Año 2 N.36, mayo 12, 2003

León Gieco, cantautor argentino

"Soy clásico en Chile, pero no vendo ni un disco"

Por tres días estuvo León Gieco en Santiago. Y hay que ver cómo este santafesino se mantiene vigente. En Argentina vende y colapsa localidades. Acá, sin tantas luces, ofreció un concierto íntimo cargado de emociones. Durante su estadía en un hotel de Providencia conversó con El Periodista para revisar treinta años de música y acercarse a la vilipendiada realidad argentina desde un escenario decisivo: de aquí a una semana los trasandinos tendrán nuevo Presidente. Gieco cree que el puesto será del sureño Kirchner, pero todavía tiene sus miedos de que el septuagenario esposo de Cecilia Bolocco le dé una sorpresa al mundo y "saque todo el ejército a la calle".

A León Gieco le gusta hablar pausado y tomarse varios té mientras lo hace. Y también, aunque desde hace algún tiempo dejó de fumar empedernidamente, disfruta de uno que otro tabaco negro de esos que vienen en cajitas metálicas.


Con su último disco -porque nuevo, nuevo no es, salió hace más de un año en Argentina- "Bandidos Rurales", arribó a Chile la semana pasada para dar un único concierto en el Teatro Oriente. La idea era presentar el LP en el que se puede ver, en su portada, a Gieco montando un caballo con pinta de forajido, y además retomar esas antiguas e inolvidables canciones que varias generaciones echaban ya en falta.

Bandidos, como él se refiere al disco en cuestión, está inspirado en dos míticos personajes populares del centro y norte de la Argentina: Mate Cosido y Juan Bautista Vairoletto, quienes fueron un par de Bonnie and Clyde, pero más bien nobles, algo así como Robin Hood. Su historia se tornó funesta en su ocaso, y hoy se les rinde pleitesía a la orilla de sus tumbas, donde cientos de "fieles" les encomiendan tareas post mortem y les dan las gracias por su obra en vida. No es una religión ni una secta, es el homenaje a dos revolucionarios -salvando las distancias- que a muchos argentinos les gustaría volver a ver hoy galopando por las pampas.

Como varios se podrán imaginar, este hombre, que casi siempre se viste de negro pero sencillo, no tiene escrito en su carnet de identidad el nombre de León Gieco. Lo creativo aquí es el nombre de pila, porque lo demás es tal y como lo imaginaron sus padres: Raúl Alberto Antonio Gieco, que nació el 20 de noviembre de 1951 en una chacra del norte de Santa Fe. Lo del sobrenombre felino viene de sus coterráneos de Cañada Rosquín, cuando a los once años formó una banda de rock: Los Moscos. En una de las presentaciones saltaron los tapones de todo el vecindario debido a que él conectó dos cables de los equipos entre sí. De ahí en más, ese rubio de familia pobre se ganó vitaliciamente aquello de "León, el rey de los animales".

En variadas ocasiones, ciertos periodistas le han tratado de bajar su estirpe: "El Bob Dylan de Sudamérica", lo apodaban los muy prejuiciosos. La idea original de esta lápida fue de la prensa estadounidense. Esta bien, todos tenemos influencias. Pero Gieco es otra cosa. Es una persona reconocida como intachable, tiene en su casa más de veinte discos con su firma y otros 20 en los que ha participado. Es igual con un escenario a sus pies que sin él, y sobre esto dice: "no es mi culpa que el escenario esté más alto que la gente", comenta sonriendo antes de prender la grabadora.

Así se muestra este trasandino. Lo cierto es que llegar a una cita para hablar con Gieco es como acercase a un argentino cualquiera y conversar sobre la inmortalidad del cangrejo, es un tipo normal. Eso sí, las canciones que hace no son normales, no en vano es una leyenda viviente del rock trasandino. Componer temas como "Los orozco" o "Cinco siglos igual" no habla de un empleado de cubículo, aunque sus inicios laborales se remonten a esas locaciones.

