Año 2 N.36, mayo 12, 2003
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Escribe Luis CASADO
Tengo ganas de apoyar al gobierno
( Escribe Louis Casado )Como lo oyes o lees. Así de claro. Ya está bueno de hacer el difícil, el criticón, el insumiso y el defensor de las causas perdidas. Quiero sumarme al rebaño y balar con las ovejas. Incluso con aquellas cuyas falsas pieles ocultan un lobo.


Como lo oyes o lees. Así de claro. Ya está bueno de hacer el difícil, el criticón, el insumiso y el defensor de las causas perdidas. Quiero sumarme al rebaño y balar con las ovejas. Incluso con aquellas cuyas falsas pieles ocultan un lobo. Haber tenido el privilegio de escuchar el discurso de Lagos el 21 de mayo es algo que te marca. En la tele, el discurso digo. Porque como te puedes imaginar nadie tuvo el detalle de invitarme al Parlamento, si uno puede llamar de ese modo el esperpéntico edificio musoliniano con el que Pinochet dejó jodido lo que tenemos de democracia parlamentaria y lo que queda de arquitectura en Valparaíso. En Santiago el día amaneció frío, gris y lluvioso, y el cuerpo pedía marcha para eliminar la aguda sensación de desamparo que dejan las inevitables inundaciones provocadas por las tres o cuatro gotas de agua que luego El Mercurio califica de "violento embate de vientos y lluvias". Por eso el muy optimista discurso de su Excelencia me entregó un rayito de sol, detalle muy de agradecer. Lagos tal vez se inspiró en Aznar, quién ya había intentado mejorar la disposición anímica del personal declarando alto y fuerte en Madrid: "España va bien". Algún descreído, de esos que siempre lo ven todo malo, agregó: "Y el extranjero ¡de cojones!". Pero yo no estoy en esa. Ahora voy en plan llevar las de abajo. Para mí que el Presidente sigue utilizando el conocido método del Doctor Emile Coué, quién, como tengo dicho, preconizaba el tratamiento de las enfermedades por medio de la autosugestión. Según el método del Doctor Coué basta con auto convencerse de que todo va bien. Así de simple. De modo que el discurso del inquilino de La Moneda fue algo así como la edición corregida y aumentada de "El fabuloso destino de Amélie Poulain", peli que te deja con la sonrisa en la boca y un optimismo contagioso y persistente. Y con unas ganas de amar al prójimo de mil pares de cojones. Lo que puede explicar porqué hasta Longueira y Piñera lo encontraron bueno. Para no hablar del Mercurio. Joder, ¡que arte! A mí me entraron unas irreprensibles ganas de entonar el cantito que entona la afición en la Plaza de las Ventas cuando algún diestro se echa los miuras al bolsillo y les deja mansitos, mansitos, de tal manera que los 500 kilos de fiera parecen haberse tomado un coquetel de Valium en una solución de Imodium: "¡Torero!, ¡Torero!" Por eso decía, me entraron ganas de apoyar al gobierno. Como lo oyes o lees. Y para no pecar de ingenuo, y evitar que me traten de manipulado o de sensible a la flautita de los encantadores de serpientes, me puse a buscar una razón. Sólo una. Justo en esa parte del cuento que te ídem un titular de La Segunda casi me tira de espaldas. Según la información, el presidente Lagos le habría dado el vamos al cobro de royalties a las empresas mineras que hasta ahora saquean el cobre sin pagar ni uno. Cobre digo. Hay que estar al loro, de otro modo no entenderás nada. Acerquéme al canilla que exponía en su kiosco el mencionado vespertino, calcé gafas, y releílo. Dos o tres veces, que en materia de sandías y de promesas concertacionistas es fácil equivocarse. Y convencíme de que había leído bien. Algunas lágrimas de arrepentimiento pugnaron por deslizarse de mis pepas a mis ya no tan tersas mejillas. ¿Cómo? increpéme, ¿Cómo pude haber sido tan escéptico? He aquí que este gobierno, este presidente, van a hacer justicia, van a rescatar la dignidad del país, y de paso algún billete, recuperando al menos parcialmente "el sueldo de Chile". Sobretodo si se tiene en cuenta que la privatización vergonzante del cobre por parte de los gobiernos de la concertación ha demostrado hasta la saciedad la incompetencia, o la incuria, es según, de la empresa privada.


El Mercurio precisa que sólo dos de las 47 empresas privadas que saquean el cobre pagan impuestos: las otras declaran pérdidas. Los impuestos que paga Codelco (empresa nacional) por tonelada de cobre equivalen a 28,7% del precio final, mientras que la empresa privada paga sólo 5,3%, a pesar que esta última produce un 30% más que la estatal. En este caso no se trata de aclarar tal misterio misterioso sino de royalties que indemnizarían al país por la explotación de una riqueza natural no renovable. Y que hasta ahora se va del país sin que los chilenos palpemos ni uno.

Por una vez, hasta el senador liberal Carlos Ominami y el titular del Misterio de Hacienda Sr. Eyzaguirre dicen estar de acuerdo en hacer pagar royalties a quienes se llevan el cobre y nos dejan el hoyo. Lo que ya es decir. Confiesa que había de qué sentirse conmovido. Por fin, me dije, va haber de qué financiar los cacareados programas sociales del gobierno sin hacerle pagar la cuenta a quienes son los destinatarios. En eso sonó el despertador y volví a la realidad: los noticiarios de la mañana desmentían la noticia de La Segunda. El Gerente General del Consejo Minero, Sr. Eduardo Loyola, socialista, declara enfáticamente que ni el presidente ni el gobierno tienen la intención de modificar en nada las reglas que rigen la inversión minera. El propio presidente rechazó con firmeza un nuevo impuesto para ese sector. Y comienzan a evocarse otros impuestos para equilibrar los déficits que trae consigo el tristemente célebre TLC, ese que fue presentado como la panacea. O para pagar los programas sociales. La otra panacea. Impuestos como el IVA por ejemplo, que afectan directamente el poder adquisitivo del personal. De esos que están esperando los programas sociales. Hoy salió el sol en Santiago. No es que haga calor, pero el día no está ni frío, ni gris ni lluvioso. El personal ya no tendrá sus casas inundadas. Sólo tendrá que hacerle frente a las enfermedades respiratorias que produce la contaminación. No se puede tener todo a la vez. Y yo me digo que a pesar de todo quisiera apoyar al gobierno. Por eso le pido al Sr. Presidente que me dé alguna razón para ello. Yo ya no quiero hacer el difícil, ni el criticón, ni el insumiso ni el defensor de las causas perdidas. Quiero sumarme al rebaño y balar con las ovejas. Incluso con aquellas cuyas falsas pieles ocultan un lobo. Pero quiero una buena razón, sólo una. ¡No te jode!

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