Año 2 N.36, mayo 12, 2003
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Paro ad portas
¿Mayor adaptabilidad?
( Escribe Patricia Santa Lucia )Las últimas movilizaciones del 1 de mayo y el paro acordado por la CUT para el 16 de agosto han abierto nuevamente la discusión sobre la necesidad de seguir reformando la Ley laboral. Se exige una mayor "adaptabilidad laboral" para dar mayor seguridad al capital, aumentar la rentabilidad de los negocios y así atraer mayores inversiones que estimularán el crecimiento económico, única forma de generar empleo y de favorecer a los sectores más pobres de la sociedad chilena.

Es difícil imaginar una mayor adaptabilidad laboral a la ya existente. La dictadura, con sistemática prolijidad, destruyó al movimiento obrero, política, sindical, social y económicamente y pocos cambios lograron las reformas laborales, que con lentitud ha implementado la democracia, debido a: la nula fiscalización del Estado, cuya Dirección del Trabajo cuenta sólo con 330 Inspectores para todo el país; el desempleo que ha precarizado los mercados laborales y por tanto devaluado el poder de los trabajadores organizados; y la condescendencia generalizada de la clase dirigente con los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales.


La jornada de ocho horas y los mártires de Chicago en Chile forman parte de una cultura tan desconocida y decimonónica, como la ética, la austeridad, el sacrificio por los demás, la solidaridad y el respeto a la propiedad pública.

Los trabajadores que en la actualidad cumplen jornadas de trabajo de 16 horas, 3 horas de transporte, 4 horas de sueño y 1 de entretención se sienten privilegiados de poder trabajarlas y es fácil comprobar que otros, como los empleados del comercio detallista de malls, grandes almacenes y supermercados, trabajan aún más de esas 16 horas, sin descanso, por temor al desempleo o para mejorar sus magros salarios.

INDEMNIZACIONES EN RIESGO

No hay seguridad laboral, lo que se expresa en los periódicos despidos masivos y en el clima en que se desenvuelven los asalariados que aún conservan sus empleos. Más vulnerables aún, son aquéllos que trabajan en sus casas a maquila, sin horario, sin previsión y con miserables pagos a destajo.

Analizando este cuadro, se puede concluir que los únicos aspectos de la legislación laboral que aún restringirían "la adaptabilidad" de la disminuida fuerza de trabajo del mercado formal, y que los economistas del régimen consideran desincentiva la inversión privada, lo constituyen: el pago de indemnización por despido y el salario mínimo. Conclusión reconfirmada al observar la "reingeniería" implementada hasta ahora por el capital privado en Chile que básicamente ha consistido en despedir al personal más antiguo y más caro reemplazándolo por jóvenes sin capacitación, organización y conciencia reivindicativa o externalizando funciones y tareas a empresas intermediarias que contratan por hora a personal temporal.

La eliminación del pago de indemnizaciones también se hace imprescindible para hacer más atractiva la compra de las empresas estatales que aún quedan por privatizar como ENAP, el Bancoestado, Codelco y algunas sanitarias, empresas que no serían suficientemente rentables para el capital privado con personal antiguo, con salarios altos, derechos adquiridos y protección de su organización sindical. De esta manera, la adaptabilidad laboral estimularía la inversión y también contribuiría a terminar de ordenar la economía, robusteciendo las arcas fiscales para llevar a cabo el programa social del Presidente Lagos.

Sin embargo, no se informa a la ciudadanía que no todas las inversiones generan empleo, ni siquiera todas las que surjan como consecuencia de los tratados de libre comercio. Que en el Chile actual, las actividades más rentables se concentran en el sistema financiero, los mercados especulativos, servicios como los proporcionados por Isapres y AFPs y en grandes empresas trasnacionales de tecnologías intensivas en capital y que Chile no tiene condiciones en el corto plazo de desarrollar actividades económicas de punta, como todas las relacionadas con la era digital. Tampoco que el perfil técnico de los desempleados chilenos, de los empleados que trabajan por salarios menores al mínimo legal o de los egresados de los sistemas de educación y capacitación que existen en el país, no se adecua a los requerimientos profesionales de esta industria.

En otras palabras, los niveles atractivos de rentabilidad, basados en la precarización del trabajo y el abaratamiento de la mano de obra, no aseguran el dominio de los mercados. Tampoco la firma de tratados de libre comercio, que imponen una dura competencia en la que Chile participa con una estructura productiva basada en, cada vez más baratas, commodities. "Una commodity vale ahora el 20 por ciento de lo que valía en 1845 y los países que tratan de competir con materias primas y sin conocimiento son cada día más pobres" (As The Futures Catches You, J. Enríquez).

La commodity del futuro es el conocimiento y este bien es escaso en Chile: los sistemas educacionales, formales e informales, no entregan la calificación que requiere la competitividad mundial, no hay desarrollo de la investigación, los sectores de menores ingresos no pueden acceder a una educación de buena calidad y las universidades estatales cuentan con presupuestos escasos viéndose obligadas a conseguir recursos aún arriesgando su prestigio ético.

La viga maestra del desarrollo chileno, como alguna vez lo fue el cobre y ahora los tratados de libre comercio, es la educación y el desarrollo tecnológico, porque en la era digital, sólo los pueblos que entienden cómo generar conocimiento y protegerlo, cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse de que queden en el país, serán los exitosos.

La tendencia mundial, y también en el largo plazo en Chile, es el crecimiento progresivo de actividades productivas poco generadoras de fuentes de trabajo, incluso importantes actividades chilenas como la minería y la industria forestal. La agricultura constituye sólo el 4 por ciento de la economía mundial, la industria un tercio y los servicios dos tercios de ésta (datos de 1998).

Chile no produce conocimiento y en ese sentido se encuentra más atrás de otros países latinoamericanos. México, Brasil y Argentina, por ejemplo, duplicaron las patentes generadas entre 1985 y 1998. La situación de Chile es incomparable con los países asiáticos que dieron impulso a su educación. Entre 1985 y 1998, Corea aumentó de 50 patentes anuales a 3400. Sólo la Compañía coreana Samsung es el cuarto productor de patentes totales en USA.

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