Año 2 N.36, mayo 12, 2003

Sebastián Piñera, empresario y presidente de Renovación Nacional

Reformas Constitucionales

El ex senador de la República y actual presidente de Renovación Nacional, habla sobre las reformas constitucionales.


¿Cómo estuvo la cena con Pablo Longueira?

Fue una buena reunión y era muy necesaria, porque la Alianza por Chile, tiene hoy día una tremenda responsabilidad y desafío ante el país. Primero ser una buena oposición durante los tres años que le restan al Presidente Lagos, y esto es particularmente importante, porque sus primeros tres años, en mi opinión, no fueron buenos. No estoy calificando ni promesas ni intenciones sino resultados. La economía no crece con fuerza, no hemos creado empleos, no hemos mejorado la salud, la educación, estamos retrociendo en la lucha contra la pobreza, la delicuencia y la corrupción y, en consecuencia, el segundo tiempo de este partido, es decir, la segunda mitad del gobierno de Lagos, tiene que ser mucho mejor y mientras más confudida y dividida esté la Concertación, más subida, propositiva, firme y constructiva tiene que se la Alianza. Pero, además, tenemos un tremendo desafío, porque las posibilidades de que la Alianza sea el futuro gobierno de Chile, son muy altas y un buen gobierno no se improvisa. RN propusó refundar, repotenciar, revitalizar la Alianza, a la luz de tres pilares: un acuerdo programático, en el terreno de las ideas, los proyectos, el programa, el futuro que tiene que ser el alma de una alianza. Si no tenemos acuerdo en eso para qué queremos Alianza. Segundo, un acuerdo institucional, para tener mecanismos ágiles y efectivos de coordinación, toma de decisiones, soluciones de controversia. Tercero, un acuerdo electoral, para enfrentar los desafíos municipales, parlamentarios y presidenciales con unidad y eficacia.

Lamentablemente el año 2002 fue perdido en torno a estos tres pilares, porque la UDI nunca quizo conversar de ellos, pero ahora se abrió a este debate, pero planteó que quería empezar con el tema electoral. Y empezamos por el tema, llegamos a acuerdo en algunas materias básicas, pero hemos tenido dificultades que han entrampado el proceso. Por eso le propuse a Longueira, dado que las comisiones electorales no podían avanzar, hacer un esfuerzo entre los dos presidentes de los dos partidos para remover los obstáculos y poder avanzar y ese fue el objetivo y sentido de la reunión de Iquique y avanzamos mucho.

Ve a la UDI dispuesta a avanzar, por ejemplo, en reformas constitucionales?

Espero que así sea. Creo que en una verdadera democracia todos los senadores deberían ser elegidos por la gente. No creo en los designados. Tal vez fueron úliles en un período de transición y de mucha inestabilidad, pero hoy día no hay ninguna razón para que el Consejo de Seguridad o las Fuerzas Armadas estén eligiendo senadores, sobre todo porque el número de senadores es tan grande que en la práctica los designados terminan determinando quién es mayoría o minoría en el Senado y sin la voluntad de éste no hay ley. Y en consecuencia estamos entregando un poder legislativo que es esencial en una democracia a personas que no tienen un origen plenamente democrático. Esa es una reforma en la cual hay acuerdos, pero que todavía no se resuelve. Por otra parte, también hay que perfeccionar otras materias; por ejemplo, la capacidad fiscalizadora de la Cámara de Diputados, el funcionamiento e integración del Tribunal Constitucional, el funcionamiento del Consejo de Seguridad: no podemos tener un consejo en que todos los miembros civiles que lo integran, que no son ni más ni menos que el Presidente de la República, el del Senado, el Contralor y el Presidente de la Corte Suprema, pesen tanto como los cuatro comandantes de la FFAA. Eso no es democrático. Una cosa es crear un espacio constitucional, donde las FFAA también puedan expresar su opinión en materia de seguridad nacional o institucionalidad -lo que me parece aconsejable y conveniente- y otra es darle una especie de veto.

