Año 2 N.35, abril 28, 2003

Cine

¡Hagan mía a Marvel!

Este fin de semana se estrena X-Men 2, que se une en cartelera a Daredevil. ¿Qué tienen ambas cintas en común? Que se basan en superhéroes de la editorial Marvel, la empresa de historietas más popular de los EE UU , creadora de un estilo que hizo furor en los adoles centes y universitarios de los 60 y que cambió para siempre la forma de hacer y escribir a estos enmascarados personajes .


Cuando nació Marvel, ni siquiera se llamaba así. De hecho, no imprimían cómics siquiera. Timely, la compañía que con los años sería aquélla que nos ocupa, era una empresa dedicada a la publicación de revistas pulp, esas publicaciones periódicas impresas en el papel de más baja calidad, de bordes irregulares y dedicadas a las literaturas de géneros como el western, el policial, el romance, la fantasía o la ciencia ficción. Fue justamente en este último campo que Timely inició en 1939 la publicación de su revista mensual Marvel stories, aprovechando la bonanza que el género vivía.

Pero National Publications (ahora conocida como DC Comics), había encontrado un nuevo y lucrativo negocio: los comic books -llamados así porque en principio se dedicaban a recopilar las tiras cómicas de los periódicos-, revistas de cerca de 40 páginas originales dedicadas a superhéroes, hombres disfrazados y con poderes sobrehumanos que combatían al mal. La gracia es que estas historias -que no se diferenciaban tanto de las de héroes pulp como Doc Savage o la Sombra- es que eran ilustradas y narraban en viñetas entendibles hasta por los críos que no sabían leer. Timely no se quedó atrás y publicó Marvel Cómics, que en su primer número traía el debut de La Antorcha Humana.

La década de los 40 fue una jauja para los editores de cómics, que se dedicaron a sacar superhéroes a destajo y entre los tantos personajes creados para Timely en esa época destacan el Capitán América, Namor o la Visión. Pero los 50 fueron todo lo contrario, gracias a la nefasta influencia del libro "La seducción del inocente", una obra escrita por un psicólogo tendencioso donde, sin nigún fundamento científico valedero, calificaba a los cómics -de superhéroes y terror, en especial- como influencia nefasta para las mentes jóvenes y sensibles. Tras este traspié, Timely se dedicó a hacer cómics románticos, de guerra o vaqueros.

A principio de los 60, la editorial andaba en un pie no muy auspicioso del cual la sacaría Stan Lee, un veterano guionista todo terreno que tanto hacía historias de amor como relatos de monstruos, en los cuales últimamente era apoyado por otro veterano de los 40, un dibujante llamado Jack Kirby. Juntos, ofrecieron un proyecto interesante: aprovechar el tirón que venía trayendo National desde 1956 al reactualizar sus héroes de antaño, pero creando personajes nuevos. Una vez dado el vamos, se pusieron manos a la obra y en 1961 aparecía el primer número de Los Cuatro Fantásticos, donde cuatro astronautas se exponen a los rayos cósmicos y vuelven con superpoderes al planeta, poderes que son al tiempo bendición y molestia. La gracia es que Lee se dedicó a hilvanar los capítulos de sus historias, de forma tal que lo que sucedía en el número 1 era recordado y tal vez de cierta importancia en el 6, aparte de tener algunas tramas que seguían de número en número, muy diferentes a las historias autoconclusivas e inconexas de la competencia y, a incluir lugares reales y reconocibles como escenario de sus argumentos. El éxito no se hizo esperar y pronto surgieron otros personajes como Hulk, Iron Man, los Vengadores, los asombrosos Hombres X, Capitán América o Spiderman.

El único pero para su desarrollo fue el tema de la distribución. Por contrato con la empresa que se dedicaba a poner sus revistas en los quioscos de todo el país, Marvel sólo podía publicar un máximo de 8 títulos al mes. Este distribuidor draconiano no era otro que DC Comics, que se encargaba así de frenarle el impulso a su maravillosa competencia, pero Lee fue más ingenioso aún y creó un sistema que le permitía tener tantos personajes y revistas como quisiera: la publicación bimestral. Títulos exitosos como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos (4F) y otros antológicos (que reunían aventuras cortas de más de un personaje, y muchas veces para presentarlo) como Tales to Astonish, eran mensuales, mientras que otros a prueba como Uncanny X-Men o Daredevil tenían la bimestralidad hasta que demostraran ser exitosos.

La otra genial idea de Lee fue crear un universo propio que interactuara entre sí. Muchas veces en el pasado habían existido los grupos de superhéroes -como la Sociedad de la justicia de los 40-, pero éstos se reunían sólo en las páginas de su revista y los héroes no se hacían "visitas" entre sí. Lee cambió todo eso: además de darles un lugar real y con referentes claros para todos los lectores (la mayoría de los héroes de Marvel empezaron sus andanzas o tienen sus bases en Nueva York), decidió que, dado que todos eran vecinos, debían encontrarse de vez en cuando. Y para hacer más interesante el cuento, siempre los héroes tenían malos entendidos y se peleaban entre sí. Nada de difícil, si recordamos que en un principio Spiderman era perseguido por la policía, los X-Men eran discriminados por la población normal (bueno, eso no ha cambiado mucho) y Hulk era cazado por el ejército. Y no era cosa sólo de héroes: los villanos de un título bien podían enfrentarse al protagonista de otro; así se explican los números de Spiderman donde debe enfrentarse al doctor Doom, archienemigo de los 4F o el que Kingpin, enemigo número 1 de Daredevil, hiciera de las suyas contra el arácnido o Punisher.

Otra buena idea del guionista fue hacer a los personajes más humanos, con vidas normales (todo lo normal que puede ser la de un tipo que se pone un disfraz para combatir el crimen en las noches) y problemas cotidianos: Reed Richards, líder de los 4F estaba comprometido (y se casó) con Sue Storm, la mujer invisible; Peter Parker se resfriaba y perdía una pelea -aparte de tener pésima suerte con las mujeres-, Matt Murdock, alias Daredevil, era un abogado ciego, etcétera.

Pero además de Lee, que en los primeros seis años guionizaba más del 80 por ciento de los títulos de la casa, el otro pilar de esta cuna de ideas era Jack Kirby, que hacía lo mismo que Lee pero dibujando. Su estilo característico, de formas cuadradas, perspectivas extremas que daban a sus viñetas un dinamismo mayor al de otros colegas, grandilocuente y con mucha tecnología alambicada y rimbombante, marcó toda esa década y le hizo un favorito instantáneo del público y una referencia mayor a futuro que la del propio Lee. No hay dibujante de cómics de la actualidad que no mencione entre sus influencias más notables al rey Kirby, que al mismo tiempo marcó una forma totalmente nueva de narrar en historietas de superhéroes.

Las restricciones para Marvel terminaron en 1968, cuando consiguieron un distribuidor que les permitió publicar todo lo que quisieran; la editorial se expandió y copó el mercado, pero también perdió a Kirby, que prefirió irse a DC. A pesar del éxito de Spiderman y los 4F, los mejores años de Marvel estaban por llegar gracias al relanzamiento de los X-Men, cancelados por sus bajas ventas, y su repentino éxito de 1975, que se ha mantenido hasta el día de hoy.

Pero esa es otra historia, de un tiempo menos romántico y de una empresa que ya no era parada por un puñado de entusiastas algo locos.


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