Año 2 N.36, mayo 12, 2003

Bruna Truffa + Rodrigo Cabezas, artistas plásticos

"Somos deplorados por los críticos de arte"

Entrar a la sala es divertido. No es casualidad que sea la que mayor público convoca. La gente se ríe bajito y se hablan al oído con ese respeto que todavía produce la sacralidad de los museos. Pero qué raro, dicen, encontrarse ahí con letreros de micro, por ejemplo, o con esa bandera chilena que más se parece a la bandera norteamericana, porque en lugar de la estrella solitaria tiene sobre el fondo azul un montón de estrellas pequeñas.


Los estudiantes se entretienen. El profesor de artes plásticas los ha enviado a tomar notas de la exposición colectiva "Cambio de aceite" en el MAC, y en esa sala forman grupos, se sientan en el suelo satisfechos de haber encontrado algo que no se parece mucho a lo que ese mismo profesor les enseña en clases. Como si fuera un descubrimiento. Frente a ellos reconocen un mapa de Chile recostado, del que surge un fuego naranja junto a una leyenda que reza "está que arde". Y cómo se llama el autor, pregunta uno con lápiz en mano. Bruna Truffa más Rodrigo Cabezas, le responde un compañero. ¿Cómo? Se escribe así -dice y le extiende el cuaderno- con el signo más: "Bruna Truffa + Rodrigo Cabezas".

Buena parte de lo que hay en esa sala pertenece al trabajo inaugurado con la exposición "Si vas para Chile", que fue montada originalmente en el Museo de Bellas Artes en 1999, que luego se paseó por México, Italia y España, y que más tarde, en abril del año pasado y apoyada por el Fondart, hizo ruido en la Galería Animal bajo un título ligero y decidoramente distinto: "Si vas para el Mall". Y es que lo de Truffa + Cabezas es claro: trabajar con la imaginería de ese consumo instalado hasta el tuétano en un país que mide sus éxitos a partir de la ecuación cuánto vendo y cuánto compro. Desplazan la cotidianidad de la mercancía de su tráfico regular para instalarla en las paredes del museo a partir de una estética mezcla de arte pop y objeto kitsch. Si a eso le sumamos un humor ácido que tiene como referente a un grupo amplio de íconos nacionales, y que en definitiva es una parodia legible por cualquier ciudadano con media hora de televisión diaria, el resultado es un arte que convoca polémicas. Queridos por el público masivo, mirados con sospechas por la crítica oficial, Truffa + Cabezas prefieren reírse un poco y disfrutar lo que hacen.

¿Cuándo empezaron ustedes a trabajar juntos?

Cabezas: Cuando éramos los niños chicos de la escena de avanzada. En el año 85 empezamos a trabajar con Roberto Di Girolamo, Pablo Barrenechea, Sebastián Leyton, Bruna Truffa y yo. Después seguimos los tres últimos, y más tarde sólo Bruna y yo. Teníamos un rollo de pandilla, de aprender de los demás en un grupo bien heterogéneo.


¿Cuándo hicieron ese vuelco conceptual hacia el trabajo que conocemos ahora?

Truffa: Cuando nos ganamos una Bienal en Ecuador hace unos cinco años. Hicimos ahí una obra con referencias más directas, nos dejamos del rollo inconsciente, o de querer abordar el gran tema del arte. Dijimos acerquémonos nosotros a la gente a ver qué pasa. Era un pueblo chico en Ecuador donde la gente nos saludaba en la calle, nos decía "entendimos el chiste". Hicimos trabajos con Condorito, con la Bolocco, con cuestiones bien locales, pero que se entienden en Ecuador, en Perú, en Colombia. Allá todos leen el Condorito, conocen a la Bolocco y saben quien es Menem. Entonces los chistes se entendían, y decidimos meternos más en eso. De ahí salió la muestra del Museo de Bellas Artes en 1999.

¿Decidieron salir a buscar los referentes a la calle?

Cabezas: Si estoy pintando para la gente, me tengo que acercar a su imaginario. Antes tenía muchas referencias y podía hacer una pintura súper complicada, y sí, estaba pintando para la crítica. Ahora estoy pintando para mí y para la gente que le gusta. Ahora bien, los procedimientos que nosotros ocupamos son del arte contemporáneo: hay ready-made, instalaciones, desplazamiento de objetos, descontextualización de cosas, pero está todo hecho con barcos maniceros, con letreros de micros, etc. La gente entra y entiende y recibimos mucho más feedback que antes.

