Año 2 N.35, abril 28, 2003

Crónica de un barrio en EEUU

Compren, vayan a la iglesia, apoyen a Bush y esperen por el Armagedon

En mi vecindario de recortado césped y garajes de dos o más autos, con uno o dos vehículos aparcados al frente, conté 15 banderas estadounidenses en menos de cinco minutos de mi lento trote, la mayoría de ellas nuevas desde la invasión de EEUU a Irak. Una casa tenía un cartel con una bandera estadounidense ondeando sobre un mapa de Irak. Los estadounidenses aprenden geografía por medio de la guerra, experimentan los traumas de la batalla -bueno, virtualmente- y vitorean a los buenos.

Sabemos que somos buenos porque Dios bendice a Estados Unidos y jode a nuestros enemigos -con la ayuda de mísiles, bombas, tanques y otra tecnología de guerra con la cual Él nos ha bendecido. Nuestro Dios ama la paz y nos mantiene, como dijo ocurrentemente Gore Vidal, en "guerra perpetua". A nuestro Dios no le gusta la oposición, desde dentro o desde nuestros ex amigos en el extranjero. El ha dicho a nuestros líderes, todos los cuales están en estrecho contacto con El, que castiguen tal comportamiento herético.


Nuestro Dios es de amor y compasión, aunque parece que actúa movido por la ira y la venganza. Pero algunos de los medios, en particular Fox y la CNN, parecen haber encontrado oculta en las regulaciones de la FCC alguna cláusula que dicta que su principal tarea de información es seguir las órdenes de sus líderes políticos elegidos por Dios -ya que no fue la mayoría quien los eligió. Ex oficiales, como el teniente coronel Oliver North, quien violando la ley conspiró para vender mísiles a Irán en los años 80 a fin de financiar a los contras nicaragüenses -otra violación de la ley-, ahora aparecen como honrosos expertos de la guerra y alentadores de nuestras tropas.

El 6 de abril, antes de correr por mi vecindario, miré las imágenes televisivas de bombas y proyectiles de artillería diezmando a Irak, mujeres y niños iraquíes implorando agua. Una escena mostraba un hospital repleto sin agua corriente, por lo que el médico no podía preparar la mezcla para hacer un yeso para el brazo fracturado de un niño.

En la pantalla las imágenes más horribles provenían de fuentes no estadounidenses, incluyendo a la Agence France Presse. Cuerpos mutilados de niños y adultos que lloraban mientras sujetaban a sus hijos muertos. Liberar a Irak. ¡Sí! La muerte es la liberación definitiva.

Bush ha implantado "una visión mundial que es intrínsecamente paranoide", escribe el filósofo François Bernard en la edición del 31 de marzo de Ha'aretz, imbuido de visiones de las más regresivas Cruzadas, bañado en un atemorizante simbolismo que ve en cualquier oposición externa evidencia de un crimen y donde cada decisión y cada acción lleva el sello de la vengativa divinidad. Desde el 11/9/01 -¿fue este el trabajo del Diablo?- Dios ha emergido como la fuerza dominante de la política de EEUU. Este Dios predica la democracia, aunque su significado aún no está claro. Tiene algo que ver con el bien, Estados Unidos, el Reino Unido y otros miembros de la coalición de los dispuestos, en contra de los ejes del mal y sus socios tácitos en la maldad.

Nuestro Dios nos enseña que comprar e ir a Disneylandia constituyen los mayores valores espirituales -después de asistir a la iglesia una vez a la semana. Nuestro Dios nos ha seleccionado entre los pueblos, aunque procedamos de todos los pueblos, como su elite elegida para residir en su Tierra Prometida. Después de todo, los Puritanos de la Bahía de Massachusetts creían en ese mismo carácter distintivo, como lo hicieron los primeros propietarios de esclavos en el Sur. Ya que Dios los había enviado a esta tierra sin darles primero el conocimiento de la agricultura, El debe haber querido que adquirieran esclavos para que hicieran el trabajo. ¿De qué otra manera podían permanecer libres para tener pensamientos nobles, dedicarse a alegres aventuras sexuales con sus sirvientes más complacientes y componer cantos patrióticos?


Personas bien vestidas salen de las iglesias, se montan en sus SUV y se dirigen a sus casas de más de 400 mil dólares. Algunos verán los deportes en la TV; otros leerán la "prensatituta", como la llama Uri Avnery, que reporta las noticias de la guerra de Irak. "Su pecado original", dice él, "fue su aceptación a 'encamarse' en unidades del ejército". Este término estadounidense suena como si se los llevaran a la cama, y es lo que sucede en la práctica. Un periodista que se acuesta en la cama de una unidad militar se convierte en esclavo voluntario. Está agregado al personal del comandante, llevado a lugares en los que está interesado el comandante, ve lo que el comandante quiere que vea, se le excluye de los lugares que el comandante no quiere que vea, oye lo que él quiere que oiga y no oiga lo que el ejército no quiere que oiga. Es peor que un vocero oficial militar, porque pretende ser un reportero independiente. El problema no es que sólo vea una pequeña pieza del gran mosaico de la guerra, sino que transmite una visión mendaz de esa pieza.

1.

