Año 2 N.35, abril 28, 2003
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Guerra en Irak
Balance de una aventura
( Escribe Theotonio Dos Santos )Parece cada vez más volátil el balance de la aventura norteamericana en Irak. Así como la invasión deAfganistán no resultó en la prisión del principal objetivo de la acción militar, Osama Bin Laden -que continúa vivo y activo así como su grupo terrorista que, según declaraciones de los responsables de la inteligencia norteamericana, está en capacidad de acción quizás mayor que en 2001-, la gigantesca y sangrienta operación militar en Irak no ha terminado con la captura o muerte del enemigo número uno: el señor Saddam Hussein. Tampoco está asegurado aún que la milicia republicana que lo apoya militarmente haya sido destruida, ni que los demás miembros de su gobierno estén capturados o muertos.

Como en el caso de Afganistán, no hay ninguna garantía que se pueda establecer un gobierno estable ni de lejos un gobierno democrático en el país entregado a los señores de la guerra locales y regionales, a los jefes de tribus y religiosos. Si en el caso de Afganistán se fortalecieron los jefes políticos del norte, cuya relación privilegiada con Rusia es por demás conocida, en Irak salen fortalecidos los líderes chiítas, que podrán articularse en un futuro próximo con los fundamentalistas de Irán. Por otro lado, en el norte se fortalecen los kurdos, en choque con Turquía e Irán, anunciando un período cada vez más grave de conflictos en la región.

Quizás este sea el objetivo, tener un Oriente Medio totalmente desestabilizado, conflictivo e inestable, en la cual las bases norteamericanas sean el elemento clave ordenador, junto con la fuerza militar de Israel. Por cuánto tiempo podrá sobrevivir una estrategia de ocupación como esta es difícil saber...

Es claro también que estas bases norteamericanas serán un blanco frecuente para acciones terroristas, pero quizás, otra vez, esta exposición de los soldados norteamericanos a acciones de terror haga parte de la estrategia de ocupación debido a los efectos de cohesión interna que pueden producir en Estados Unidos.

Es difícil saber exactamente todos los objetivos de estas acciones, cuando conocemos los sucesivos documentos del Project for the New American Century , firmados, entre otros, por los actuales Secretario y Vice-secretario de guerra en los Estados Unidos, señores Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz. Desde 1997, en su Declaración de Principios y, en 1998, en carta al presidente Clinton, estos señores exigían la invasión de Irak, como condición necesaria para garantizar la seguridad norteamericana en el Oriente Medio y como demostración de la eficacia de las nuevas estrategias militares norteamericanas.

Desde entonces y en varios documentos posteriores se va definiendo cada vez más claramente los principios que orientaron la acción militar en despliegue en Irak y en todo el Oriente Medio. Incluso se advierte claramente sobre el error de hacer depender a la política norteamericana de la unanimidad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Es parte esencial de su declaración de principios el incremento significativo de los gastos militares, cuyos cortes fueron realizados por el presidente Clinton permitiendo el restablecimiento del equilibrio fiscal norteamericano y la viabilidad del auge económico de 1994-2001. Este es pues uno de los puntos más críticos de la estrategia militar de este grupo de delirantes. Ellos no cuentan para nada con las dificultades del déficit fiscal norteamericanos a pesar de apoyarse en una doctrina económica neoliberal, basada en el libre mercado y en el equilibrio económico como fundamento de este libre mercado que aseguraría el crecimiento económico y la eficacia de la economía.

Ya hemos señalado en varias oportunidades las contradicciones entre la doctrina neoliberal y su práctica. Los mismo señores que defienden el equilibrio de los fundamentos macroeconómicos son los primeros en romperlo y conducir a la humanidad hacia los más violentos desequilibrios macroeconómicos de su historia.

Esta es la situación a que nos llevan estos halcones en el presente momento: ellos empantanan la economía norteamericana en el mayor déficit fiscal, comercial y de cuenta corriente de toda la historia de la humanidad. Los efectos de esta situación ya se sienten en la devaluación del dólar como moneda de reserva mundial y en la aceptación de los bonos de la deuda pública norteamericana.

En este contexto, es impresionante ver la creciente importancia del euro como moneda de reserva que Saddam Hussein intentó establecer para los países petroleros que componen la OPEP. Pero no debemos considerar esta una causa aislada de la aventura norteamericana cuando sabemos que los actuales protagonistas de esta invasión ya la defendían con tanto énfasis en 1997.

Debemos acordarnos también de los vínculos de este grupo con los intereses del sector petrolero norteamericano al cual se ligan tan directamente el presidente y el vicepresidente de Estados Unidos. No hay duda que la estrategia de acción en Afganistán y en Irak está directamente ligada a los análisis de este grupo sobre las dificultades energéticas de los Estados Unidos en los próximos 20 años, cuando este país no podrá atender ni la mitad de las mismas.

En este contexto se hace muy difícil compatibilizar los intereses contradictorios que condicionan su economía. Si de un lado, la desestabilización económica generada por los déficit fiscal y de balanza de pagos amenazan históricamente el dólar y ponen en riesgo la superioridad financiera de esta economía, por otro lado, las necesidades de la hegemonía militar y energética exigen un poder militar y un gasto externo (sobre todo en bases militares) desproporcionado.

Al mismo tiempo, la mantención de una moneda sobrevaluada, para garantizar la hegemonía financiera de EEUU, conduce a un déficit comercial cada vez más gigantesco y a la pérdida de una hegemonía comercial que estuvo en la base da la expansión del poder imperial.

El auge del fundamentalismo

El resultado de este balance inicial es por lo tanto muy paradójico. La aventura militar que busca garantizar un liderazgo incontrastable de Estados Unidos en el mundo se muestra en primer lugar muy precaria desde el punto de vista militar, pero sobre todo se revela extremamente débil en el plan económico. Y si así es, se puede decir que la base económica para esta expansión militar deberá faltar en un horizonte de tiempo mediano.

Pero, hasta que llegue este momento, los efectos morales, psicológicos, políticos y culturales de la aventura militar ya estarán actuando. Ahí será casi imposible separar unos de los otros. El aislamiento diplomático a que llegó el gobierno Bush en el presente momento deberá producir marcas profundas en la mente de las personas y de los pueblos y sus gobiernos.

El peligro de un antiamericanismo conservador y hasta reaccionario puede inducir a una confusión negativa entre las fuerzas imperialistas norteamericanas y los ideales de democracia y libertad que utilizan sus ideólogos para justificar sus acciones de intervención en los negocios internos de otros pueblos.

Los costos terribles y las llagas psicológicas de la derrota pueden generar un ambiente favorable hacia soluciones fundamentalistas. En el Oriente Medio este peligro es cada vez más evidente.

La acción estadounidense en la región fortaleció en los años 80 a los fundamentalismos religiosos para combatir los regímenes modernizadores y laicos del socialismo árabe. Ahora en los años 2000 estos regímenes fundamentalistas se expanden en oposición a la intervención norteamericana en la región y su alianza con el fundamentalismo religioso-político instaurado en el poder en Israel.

La caída de un régimen laico en Irak (por más autoritario y violento que se manifestase) vuelve a fortalecer los fundamentalismos que se muestran antiamericanos y hasta reaccionarios al defender una República Islámica.

Al contrario de lo que defienden los líderes de la derecha americana, parece que la misión norteamericana tiene mucho más de sepulturero que de partera de la democracia y de la libertad.

* Profesor titular de la UFF, coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-UNU sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible.


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