Cuenta la historia que un día de 1973, como un operador de télex que estaba llegando atrasado a su jornada, Raúl Gieco tomó un taxi en pleno centro de Buenos Aires. Una vez sentado escuchó que la radio hizo sonar "En el país de la libertad", una canción que el locutor definió como "de un joven músico debutante". En ese momento, nuestro protagonista se bajó del auto y caminó toda la mañana por calle Corrientes, tratando de comprar por donde viera su primer disco, "León Gieco". Comenzaba allí, sin más atrasos, su carrera artística.

Dentro del ambiente musical se dice que usted es un hombre distinto. Se habla de su coherencia y de su compromiso social con mucho respeto ¿Cómo se logra eso sin caer en el panfleto proselitista o en el ser solidario por profesión?

Primero se logra no militando en partidos políticos. Cuando no militas, ya tu forma de moverte no es panfletaria. Te movés desde el punto de vista de qué es lo que querés vos para el país. Yo sé lo que quiero para el país, pero no sé que partido político lo puede llevar a cabo. Entonces, eso me permite pensar que no me tengo que meter en ningún partido. Pero sí las canciones las oriento hacia una justicia social. Mis canciones hablan de los problemas que tiene la gente, y por eso, en ciertos lugares, hay quienes no se interesan por escuchar lo mismo que les está pasando.

Ese prestigio suyo, más bien moral o ético, es codiciado. Hay otros artistas o líderes de opinión que intentan ser igual de consecuentes pero no lo logran: se caen, tienen críticas en ese aspecto ¿Por qué diría usted que pasa eso?

Eso habla de la atemporalidad, ¿por qué un artista es atemporal? Una vez hablábamos de eso con Mercedes Sosa, y ella vertió un concepto en el cual yo también me suelo basar, decía que `la atemporalidad se logra con la convicción en lo uno hace, con la salud y con la suerte'. Son tres palabras bastante mágicas. La primera es porque vos estás convencido de que ese es tu camino, y si viene alguien a proponerte otra cosa lo desechas, porque no te importa si esa persona te está ofreciendo un negocio más fructífero. La canción la compongo porque me interesa a mí, porque estoy preocupado por la gente. La salud es muy importante. Si vos sos un alcohólico o un drogadicto, por ejemplo, no te sentís seguro para componer o actuar en el escenario. Y la suerte es increíble (ríe algo culpable). Yo tengo suerte de ser así y de estar todavía cantando.

Se lo deja al destino...

Sí. ¿Quién me manda a mí a componer las canciones que compongo? Nadie, lo decido yo. ¿Por qué lo hago? Bueno, ahí sí le puedo explicar: okey, tengo influencias de Bob Dylan, cuando era chico escuchaba Atahualpa Yupanqui, cantaba canciones de Mercedes Sosa. Después me gustaron los Beattles, los Rolling Stones. Entonces en un momento me fui a Buenos Aires y sufrí un shock, porque viví 18 años en el campo. Y estar en Baires te produce una sensación extraña. Imagínese que vivía en Plaza de Mayo, un lugar urbano totalmente. Ese Shock me produjo la posibilidad de hacer canciones. Y la primera canción que compuse fue para una revuelta popular que hubo en Mendoza, el Mendozaso del 68. Y fue "Hombres de Hierro", basada y, más aún, inspirada en "Blowing in the wind" de Bob Dylan. Estos son una serie de valores por los cuales me metí a componer ese tipo de canciones. Cuando compongo mi primera canción, resultó que la segunda y la tercera también eran parecidas, y siempre las canciones fueron siendo en ese estilo.

Me cuesta mucho menos contarle porque compongo esa clase canciones, que contarle cómo hago para componerlas, porque es inconsciente. Dese una idea: estoy en mi pueblo, me pongo a tocar la guitarra y, entonces, justo me había hecho amigo de Antonio Tarragó Ross. El me muestra que el acordeón tenía las mismas voces de la armónica que yo usaba. ¡Fenómeno!, dije, eso quiere decir que con este instrumento chiquitito puedo tocar chamamé. Entonces empecé: ta ta tarara ta tara. Y compuse "Cachito Campeón de Corrientes", y al rato hice "Sólo le pido a Dios". Todo el mismo día. ¿Quién me manda a mí a componer eso, qué fue? Una combinación de cosas, es interno. Es una cosa indomable, no se puede analizar. Yo por eso a veces prefiero decir que tengo un León Gieco que va delante de mí, y yo voy atrás, reparando las cagadas que se manda el otro&


Como el alter ego de Serrat, Tarrés...

