Año 2 N.36, mayo 12, 2003
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Prontuario Arturo Prat Chacón
El Poemario popular y el 21 de mayo de 1879
( Escribe Marta Blanco )¡Qué va ha haber prontuario de Arturo Prat Chacón! El pueblo, muy temprano, se encargó de su gloria. Y es que al pueblo no le vienen con cuentos ni arrumacos ni romanticismos. A veces olvidamos –demasiadas veces- que la Esmeralda se fue a pique con toda su marinería a bordo excepto Prat quien, seguido por el sargento Aldea, saltó al abordaje sable en mano cuando el Huáscar –puro fierro el Huáscar- le clavó el espolón por el centro. Murió de inmediato sobre la cubierta del monitor más poderoso que surcaba los mares del Pacífico sur.

No es fácil, en un siglo de desprecios, de incredulidades y cinismo, rendir homenaje a un héroe, decir su corazón y su ímpetu, su tranquilo valor, su deber cumplido.

Pero hay un testimonio que no muere y refleja con sinceridad y llaneza quién es Arturo Prat. El poemario popular, lira terrible y grandiosa, escrita por los poetas de Tarapacá. La lira popular cruza el territorio. Es herencia hispana y la tenemos viva. Como la sangre tira, conozco mejor a los nortinos y que me perdonen los demás.


Confieso ser incapaz de expresar lo que un héroe es para su pueblo con lengua veraz, no teñida de esa espantosa y huera retórica entre periodística y escolar que nos anuda el corazón y las cuerdas vocales. Herrada de lenguaje en medio de las desgracias que nos agobian, dejo la voz a los que saben honrar a los suyos aún en medio de este reguero de pobrezas espirituales y éticas que nos cayeron encima entre leyes que enredan la perdiz, escritas, pareciera, en tiempos de Gilgamesh o Agamemnón.

Chile anda hoy de luto riguroso más por sus vivos que por sus muertos, la parálisis legalista nos encierra y la viveza vivaracha nos consume. Frente al duro Catón, la cachaña chilena. Frente a la cachaña de una ley inaplicable, los Catones salidos directamente de la vieja Grecia. Esto es antiguo mal de Indias. Ya en la Colonia, cuando llegaban las leyes que no se podían aplicar, los gobernadores escribían a pie de página una delicia retórica que les permitía navegar en el mar leguleyo del Consejo de Indias: "se acata pero no se cumple".

Vuelvo al 21 de mayo. Los poetas populares nos cuentan la historia de la Esmeralda y Arturo Prat, del Sargento Aldea y de Serrano, de todos los que yacen en el fondo de la rada de Iquique.

Estos poetas hablan con voz sabia. Nos recuerdan que ellos son hijos de la Patria, de la cueca y la zamacueca, de la pobreza y la lucha por los derechos de los más necesitados. Y lo dicen con esa voz sin estilo que es la gran voz. Como bien dijo la Mistral, "el ángel del flocklore es analfabético", y por no haberse embadurnado el cacumen de politiquería ni de palabrería, por no llenarse la cabeza con los sueños de grandeza que suelen invadirnos, estos poetas populares han conservado lo que Chile más pide en estos días tapados de esa incomprensión que llaman noticias. Por no ser ni letrados ni pulidos, estos poetas populares no se avergüenzan de rendir homenaje a un héroe. Creen en los héroes. Ellos han conservado la inocencia frente a la palabra y la usan con la llaneza propia de quien no abunda en opiniones ni habla por hablar. El pueblo es cicatero para comunicarse. No requiere de perros embalsamados ni de héroes disfrazados ni de diablos que le vendan cruces. Aprendió por el tuétano y la sangre dónde está la verdad y dónde, la mentira.

Hoy, cuando ministros y seremis, gerentes y rectores, suplentes y sospechosos, hasta inocentes desfilan, en un reguero de apariencia interminable, por capuchinos. Hoy, cuando otros se sientan en sus curules del Senado y de la Cámara de Diputados endilgándose culpas, incapaces de legislar para modernizar las leyes que debemos a Bello, que está más seco que una pasa a estas alturas, furioso en su tumba porque no le sale al camino ningún legislador coherente, desinteresado y además vivo. Uno con los pies en la tierra que legisle para modernizar finalmente el estado y otorgarnos las leyes que autorizarán, una vez más, a este país a ser inteligente.

Chile no se irá a pique por unos cuantos malandrines y unos jueces más tozudos que ayatolas. Son los menesterosos ilustrados como yo los que andamos perdidos, manchados por un escándalo que no nos pertenece pero que, aún así, es nuestro. ¿Quién diablos entiende esto del dinero que parece correr de mano en mano, de presos que entran y salen de las cárceles, pasando de acusados a acusadores, de culpables a inocentes?

Hoy no tengo voz para contar hechos memorables. Demasiados avispados y demasiados avisperos zumban y zumban en Chile. Me han derrumbado la Patria que Freire bautizó oficialmente Chile. Alguien —algo— le chupa el tuétano a mi país.

Pero los poetas populares no pierden la fe ni olvidan la palabra precisa. Ellos nacieron de las dificultades y crecieron en medio de las luchas, las guerras y los odios. Son el origen de la organización social de los obreros y ayudaron a cambiar esa realidad. Corresponde a uno muy memorable entre ellos, don Rosario Calderón, contar sobre Arturo Prat Chacón y sus compañeros, que fueron muchos.

MUSA PAMPINA

(En conmemoración y honra de los héroes del 21 de mayo, que sucumbieron en la finada "Esmeralda" el año 1879)



Hoy día rindo homenaje a los héroes de Iquique que fueron con nave a pique, con espartano coraje. Antes de sufrir ultraje comprobaron su heroismo, hundiéndose enel abismo con la "Esmeralda" gloriosa, cuya epopeya grandiosa simbolizó el patriotismo.



No hay precendente en la Historia de hazaña más culminante que la de Prat el gigante que a Chile colmó de gloria. Con acción tan meritoria su vida finalizó, y el nombre inmortalizó con su sangre el gran patriota, rindiendo la última gota a su Patria enalteció.



Con un valor araucano los marinos se batieron; como chilenos, murieron Riquelme, Aldea, Serrano, y Videla, el cirujano… Todos, a cual más valiente, lucharon heroicamente hasta hundirse la "Esmeralda". Ninguno volvió la espalda al enemigo potente.



La débil nave chilena a los pies del monitor "Huáscar", que era el invasor, consumó tétrica escena. Al recordarlo, da pena, de Arturo Prat el arrojo; que al Perú causó sonrojo, aquel combate salvaje que al "Huáscar" al abordaje saltara Prat, con enojo.



Una apoteosis merecen, en el veintiuno de mayo, los héroes que, sin desmayo, y con honra perecieron. A su Patria enaltecieron en aquel combate rudo. El mar fue testigo mudo que la "Esmeralda" altanera, sin abatir su bandera peleó hasta que más no pudo.



Rosario Calderón Oficina Buenaventura (El Pueblo, mayo 21, 1903)

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