Año 2 N.36, mayo 12, 2003

Columna de Economía

Los Nuevos Gurús

"Ellos pueden, como un obispo en el medioevo, distinguir la verdad de la mentira, la ciencia de la especulación, lo bueno de lo malo. Son los nuevos inquisidores de la razón, los que nos guían en estos años oscuros y confusos".

Se ha instalado en Chile un nuevo politeísmo para rendir culto. Estas divinidades poseen una sobrenatural facilidad para, desde un cómodo escritorio en una universidad norteamericana, sea Harvard, Yale o Columbia, venir esporádicamente a Chile al seminario empresarial de turno y opinar sobre la política pública nacional.

"Hay que bajar el salario mínimo y no pagar indemnizaciones por despido", es la última joyita de nuestra más nueva exportación no-tradicional, Eduardo Engel, recientemente elegido el economista del año en Chile. Flexibilizar el mercado, permitiendo, como por arte de magia, que funcionen los equilibrios de mercado y los óptimos de `pareto', para de este modo lograr mayor empleo.

Este es el nuevo discurso que defiende intereses económicos y que ahora se arropa en el lenguaje tecnocrático de unos cuantos economistas y de algunos analistas políticos, supuestamente técnicos e independientes, que por su condición de profesores universitarios en Estados Unidos han adquirido el estatus de gurú nacional. Ejercen su mandato dictando cátedra desde sus columnas de opinión, en charlas, en seminarios y en entrevistas, por supuesto, con un lenguaje siempre `técnico'. Siguiendo con la increíble lógica del Presidente Lagos y del ministro Eyzaguirre, al fin y al cabo son los `mejores'.

El instrumento de su sabiduría es la ciencia económica. Infalible, siempre técnica y, por supuesto, éticamente neutral. Nada influye a estos nuevos obispos pseudo-científicos más que los `facts'. Los escenarios futuros se proyectan a través de regresiones econométricas o `análisis de series de tiempo'.

Ellos pueden, como un obispo en el medioevo, distinguir la verdad de la mentira, la ciencia de la especulación, lo bueno de lo malo. Son los nuevos inquisidores de la razón, los que nos guían en estos años oscuros y confusos. Pero los nuevos gurús tienen un nuevo dios llamado "El Mercado". Esta nueva deidad todo lo resuelve y todo lo dictado por él es bueno, porque si se libera en su máxima expresión logra alcanzar los `óptimos sociales' y mejorar la vida de todos nosotros.

Los nuevos gurús dicen que ya no hay debates técnicos puesto que los economistas están de acuerdo en todo, tal como el ministro de Hacienda y su "profesor Corbo". Lo que importa es aplicar sus sabios consejos, tales como reducir el salario mínimo, flexibilizar el mercado laboral, desregular, bajar impuestos, eliminar los cargos de confianza poniendo a los `técnicos' y a los `mejores'. Estas son las políticas que supuestamente la teoría económica recomienda.

Sin embargo, hay que desengañar a muchos y afirmar que lo anterior es falso. La teoría económica neoclásica se presta para múltiples interpretaciones, dependiendo de las visiones ideológicas que tengamos y del sustento ético de la política. El paradigma neoclásico permite interpretaciones que van desde no intervenir en nada el mercado hasta hacerlo completamente. De hecho, Oskar Lange se inspiraba en la economía de bienestar neoclásica para justificar el estatismo de los socialismos reales.

Al introducir el concepto de `fallas de mercado' tales como externalidades, información asimétrica o mercados incompletos, la escuela neoclásica da cabida para una intervención amplia del Estado en la economía. Esta postura puede manifestarse desde la regulación de los monopolios naturales hasta la regulación de los ingresos porque salarios muy bajos generan la externalidad del crimen. Puede ir desde la eliminación de los sueldos mínimos, porque generan desempleo, hasta la eliminación del trabajo infantil, la protección de la mujer y los derechos de los consumidores. Incluso puede elegir entre eliminar las regulaciones que controlan el uso y abuso de drogas, porque afectan el libre comercio de drogas, o en caso contrario fortalecerlas porque generan las externalidades del crimen y la salud de las personas.

Es decir, no existe a partir de la escuela neoclásica una posición determinada sobre el rol del Estado y su grado de intervención o el nivel y extensión de las regulaciones. Lo que ocurre es que los nuevos gurús promueven sus visiones ideológicas a través de la retórica técnica. No son verdades técnicas sino posiciones políticas. Por esta razón los invitan y financian para los seminarios empresariales, por eso tienen espacio privilegiado en los medios de comunicación.

No sorprende que las soluciones `técnicas' siempre beneficien a los sectores más privilegiados del país. Para reducir el desempleo es necesario bajar el salario mínimo y reducir el impuesto a las empresas. Para generar crecimiento económico es necesario bajar los impuestos a los más ricos y subir el IVA a los más pobres. Para aumentar la inversión es necesario entregar los recursos naturales en propiedad a las transnacionales y eliminar regulaciones ambientales.

En consecuencia, la pregunta central es: ¿Cuál es nuestra posición valórica y la visión de la sociedad que queremos construir? ¿Queremos una sociedad en que se justifica éticamente un salario inferior al actual salario mínimo? ¿Justificamos las abismantes diferencias en ingreso por el esquivo crecimiento? ¿Justificamos la depredación ambiental? Tal vez deba pedir perdón porque no se trata de justificaciones éticas, sino, como diría Eduardo Engel, de simples razones técnicas.

* Director Ejecutivo de Fundación Terram

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