Exactamente (ríe). Yo voy reparando o voy gozando de lo que hace esta persona.

CIEN METROS

Desde el día de que esta edición sale a los quioscos, restan 6 noches para que los argentinos terminen por definir su futuro inmediato en una segunda vuelta que ha reencarnado a Menem en su tercera carrera por el sillón de Rivadavia, y que ha tentado a Kirchner, un patagónico ligado al duhaldismo, a correr por el mismo escaño. Son cien metros planos que, por cierto, no dejan indiferente a León Gieco.

Se viene el 18 de mayo en Argentina, ¿quién cree que va a ser el próximo Presidente?

Eeeh& Kirchner. Porque Menem tiene un techo del 25 por ciento. Menem perdió en realidad, no es que ganó, como dice él. La última elección que ganó obtuvo un 43 por ciento, ahora sacó el 24 y tanto. Perdió casi con la mitad. Ese es el techo que tiene Menem.

Frente a lo que podría pasar en el ballotage de Argentina, aquí pasó algo similar: el candidato que salió segundo, Joaquín Lavín, perdió por tres o cuatro puntos frente a Lagos en la segunda vuelta. Y esos puntos que le dieron la victoria a Lagos no eran votos aguistas, era gente del comunismo, del humanismo.

Allá va a pasar lo mismo. La gente no va a votar a Kirchner, va a votar en contra de Menem. Y el rechazo a Menem es sólo votar a Kirchner.

¿Y quién hubiera querido que fuera su Presidente?

Podían ser dos personas, dos mujeres: Lilita Carrió o Patricia Walsh. Yo voté a las mujeres.

Se puede saber, ¿a quién votó?

A las mujeres...

¿Pero a cuál?

(León se ríe acorralado pero tranquilo). Voté a Lilita Carrió. Estaba entre ellas dos, al final me decidí por la gorda porque le escuché un par de reportajes muy interesantes y, por más que no tenga infraestructura para organizarse y, si ganaba, iba a pelear contra un Congreso de enemigos, fue un voto a una persona que hace cuatro o cinco años se la juega con la investigación de la corrupción en Argentina. Además, decidí votar a las mujeres porque creo que es tiempo de mujeres, los machos ya se mandaron bastantes cagadas en este asunto.

¿Cómo podría explicar el fenómeno Menem: esto de que salga en el 89, en el 95 y ahora esté cerca otra vez del sillón de Rivadavia?

Me parece fácil de entender: al argentino siempre le costó mucho comprarse un auto, una casa. Siempre fue muy problemático eso para la clase media o para los pobres. Desde el período de la vuelta a la democracia, en 1982, hasta ahora, el único tiempo en que la gente se pudo comprar esas cosas o viajar a Miami fue en el primer gobierno de Menem.

Ahora, los costos de todo eso los entiendo, usted y los que no votaron esta vez por él. Pero hay cinco millones de argentinos que no entienden que todo lo que se compraron fue con los préstamos que pidió Menem a Estados Unidos.

¿Por qué no lo entienden?

No lo entienden porque no les interesa entenderlo, porque la gente tiene la cabeza ocupada en trabajar. Es una cosa difícil& Yo nunca hablé bien de Menem. Siempre me pareció que su política era de derecha, entreguista, prestamera, corrupta y con justicia puesta a dedo, quiero aclarar eso antes de seguir.

Le puedo contar un caso que puede explicar bien todo esto& porque yo compongo canciones, doy ejemplos, no soy la persona que puede verbalizar perfectamente los conceptos: fui a tocar a una población, y viene una persona que vivía ahí y me dice que Menem era la salvación, que todos allí iban a votar por él en el 89. Yo le dije: `no creo que sea la salvación, pero ojalá que lo sea, porque lo que deseo es que vos no vivas aquí'. Y él me respondió lo mismo de antes.