¿También contempla en esas correcciones la inamovilidad de los comandantes en jefe?

Personalmente nunca he sido partidario del sistema actual. Hoy día para remover a un comandante en jefe se requiere de la mayoría del Consejo de Seguridad y la mitad de éstos son precisamente los comandates en jefe, es decir, basta con la voluntad de ellos para que todos ellos sean inamovibles y eso no me parece democrático. Tampoco creo que esa decisión quede en la voluntad y criterio de una sola persona, por muy importante que sea como es el Presidente de la República. Pero sí creo que deben ser autoridades civiles legitimamente elegidas por la gente que representan en propiedad el mundo civil las que tienen que tener la facultad para destituir a un comandante en jefe y de orden.

¿Y con respecto al sistema electoral?

Francamente creo que no hay una materia de principios. Pienso que el sistema proporcional antiguo tenía muchas ventajas, por lo pronto le permitía al grupo emergente participar y ganar en el proceso electoral, pero también tenía muchas desventajas, generaba tremenda dispersión dentro de los partidos políticos. El sistema binominal también tiene desventajas, no refleja exactamente la voluntad de la soberanía, hace muy difícil que emergan partidos nuevos. Pero tiene una gran ventaja, tiende a generar gobiernos de mayoría y tiende a generar grandes coaliciones que tienen capacidad de diálogo entre ellas. Este es un tema que hay que analizar sin tanto prejuicio. Hasta ahora el debate ha sido extremadamente pobre y carente de ideas.

¿Puede contemplarse en ese paquete de reformas, pensando en el cierre de la Transición, una reinterpretación de la amnistía del 78 para cerrar todos los casos abiertos por violaciones a los DDHH?

El tema de cuándo termina la transición acepta todo tipo de opiniones, no hay un momento exacto y preciso para decirlo. La transición tiene distintas facetas desde el punto de vista de la consolidación de la democracia, yo creo que la transición ya terminó. Del punto de vista de los DDHH yo creo que esa transición, asociado al dolor y a las heridas que deja la violación sistemática a los DDHH, no va a terminar nunca, ni siquiera cuando se mueran todos los protagonistas, porque van a quedar sus hijos y sus nietos para siempre. Desde el punto de vista del perfeccionamiento de la democracia va a ser un proceso permanente. Desde mi punto de vista la esencia de la transición se logró cuando Chile se consolidó en un sistema democrático que reemplazó en plenitud y con legitimmidad al gobierno militar.

Pero si se incluye un acápite a todas estas negociaciones que tiende a reinterpretar la ley de amnistía del 78 ¿RN va a estar a favor de ese proceso?

Obviamente que aquí hay valores o principios que chocan entre sí. Naturalmente que uno quisiera que hubiera verdad, y todavía no hemos tenido verdad en plenitud en nuestro país, hay muchas cosas que aun no se saben. El informe Rettig hizo un tremendo esfuerzo con respecto a las personas que perdieron la vida por atentados contra los DDHH pero se ha hecho mucho menos con personas que sufrieron otro tipo de atropellos. Uno siempre quisiera que hubiera justicia, en el sentido que las personas que fueron responsables de estos delitos -que fueron atroces- fueran juzgadas y sancionadas respecto a la ley, pero también quisiera que en nuestro país haya reencuentro, reconciliación y paz. No soy partidario de un borrón y cuenta nueva, porque corremos el riesgo de tropezar con las mismas piedras, pero tampoco soy partidario de que este proceso se eternice. ¿Cuál es la solución? La mesa de diálogo fue un avance, lamentablemente decepcionó a muchos, no entregó una información que esperábamos, y en muchos casos fueron falsos. Todavía quedan esfuerzos por hacer para poder decir hicimos todo lo posible para cerrar las heridas en materia de DDHH.


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