Antes de que Canal 13 lo reclutara como animador del primer "reality show" de la televisión chilena, Sergio Lagos sólo era uno más de entre los muchos nombres que se repiten en nuestra farándula criolla. Su buena pinta y soltura lo fueron transformando durante el último tiempo en número puesto de estelares como "Noche de juegos" o "Por fin es lunes", en donde se sentía a sus anchas como parte de una fiesta cuyas luces, que aunque siempre miró con recelo, ya lo tenían lo suficientemente encandilado como para embarcarse en el proyecto de la estación del angelito.
Nacido en Concepción hace tres décadas, Lagos vivió en varias ciudades acompañando a su madre antropóloga por distintas caletas del sur chileno. Emigró a Santiago a estudiar periodismo en la Universidad Andrés Bello, donde conoció a su mentor Rafael Otano, quien se lo llevó a trabajar con él en la desaparecida revista Apsi. En esos tiempos Sergio Lagos escribía crónicas en la revista y cuentos que esperaba algún día publicar. Luego vino radio Rock & Pop y su imagen comenzó a hacerse conocida cuando Iván Valenzuela lo llamó para conducir un programa musical en la naciente estación televisiva del mismo nombre.
El programa "Dínamo" es recordado con bastante simpatía por los músicos que lo visitaron. Reconocen que Sergio sabía de lo que hablaba cuando lo hacía y que no era el típico conductor de programa musical que le pregunta a los integrantes de una banda cuál es el instrumento que toca cada uno, aparte de ser agradable tanto delante como detrás de las cámaras. Se le veía como un joven inquieto e inteligente que buscaba abrir espacios para la música chilena, entre la que también se cuenta su propio grupo de música electrónica, Marciano, que el año pasado lanzó su tercer disco.
Cuando Canal 2 terminó con sus transmisiones, Lagos se cambió a un canal de similar perfil. En Chilevisión se embarcó en un proyecto llamado "El futuro de Chile" que en cada capítulo abordaba un tema de contingencia preferentemente en relación con la juventud. El problema fue que el programa lo daban los viernes en la noche y los pocos puntos de rating que lograba eran gracias a los pobres diablos que se quedaban castigados en sus casas los fines de semana. Fue en esa época, precisamente para las elecciones presidenciales de 1999, que fue atacado por su alcance de apellido con nuestro actual mandatario. Iba caminando por el sector oriente de Santiago cuando un grupo bajó de un auto, le tiró unos huesos de pollo en mofa por los DDDD y le dio gran paliza. "Por tu tío", le dijeron. El pobre no atinó más que a cubrirse la cabeza para salvar su humanidad del atropello.
En vista del poco éxito del espacio, Chilevisión decidió explotar el lado payasesco de este periodista, lo que consiguió con creces. "Panoramix", de lunes a viernes, se transformó de un momento a otro en la alternativa al exitoso "Mekano", de Mega. En un programa sin contenido como lo era el espacio, lo del animador era básicamente pararse y tontear frente a la cámara durante una hora, y le fue bastante bien. Fue ahí cuando comenzaron a aumentar las invitaciones a los estelares, donde Lagos hacía imitaciones o deslumbraba al público cantando tangos, y también las notas periodísticas cuyo centro era el propio animador. Tocaba o mezclaba música casi todos los fines de semana en la "Casa Club", un pub de su propiedad ubicado en Pío Nono, en el barrio Bellavista. El local fue durante algunos meses punto fijo de la escena musical criolla, que al cerrar se trasladaba en masa a su casa de calle Lastarria, cerca del Parque Forestal, tiempo en que comenzaron las famosas fiestas que hicieron portada hace algunas semanas.
Con fama de gran galán sin compromisos (donde pone el ojo pone la bala, dicen) y rostro gancho de la pantalla, Lagos aceptó el proyecto que lo llevaría a ser más famoso que los catorce "protagonistas". A sabiendas de que este tipo de programas era éxito seguro, Sergio Lagos parecía a veces el verdadero centro del programa de la casa-estudio y no el puente conductor entre los enclaustrados y el público televidente. En este ambiente de permanente jolgorio fue que apareció el titular de Las Ultimas Noticias: "Locas fiestas de Sergio Lagos indignan a sus vecinos". En ese momento el animador estaba en boca de todos: el sueño de los chicos que monitoreaba desde el estudio se había hecho realidad más para el conductor del programa que para quienes luchaban por ganar el juego. Al suceder el episodio del diario, Lagos bromeó sobre el asunto y mencionó que sólo habían sido un par de fiestas y que los reclamos provenían de un par de vecinos.
Para quienes conviven con él en el edificio de calle Lastarria, lo que Lagos quiere hacer es mostrar que está allí, extrapolar su figuración pública dentro de la comunidad. Sus jolgorios son en grande, dicen que tal vez demasiado. Desde que adquirió el inmueble en marzo de 2002, la música electrónica se ha convertido en pesadilla para parte de los vecinos del edificio (la parte que no asiste). Se le pidió la intervención a la administración y luego a Carabineros, pero en vista de que la autoridad no hiciera más que bajar el volumen por un rato, los afectados decidieron acudir donde más le doliera: su imagen pública.
Actualmente esta imagen de centro de mesa se ve aumentada en la conducción de "Encuentros cercanos", en donde se comentan las aventuras del nuevo reality de UCTV "Conquistadores del fin del mundo". Ahí Lagos literalmente se transforma en florero al animar gran parte del programa parado sobre la mesa en torno a la cual conversan los invitados.
Pero, ¿hay algún problema con todo esto? A simple vista, no. Sin embargo, Sergio Lagos era un tipo que constantemente criticaba al ambiente televisivo y farándulesco por su frivolidad y falta de contenido, sobre todo cuando se utilizaban como meros generadores de dinero, espacios que podrían servir para comunicar cosas importantes a la población.
Actualmente este periodista se ha convertido en lo que odiaba, en cierta forma es incluso un peligro para la cultura nacional. Al repetir constantemente que lo bueno de "protagonistas", es que esos catorce muchachos son representantes o espejos de la juventud chilena, no sólo está dejando fuera a todos aquellos que no pudieron quedar en el programa por no cumplir los requisitos impuestos por la estación, sino que también a todos aquellos jóvenes que no quisieron postular por, simplemente, no sentirse representados por boludeces. Meter a tal cantidad de personas en un mismo saco, es marcar a un inmenso grupo etéreo dentro del arquetipo del exitismo. Lo que, al parecer, ha sido el gran pecado de nuestro prontuariado.
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