Pasaron diez años. Volví al lugar de casualidad y me encontré con él. Le recordé lo que habíamos hablad ¡y sabe lo que me dijo! `Menem fue la salvación, los idiotas somos nosotros& que no progresamos. Cuando vos ves por la TV cómo avanzó Buenos Aires, lo hermosa que está la ciudad, quiere decir que nosotros fuimos los idiotas'. No sabía que decirle, pero al final le pregunté: `¿entonces vos no te considerás un argentino, te considerás un perro? Menem, en vez de traer a los Rolling Stones, se tendría que haber ocupado de vos, que sos el que peor está'. Eso que dijo el tipo es para un sociólogo.

Se dice que puede estar resurgiendo con fuerza una derecha bastante reaccionaria en Argentina, ¿Qué cree usted?

No pasó eso. Hubiera pasado eso si ganaba Menem, hubiese corrido mucha sangre. Creo que la elección que tuvimos los argentinos le salvó la vida a miles de personas, porque lo único que le quedaba a Menem era reprimir. Ya lo había dicho, y López Murphy igual. "Vamos a sacar el ejército a la calle, no queremos violencia, no queremos inseguridad", decían. Y eso significa que iban a reprimir a los piqueteros.

Yo estoy muy contento de que las elecciones argentinas hayan resultado como resultaron. También creo que las votaciones fueron bastante transparentes.

FULL TIME

¿Qué ha hecho Gieco durante los seis años en que no vino a Chile? Ha visitado más de 500 colegios argentinos haciendo conciertos con el fin de recolectar fondos para que los estudiantes de escasos recursos puedan disfrutar de las famosas giras de estudio, ha cargado en sus espaldas clínicas musicales para chicos de la calle que hoy también realiza junto a Chico Buarque y Caetano Veloso en Brasil. Ni hablar del trabajo hecho en los ochenta y noventa con "De Ushuaia a la Quiaca 1, 2 y 3", discos en los cuales se dejó un registro inigualable de la heterogeneidad musical argentina, y por los cuales Gieco fue tachado de loco por productores a los que el músico acudió con la idea en pañales. Al final les tapó la boca, por supuesto, cuando volvió varios años después de la gira más larga de que se tenga recuerdo en Argentina.

Estamos ante un trabajólico que no se estresa. Canta y responde preguntas con una verborrea digna de los 25 años. En el interludio que propone la entrada de su enésimo té, Gieco dialoga de sus temerosos pasos por nuestro país.

¿Desde cuándo conoce Chile?

He venido muy pocas veces, conozco Chile desde hace muchos años, pero no he venido más de cuatro o cinco veces. Y las veces que vine no fueron para quedarme ni siquiera una semana. Sólo he venido a tocar. La primera vez fue en el año 84 u 85.

Este era un lugar mucho más atrasado, ahora está mucho mejor. Las dictaduras militares fuertes y continuas van deteriorando la moral de la gente, porque los periodistas te van mostrando lo que pasa, o se comunican de boca en boca los asesinatos, los genocidios. Y cuando vos ves que no hay justicia te desmoralizas.

A mí me cuesta mucho llegar con mis canciones al público chileno. Cuando acá hablo con la prensa, me tratan de clásico: `Si usted es clásico acá', me dicen. Sí. Soy clásico pero no vendo ni un disco. ¿Qué tipo de clásico soy? Somos conocidos y respetados, pero no vendemos. Al flaco Spinetta le pasa lo mismo.

Con este disco, "Bandidos Rurales", en Argentina vendí cien mil placas. Hace un año y medio que estoy recorriendo todo el país. ¡Hice seis veces el Luna Park! Y en Chile hace un año que salió y nadie lo conoce. Esta es la única y primera oportunidad que tengo para presentar el disco en un teatro chico.

Cuando vengo a Chile, me da la sensación de que estoy en España: no me conocen, tengo que hacerme todo de abajo otra vez. Así que no hay tanta comunicación en ese aspecto. Lo que sí siento es que los chilenos saben todo lo que pasa en Argentina. Políticamente saben todo, no sé cómo hacen.


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