¿Y qué pasa con la crítica de arte? ¿Cómo los han tratado?

Truffa: Lo que pasa es que lo que hacen los curadores y los críticos me parece delicado, utilizan a los artistas para justificar sus discursos. Por eso escogen a uno y no a otro. Nosotros somos deplorados por los críticos de arte, y cada vez que hemos invitado a alguno a formar parte de nuestro catálogo lo hemos escogido a partir de otras cosas, de otras experiencia; y han escrito, pero cosas que tangencialmente se pueden tocar con nuestro trabajo, pero como que no. En realidad, porque nosotros también no tenemos ese rollo de que nuestra pintura tenga que ser explicada por algún crítico. Tenemos una pintura que es súper amistosa, súper cercana, y que no necesita un texto crítico para ser explicada o para hacer analizada.

Pero la crítica es necesaria dentro de la maquinaria del arte ¿o no?

Cabezas: Nos hemos dado cuenta de que no existe un aparato crítico que realmente sirva para ayudar a la gente a entender el arte. Ha sido siempre una maquinaria política para instalarse en puestos de poder. Eso ha sido. Ha sido una maquinaria de control de discursos, que era una cuestión que tenía claro, por ejemplo, la escena de avanzada. Ellos la han ocupado para instalarse como decanos de una facultad o como críticos de arte oficiales. Y son los mismos que controlan las escuelas de arte, que es una súper buena manera de repetir tu discurso y multiplicarlo.

Truffa: Además que los críticos dicen que el arte sin críticos no es arte. Los críticos existen porque existe el arte, porque hay pintores que hacen cosas, instaladores que hacen algo. De lo que pueden hablar es su paja mental después de que tú hiciste lo que hiciste. Entonces es duro para uno como artista que vengan con esos discursos y que uno se sienta como un muñeco de los críticos.

¿Cuáles son los críticos de arte hoy en día?

Cabezas: Ahora el único crítico -aparte del Waldemar Sommer que escribirá en El Mercurio hasta que se muera- es Justo Pastor Mellado, él es quien se da la lata de escribir sobre todo.

Truffa: Y que escribe mal de todo. Es desastroso. El es uno de los que más defiende esa postura de "lo que sirve para legitimar mi discurso es lo que yo utilizo como objeto". Lamentablemente Mellado es curador de casi todas las cosas internacionales que hay en Chile en este momento. Conversando con nosotros nos ha dicho claramente: `yo ocupo a los artistas que ilustran mi discurso, porque así no pierdo credibilidad'.


¿Qué opinión tienen sobre la muestra "Cambio de aceite"?

Cabezas: Nosotros fuimos de los ochenta. Sabemos quienes pintaron y quienes no. Entonces vemos por ahí una retrospectiva de los ochenta a tipos que no los conocí en mi vida. No es el caso de "Cambio de aceite". Ahí creo que están seleccionados por trayectorias, son gente que lleva harto tiempo dándole. Esta segunda parte es más rara que la primera, eso sí. La primera parte era clásica, estaba la Chile en pleno. En la segunda vuelta están lo que "no tenemos tradición", mucha gente que no estudió, o que son del Arcis o de otras escuelas. Esta segunda parte es la de los que no pertenecen a la tradición histórica de la pintura.

¿Cómo ven ustedes su trabajo a futuro?

Cabezas: Nosotros sabemos que nuestro trabajo en Chile no va a pegar nunca. Podemos llegar a ser muy populares y conocidos, pero de esto no vamos a poder vivir acá. A nosotros nos dejan solo subsistir en Chile, si pedimos el Museo porque le caemos bien al Milan Ivelic lo tenemos, si pedimos la Galería no sé qué nos van a dejar hacer la muestra. Pero empezamos de cero cada vez, no es que yo pida plata y digan ¡estupendo! ¿Tú eres Rodrigo Cabezas? ¡Tu trabajo vale mucho, toma aquí tienes el billete! Nunca.


El Periodista S.A. Derechos Reservados
Presidente del Directorio: Eugenio González Astudillo - Director: Francisco Martorell - Editora General: Francisca Celedón
Dirección: Sótero del Río 541, oficina 519 Santiago de Chile.
Teléfono: (56 2)662 14 51-662 14 59 Fax: (52 2) 696 88 52.
director@elperiodista.cl