Año 2 N.36, mayo 12, 2003
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Elecciones en Argentina
Menem entre tirar la toalla y el knock out
(Por Carlos A. Suárez)Uno de cada cuatro argentinos votó el 27 de abril por el regreso de Carlos Menem. Un buen piso para encabezar la primera ronda electoral, aunque sólo Menem cree que ese 25 por ciento de votos no esté próximo al techo que logre en la segunda vuelta, que se realizará el próximo 18 de mayo. De no acontecer un milagro, el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, será el próximo presidente de los argentinos a partir del 25 de mayo.

Eduardo Duhalde, el actual mandatario, que disfruta por anticipado esta victoria sobre su histórico rival, sentenció que Carlos Menem pierde "por abandono o por knock out". "Estoy en el centro del ring", replicó el ex presidente de Argentina, que sigue en campaña con tesón, apuntando a crecer en el Gran Buenos Aires, el principal conglomerado electoral del país, donde Nestor Kirchner le sacó una ventaja decisiva.

Conocidos los resultados, Kirchner permaneció tres días en su territorio y viajó a Buenos Aires para realizar actividades más como presidente electo que de un candidato. Segundo, con algo más del 23 por ciento de los sufragios, el santacruceño debe todavía enfrentar el ballotage.

DESBANDE MENEMISTA


La afinada percepción de los caudillos peronistas, particularmente los intendentes que detentan el poder territorial, algunos desde 1983, se acercaron a ofrecer su apoyo al que consideran que saldrá triunfante. Más por la incapacidad de Menem de vencer al antimenemismo y por el apoyo del aceitado aparato duhaldista en la provincia de Buenos Aires, que por el capital propio del santacruceño. Kirchner, en realidad, dejó la campaña en manos de los punteros (operadores barriales) y no le ha ido mal, dicen en su comité de campaña. Recogió nuevos apoyos peronistas en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Y radicales en Córdoba, Mendoza, Catamarca y hasta en el Chaco. Además, optaron por él el ARI, los socialistas y los restos del Frepaso. López Murphy y los partidos de la izquierda tradicional propician el voto en blanco. Adolfo Rodríguez Saá negocia con ambos candidatos, pero su base electoral no respondería en bloque a la convocatoria de El Adolfo.

La foto de Kirchner con Lula y posterior visita a Chile obviamente sirven a la campaña; aunque especialmente ayudan a la construcción de una imagen de hombre de Estado, algo de lo que carece según sus adversarios. "Sin dudas vamos a vivir cambios en la región. La reunión con el presidente Lula será una fuerte señal hacia el futuro, en el sentido de alcanzar como prioridad los objetivos de integración política", dijo Kirchner al partir hacia Brasilia.

Además, en su reunión con Ricardo Lagos buscó recomponer su imagen ante la sociedad chilena, luego de haber sido uno de los mayores opositores al acuerdo por los hielos continentales.

El ex presidente calificó la gira por Brasil y Chile de su rival en la segunda vuelta electoral de "triunfalismo absurdo".

OTRO MENEM

En su desesperación por la pobreza del resultado -esperaba sacar una ventaja mayor- Menem impuso un giro a su campaña, convocando a figuras no comprometidas con su anterior gestión. Abandonó también el discurso neoliberal y conservador fundamentalista hacia orillas más populistas y demagógicas. Postularse como jefe del partido del orden, ante la inseguridad urbana y los piqueteros que cortan las rutas, amenazando con sacar el Ejército a la calle en una suerte de guerra a lo Bush, no dio los frutos pensados. El propio jefe del Ejército, general Ricardo Brinzoni, salió a curarse en salud: la fuerza no está para combatir a la delincuencia, le respondió públicamente. Otra jugada de Menem es presentarse como la alternativa al caos que, según él se produciría con Kirchner, al expresar su temor que a que el santacruceño "no termine su mandato" si gana las elecciones, porque "la gente volvería a reaccionar" con un estallido social similar al que causó la caída del gobierno de Fernando De la Rúa en diciembre de 2001.

A pesar de estas declaraciones y de los intentos de Menem por presentarse como alternativa, en su entorno se instaló el desconcierto y se pasan facturas entre los principales colaboradores. Unos consejeros piensan que las apariciones del ex presidente junto a su mujer, Cecilia Bolocco y el relato del embarazo aportan votos, otros sostienen que los "pianta" (ahuyenta), en términos lunfardos.

