonces abogado en Mendoza, hoy fiscal general del Estado premiado por Menem en 1998- y un batallón de letrados multipropósito bajo su influencia, casi todos asimismo oriundos de Mendoza. Monzer no cumplió con el requisito de residir sin moverse dos años de Argentina y sustrajo del conocimiento de las autoridades federales su frondoso prontuario, antecedentes judiciales que impiden a cualquiera argentinizarse. En los legajos de Interpol se agolpaban en aquellas fechas su expulsión del Reino Unido motivada por dos condenas debidas a tráfico de drogas en 1975 y 1977, arrestos en Copenhague en los años 1972 y 1973 por razones de la misma índole, inscripción en los ficheros antidrogas de Italia en 1985, expulsión por portar documentos falsos en Alemania en 1988 y una sentencia de 1986 en Francia a ocho años de cárcel jamás cumplida, por preparar atentados antijudíos en Amsterdam, Bruselas, París y Viena integrando una célula de Abu Abbas. Acusado de "falsedad ideológica" en la obtención de los papeles de identidad argentinos, los fiscales del sumario que se ventila en Buenos Aires, Carlos Rívolo y Claudio Navas, pidieron hace poco más de un mes seis años de reclusión para Al Kassar. Si la pena que se le infligiera fuera superior a los tres años, Interpol debería rastrearlo y extraditarlo a la Argentina.

El traspié de Monzer Al Kassar en Madrid en 1992 trajo aparejado el congelamiento de su cuenta en el Banco Audi de Ginebra, entre cuyos clientes figura el antes citado Rifaat el Assad. Los magistrados helvéticos descubrieron que desde esa cuenta Monzer trianguló la venta por más de 3 millones de dólares de 27 contenedores de fusiles, lanzagranadas y munición a Croacia y Bosnia Herzegovina violando, como se ha dicho, un embargo del Consejo de Seguridad de la ONU del 25 de septiembre de 1991. El cargamento partió del puerto polaco de Gdansk en el barco hondureño "Nadia", aprovisionado por la fabrica estatal de armamentos "Cenrex", haciendo escala en Ceuta, España, el 10 de marzo de 1992, engañando en la hoja de ruta que transportaba azúcar y café para Yemen. Entre febrero y junio de 1992, Monzer cobró en su cuenta del Banco Audi de Ginebra los fondos enviados por los compradores, un matrimonio croata residente en Viena. Para tal fin, trató de desvincular su llegada haciendo pasar antes los fondos por otra cuenta en Ginebra, existente en el Arab Bank. A continuación pagó a los fabricantes polacos en cuentas de dos bancos luxemburgueses. Retuvo una comisión que su abogado suizo, François Canonica, cifra en solo en cien mil dólares, admitiendo que en la bodega del "Nadia" no hubo azúcar ni café destinado a Yemen sino armas para el desmembramiento de la ex-Yugoeslavia. Pero Suiza no pudo condenar expropiando el suculento residuo financiero pues la ley local exige que el cargamento haya transitado físicamente por territorio helvético, o que el responsable sea suizo o tenga domicilio en el país. España declinó de hacerlo a pesar de estar habilitada por la escala en Ceuta y la declaración apócrifa del contenido y el último usuario de lo que se disimulaba en bodega del navío despachado por Monzer, quien sigue afincado oficialmente en Puerto Banus.

El 22 de noviembre de 1999 la Corte de Justicia de Ginebra resolvió inicialmente contra Al Kassar, quien reclamó de inmediato la reintegración del dinero recurriendo a la Casación cantonal, que confirmó la sentencia adversa en febrero de 2002. Sin embargo su apelación posterior al Tribunal Federal le dio razón el 11 de junio pasado, remitiendo el sumario a Ginebra, que dictaminó la restitución de los fondos este 12 de marzo de 2003. El vencedor de semejante batalla judicial es François Canonica, abogado de Monzer, recientemente señalado por la sofisticada empresa de detectives privados de Nueva York "Kroll Associates", como uno de los supuestos testaferros en Ginebra de Barzan Al Tikriti, detenido en Bagdad este 17 de abril, cabeza visible de la retaguardia financiera de la dictadura iraquí en el extranjero, hermano de Sadam Hussein por parte de madre y su consuegro dadas las nupcias de una de sus hijas con Uday, uno de los dos hijos varones de Sadam. Otrora jefe de los servicios de inteligencia de Irak, Barzan fue embajador de su país en Ginebra de 1989 a 1998, ciudad donde dispone de un palacete de 6 millones de dólares en el que vive su hijo Mohammed. Kroll denuncia a Barzan de ser el titular de 65 toneladas de oro encubiertas detrás de sociedades instrumentales, una de las cuales es "Dynatrade", cuyo secretario general es François Canonica, quien niega todo pero no ha presentado querella alguna contra su acusador Jules Kroll, director de la "CIA de las finanzas", probablemente la agencia privada de investigaciones más temible de los Estados Unidos.

* Sobre las andanzas de Al Kassar, Juan Gasparini (Argentina) es coautor con Rodrigo de Castro (Chile) de "La delgada línea blanca" (Ediciones B, Buenos Aires, diciembre de 2000), premio internacional Rodolfo Walsh de literatura de no ficción de la Semana Negra de Gijón, España, 2001.

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