Los reportajes color rosa de las "noticias" del triunfo continuo de las tropas de la virtuosa coalición sobre las fuerzas del mal que pelean injustamente dan a varios residentes de mi vecindario suburbano una razón para sentirse virtuosos, si no es que se sienten realmente piadosos en su apoyo a la política de la Administración Bush. Esos seguidores de Bush con los que he hablado no ven relación entre sus cómodos estilos de vida y la devastación que los militares estadounidenses han infligido a Irak. "Ahora nos hemos desquitado de lo que nos hicieron", dijo un gerente de ventas de una cadena hotelera local. Se refería al 11/9, como si Saddam Hussein y los iraquíes hayan realizado verdaderamente esos hechos horribles. "No van a tratar de hacerlo otra vez", dijo presumidamente. Casi la mitad de los estadounidenses encuestados culpan a Saddam del 11/9 -gracias a las constantes referencias que el Presidente Bush hace de "sus relaciones" con los terroristas, reportadas sin ningún comentario crítico por parte de los medios.

La mayoría de los estadounidenses no tienen acceso por medio de la TV o de la prensa diaria a reportajes críticos provenientes de Irak. El 8 de abril, Robert Fisk, de The Independent, entregó el siguiente reporte:

"Luce muy bien en televisión, los infantes de Marina estadounidenses a orillas del Tigris, la visita tan simpática al palacio presidencial, el video del inodoro dorado de Saddam Hussein. Pero los inocentes están sangrando y gritando de dolor para darnos nuestras excitantes imágenes de televisión y brindar a los señores Bush y Blair su alardoso discurso de victoria. Observé a Alí Najour, de dos años y medio, agonizar en la cama, sus ropas empapadas en sangre, un tubo por su nariz...

Ignorantes del dolor iraquí y por tanto indiferentes, uno pensaría que estos habitantes de los suburbios al menos responderían a la crisis fiscal de su Estado. ¿Cuánto tendrán que pagar cuando comiencen los planes de reconstrucción de post guerra para Irak? Los californianos, que ya se enfrentan a un déficit estatal de $35 mil millones de dólares, están a la espera de pagar mayores impuestos estatales y locales para compensar el déficit de las asignaciones anuales a los estados por parte del gobierno federal. No les parecen preocupar los costos adicionales para la reconstrucción de Irak. Cuando menciono las rebajas de impuestos para los muy ricos la mirada se les torna vidriosa.

También me he reunido con los renacidos programados, los que creen como robots que lo ven en la TV como la historia actual es el cumplimiento de la profecía bíblica. Una mujer mencionó las batallas de Gog y Magog que deben preceder al juicio final. Ella se identifica "100 por ciento con nuestro Presidente". El, al contrario del lascivo Bill Clinton, "es un cristiano verdadero". La mayoría de los vecinos con quienes hablé dijeron que el derramamiento de sangre les molestaba, pero "ese es un precio que tenemos que pagar por nuestra seguridad", dijo un hombre mientras podaba sus rosas.

En Irak los cristianos renacidos trabajan con los militares estadounidenses. Meg Laughlin citó al capellán Josh Llano, del Ejército Evangélico Cristiano, en The Miami Herald del 5 de abril. "Ellos piden agua. Yo tengo, siempre y cuando se bauticen", dijo. "De muchas maneras", escribe Laughlin, esto representa la verdadera mentalidad de los individuos que han promovido esta guerra. Es coherente con las acciones de esta administración durante los últimos tres años; recuerden que cuando nuestros aviadores estaban prisioneros en China en el 2001, el señor Bush sólo estaba preocupado por si tenían biblias.

Sin embargo, nada en la teología fundamentalista parece inhibir el consumo. Esta gente temerosa de Dios compra vehículos tragones de gasolina, paga a mexicanos para que corten el césped y echa sustancias químicas en sus piscinas y se va periódicamente de vacaciones a Las Vegas -donde Dios no siempre los bendice. En la iglesia escucha el piadoso sermón acerca de lo que significa ser cristiano en la vida diaria. Pero su interpretación de la Biblia no los sensibiliza ante el dolor de los iraquíes. Noto una sonrisa satisfecha, casi presumida, en el rostro de los hombres mientras anuncian su apoyo al presidente y su política.

Mis vecinos tienen problemas, como todos. Sus hijos criados en los suburbios a menudo beben y luego conducen, usan drogas y son arrestados, o sus promedios no les permiten entrar a la universidad. Pero muchos de los padres también tienden a usar sustancias adictivas y luego van a programas religiosos para recuperarse -o divorciarse, declararse en bancarrota o hasta suicidarse. Las personas con que hablé se consideran buena gente, bondadosos, caritativos. Como muchas familias de los suburbios, mis vecinos pasan parte de sus fines de semana en expediciones de compra de artículos para el césped, el jardín, el patio y la piscina, muebles para la casa, cosas para la cocina y, por supuesto, ropa. La mayoría no pueden comprender por qué algunas personas protestan de una guerra contra una bestia como Saddam Hussein en Irak.

"Esos terroristas hedonistas recibieron lo que se merecían", opinó una vecina de edad que desplegaba prominentemente una bandera en su césped. Ella acababa de regresar del servicio en su iglesia bautista, donde rezó por el Presidente Bush. Más tarde se aprovechará de una rebaja para comprar a sus nietos nuevas mochilas para la escuela. "Sabe Dios todo el uso que le dan". Yo asiento. Ella me dice: "Dios lo bendiga".

En Irak Saddam también invocó a Dios. La última vez que lo vimos seguía haciendo llamados a su pueblo para que resistiera en el nombre de la patria musulmana y de Alá. Parece que Dios ha perdido esta guerra. O quizás solamente esta batalla por Irak en los últimos días de la historia renacida...

Saúl Landau es profesor en la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del Instituto para Estudios de Política.


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