Año 2 N.29, febrero 3, 2003

A treinta años del Golpe:

La prensa de esos días

A tres décadas del Golpe de Estado de 1973, los recuerdos de lo que fue el complot para desprestigiar al recién elegido gobierno de Salvador Allende , son muchos. Destacados nombres del periodismo nacional de esos y estos días, pululan en el mejor testimonio que dejara la periodista de El Mercurio, Silvia Pinto , quién a modo de gratitud, describe como actuaron aquellos "profesionales de la verdad" que aterrados frente "al cáncer marxista" utilizaron sus tribunas para derrocar a un Presidente.

Contar una historia para aquellos que la necesitan, ha sido siempre una de las motivaciones de escritores de todos los tiempos y latitudes. Los libros guardan en sí, la capacidad de signar acontecimientos específicos, sobre tiempos determinados. Silvia Pinto no escapó a esta necesidad, y así, con la única finalidad de retratar lo que en sus palabras describe como "la heroica lucha de la prensa libre en contra del totalitarismo allendista", redactó en 264 páginas el real accionar de periodistas y políticos de ese entonces, en contra del recién elegido Salvador Allende.

Bajo el título "la resistencia civil", Pinto señala como María Eugenia Oyarzún, actualmente directora de la Escuela de Periodismo de UNIACC, respondió a una misiva del en ese entonces Comandante en Jefe del Ejercito, Carlos Prats, en la cual éste le aclara cuales fueron los verdaderos motivos del llamado a retiro del General Alfredo Canales, quien según la prensa de esos días había "sido víctima de una intriga o injusticia que buscaba desencadenar conflictos en la institución". Desde diversas tribunas, "la flaca Oyarzún", como era conocida en el medio, no sólo aplacó duramente las palabras de Prats, sino que se encargó de desprestigiar la imagen de Alberto Bachelet, padre de la actual ministra de defensa, desde su espacio en el programa radial "las mujeres también improvisan", dónde compartía locutorio con Raquel Correa, Patricia Guzmán, Silvia Pinto, entre otras.


Las historias del Gobierno de Salvador Allende son abundantes. Mucho más, desde que la democracia llegó a nuestro país anunciando el arribo de la alegría, así nos pudimos enterar de como se llevó a cabo la campaña de desprestigio que la oposición de ese entonces tenía planeada en contra del gobierno del doctor Allende; los conspiradores reclutaron a gran cantidad de periodistas -especialmente mujeres- opositores al gobierno, para quebrar la imagen de los miembros de las Fuerzas Armadas. Entre éstas destacaron María Eugenia Oyarzún, Patricia Guzmán, la propia Silvia Pinto, Carmen Puelma y Raquel Correa, aunque esto no excluye a hombres como Hermógenes Pérez de Arce, Claudio Sánchez, Julio López Blanco o el sacerdote Raúl Hasbún.

De hecho, gracias a su eficiente participación conspiradora, María Eugenia Oyarzún fue premiada con una embajada ante la OEA, durante la dictadura. La eterna amiga del general Pinochet, pudo saborear las mieles del complot desde la alcaldía de Santiago, y aunque no le parezca bien ser citada en libros relacionados con la dictadura, su nombre transita por los recuerdos de aquellos que vivieron desde cerca el ardid que tramaban estos profesionales que se autodenominaban "periodistas libres".

Lo que se escondía al final del arcoiris

Cuando Silvia Pinto escribió su único libro "Los días del arcoiris", quizás nunca imaginó que este sería un perfecto registro de quienes doblegaron los principios de la profesión informativa, para ponerlos al servicio de un grupo reticente a las ideas de cambio que se gestaban en nuestro país a principios de los setenta. Pinto, quién en esos días se desempeñaba como reportera de El Mercurio, pretendía estampar la ardua acción que llevaron a cabo estos "esforzados hombres y mujeres" que veían en Allende una "amenaza a todos los valores democráticos de Chile".

En esa intención, Pinto describe a Oyarzún como "amiga de los políticos de las tendencias más encontradas, porque su carácter y su sonrisa le abrían todas las puertas... Incapaz de pelear con nadie, sufre y se martiriza si no se siente querida".

Dos años después de la publicación de estas líneas, Chile ya se encontraba bajo la bota militar. Y la "Flaca Oyarzún" ejerciendo la importante responsabilidad que el general golpista le había confiado.

Según documentos desclasificados de la CIA, María Eugenia Oyarzún participó en importantes reuniones con personajes tan "ilustres", como el entonces coronel Marcelo Moren, encargado de Villa Grimaldi y actualmente procesado por el caso Prats, o el entonces delegado de Chile ente la ONU y actual senador (RN) Sergio Diez. En estos encuentros, se trataron temas tan decidores como la planificación de la Junta de Organizaciones Terroristas y Anticomunistas, los asesinatos del ex-canciller Orlando Letelier, del general Carlos Prats, del dirigente mirista Andrés Pascal Allende, el atentado en contra de Bernardo Leighton y otros blancos potenciales como Carlos Altamirano, Rodomiro Tomic, Eduardo Frei Montalva, y el ex Primer Ministro de Suecia, Olaf Palme.

La pregunta entonces es: ¿Seguirá la "Flaca" utilizando sus tribunas para diseminar lo que para ella es la verdad?

Pero no sólo eso se puede sacar en conclusión del texto de Pinto. Las literarias y acabadas descripciones que hace de esos días, y principalmente del desaparecido presidente Allende, que es caracterizado como un hombre "agresivo, punzante, aficionado a los golpes de efecto, desafiante, insolente, de piernas cortas y de extraño carácter", nos empuja a creer que Pinto intentaba predecir como sería el futuro de Chile bajo su mandato y relacionarlo con la realidad de Cuba. Lo cierto es que al gobierno de Allende no le dieron tiempo ni para pronósticos.

Lo único que pudimos descifrar con verdad ciega, es lo que se escondía al final del arcoiris, y que los mismos de ayer siguen siendo los mismos de hoy, y ocupando tribunas muchos más influyentes, como lo puede ser una universidad que trabaja bajo el slogan de "profesionales que buscando la verdad van tras los valores de justicia, libertad y comunicación". Ojalá "la Flaca Oyarzún" y secuaces hayan entendido lo peligroso de creer que existe una sola verdad, sobretodo después de la cantidad de caídos que esa verdad dejó.


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