Mientras tanto, viejos aliados se preparan a migrar. Ejemplo notable es el intendente de La Rioja, la cuna del menemismo, que fue a rendirse ante Kirchner renegando de su ex jefe político, que de inmediato lo calificó de traidor.

Varios de sus amigos históricos, con las encuestas en la mano, le advirtieron a Menem que era el momento de renunciar, porque una avalancha de votos en su contra sepultaría su futuro político. Prepararon el escenario de una gran denuncia de fraude que habrían detectado en la primera vuelta; con tal mala suerte que eligieron como caso testigo a un "puntero" que justamente demostraría maniobras del menemismo y no de los duhaldistas. La acusación fue rápidamente desmontada. Entonces a las dos metáforas boxísticas de Duhalde se podría agregar una tercera: tirar la toalla.


El riojano repite una y otra vez que no "se baja". Aunque nadie descarta una jugada de último momento.

¿Qué pasa sí Menem desiste de competir? Automáticamente se proclama la fórmula de Kirchner-Scioli como presidente y vice de la república. Esta eventualidad ensombrece el panorama político. Kirchner se convertiría en el presidente que llega a la Rosada con el menor respaldo electoral de la historia. Con partidos fragmentados y algunos en proceso de extinción - el radicalismo que sólo alcanzó el 2,3 por ciento de los sufragios - una economía que sale lentamente de una depresión memorable y en medio de una crisis social inédita, llegar en esas condiciones al gobierno no es recomendable. Se trata asimismo de un año electoral, se renuevan concejales, intendentes, diputados, senadores y gobernadores.

Kirchner se enfrenta a la disyuntiva de mostrar una gran capacidad para construir un poder político propio o transitar el camino de Fernando de la Rúa.

La definición de mantener a Roberto Lavagna como ministro de economía, fue importante para tranquilizar a algunos sectores del pode económico y a los técnicos del Fondo Monetario Internacional, que dijeron estar sorprendidos por la idoneidad del equipo económico, que logro estabilidad y todo indica que se salió de la recesión. Cuando la mayoría de los gurúes pronosticaron un final apocalíptico del programa de Lavagna.

De todas maneras, el establishment local se inclinaba por un final entre Menem y Ricardo López Murphy, que no se diera así significó un derrumbe en la Bolsa. En vista de lo que viene las asociaciones empresarias se preparan a resucitar el Grupo de los Ocho, que desestabilizó los últimos meses del gobierno de Raúl Alfonsín.

La gobernabilidad, entonces, aparece como un tema central para el futuro gobierno argentino, que enfrentará la renegociación de la deuda, un nuevo acuerdo con el FMI, la decisión de aumentar las tarifas de los servicios públicos, reformar y hasta cierto punto refundar el sistema financiero, crear fuentes de trabajo para bajar una desocupación insoportable, atender reclamos sociales de todo tipo y la demanda de aumentos salariales de los que están ocupados. Los ingresos permanecieron estables o disminuyeron y los precios de los bienes de la canasta familiar aumentaron más del 100 por ciento por la devaluación.

En el crecimiento vertiginoso de la pobreza y la exclusión, tras la devaluación, se explica la adhesión a Menem entre los sectores marginados, que recuerdan con nostalgia los primeros dos años de la convertibilidad, el restablecimiento del crédito y la estabilidad de los precios de los productos básicos. Ciertamente, el colapso del 1 a 1 con relación al dólar, fue la coronación de un proceso recesivo desde 1998, creciente endeudamiento externo, fuga de capitales y altas tasas de desocupación durante la década de los 90.

La tragedia de la inundación de Santa Fe derrumba otra máscara de la política argentina de los últimos tiempos. El gobernador Carlos Reutemann, una de las reservas de la dirigencia justicialista que se impulsó con insistencia para que fuera el candidato y terminó apoyando a Menem vergonzantemente, enfrenta denuncias muy fuertes que ponen en duda su imagen de administrador equilibrado. No escuchó las advertencias de especialistas que desde 1992 sostenían que podía pasar lo que pasó. Hay más de mil desaparecidos y la reconstrucción de la ciudad costará unos mil 500 millones de dólares. El ex corredor de F1 podría pasar de la calificación de eficiente a un juicio por negligencia e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

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