Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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Muerte de Daniel Figueroa
Los últimos días de la víctima
(Por Equipo El Periodista)El pasado dos de junio los familiares del ex coordinador administrativo del Instituto de Economía de la Universidad de Chile hasta 1999, interpusieron una querella criminal contra los que resulten responsables del eventual secuestro, desaparición y homicidio de Daniel Figueroa de la Fuente, cuyos restos fueron encontrados en Pirque durante el mes de abril.

La Puntilla de Pirque. Domingo 13 de abril. Un par de niños, en medio de sus juegos, ven algo que les llama la atención. Primero un pantalón beige de tela gruesa, luego unos huesos (19) y muy cerca una camisa cuadrillé amarilla. Se estremecen pero curiosean. Son niños.

A medida que se acercan y escudriñan en su hallazgo encuentran unas llaves, una tarjeta de visita, una carta ilegible y una cédula de identidad, todo ello en un radio que no supera los dos metros. Junto a la foto un nombre Juan Daniel Figueroa de la Fuente. ¿Fecha de nacimiento? Dos de junio de 1940. El hombre, entonces, tendría 62 años.

Pasadas las 19 horas de ese mismo día festivo suena el teléfono en la casa de Irma de las Mercedes Urrutia Galaz. Se trata de Carabineros de Pirque. Le cuentan lo de los niños, le dicen sobre el carnet y la mujer, quien había denunciado ante el Segundo Juzgado del Crimen de San Miguel la desaparición de su pareja, confirma sus sospechas. Su marido, con el que vivía desde 1984, no estaba vivo, no andaba con otra mujer ni había abandonado el país.

Los restos encontrados, sin embargo, no permitieron un reconocimiento inmediato. Para saber si ellos pertenecían al ingeniero químico, desaparecido el 23 de diciembre de 2002, debía realizarse un examen de ADN.

Sólo ello daría certeza a Irma y a sus hijas, Loreto Daniela y Daniela Paz, que los restos encontrados eran del hombre que ingresó a trabajar en 1995 al Instituto de Economía de la Universidad de Chile y que se mantuvo firme en su cargo hasta fines de 1999, cuando fue obligado a renunciar, mucho antes de que se conocieran los escándalos vinculados con los contratos con el MOP.


La prueba ADN, realizada fuera del país, llega en junio. Los restos son de Figueroa, como lo atestiguaba su carnet, el número 4.372.185-2 y que relata, gracias a su boletín comercial, que el profesional tenía 38 documentos morosos, sin aclarar y por un monto de varios millones, cuando dejó de existir. Disipada esa duda, surge otra, lígera, si hubo o no participación de terceros en el hecho. La familia ahora cree que sí.

La Tercera, en su edición del domingo 11 de mayo, casi un mes después del hallazgo de los restos, tituló: el hombre que sabía demasiado y entró en pánico. Y contó algo ocurrido 48 horas antes de su desaparición: "El 21 de diciembre del año pasado, Daniel Figueroa, ex coordinador administrativo del Instituto de Economía de la Universidad de Chile, recortó una noticia publicada en los diarios de ese día. `Pesquisas en Santiago: juez Aránguiz busca eslabón perdido del caso Gate', decía la nota, que contaba que el magistrado estaba empeñado en buscar los contratos irregulares suscritos por el MOP y la Unidad de Concesiones de ese Ministerio. Figueroa dejó el recorte sobre el velador de su esposa. `Lee esto', le dijo. `Va a quedar la grande en la Chile, están investigando los contratos del MOP', le explicó. Más tarde anunció que retomaría sus visitas al siquiatra".

El matutino, además, entregó en forma exclusiva los cuadernos donde el funcionario de la universidad estatal detallaba los pagos de sobresueldos y por ello, el diario, no dudaba en calificar a Daniel Figueroa como el hombre clave para atestiguar sobre la vinculación del Ciade con el ministerio de Obras Públicas. La Tercera, sin embargo, se jugaba por la tesis del suicidio y, para ello, destacaba que "lo que sí resulta claro para la familia es que la huida de Figueroa de su casa y posterior desaparición fue el desenlace de una depresión bipolar endógena y del impacto que le causaron las primeras noticias sobre la relación del MOP con la consultora Gate".

Días más tarde, frente a Chilevisión, aparece el computador de la víctima en una extraña operación que, hasta el día de hoy, no se entiende. En círculos periodísticos, sin embargo, se sostiene que tanto el computador como los cuadernos de Figueroa estuvieron siempre en poder de La Tercera y que el matutino, asustado por la envergadura del tema, habría querido compartir responsabilidades con otro medio y, por ello, entregado misteriosamente el computador al canal de Guillier y compañía. No estaría ajeno a esta operación, se comenta, el otrora hombre fuerte de la cancillería, director general en tiempos de Pinochet y cuando el cargo de ministro lo detentaba Hernán Felipe Errázuriz, Octavio Errázuriz. Este último, mencionado en la prensa como uno de los hombres clave dentro del grupo Hamlet, se desempeña en Copesa, la empresa madre del diario La Tercera, tras dejar su cargo de embajador hace unos años.

En el computador se encontró información contable que da cuenta de los movimientos financieros entre Idecom y el MOP, así como también contenía otros archivos personales. Uno de ellos consiste en una carta escrita al parecer por Daniel a su primo Eugenio Figueroa, en la cual le señala que "me han comenzado a hostilizar ostensiblemente del Departamento de Economía, por diferentes motivos. Ahora aparecieron unos cheques del MOP, tres, que fueron cobrados por mí. Y estos cheques no aparecían en las fotocopias de las cartolas. Solicitaron una cartola al banco y ahí aparecían los cheques". Señala también que "de repente me dan ganas de desenmascarar a esta tropa de corruptos que no tienen pantalones".

Para la familia lo sucedido con el computador es un misterio. "Los hechos ocurridos con posterioridad a su desaparición, que ya hemos destacado, pero en especial el buen estado en que se encontraron sus especies personales, incompatibles con las de las osamentas halladas, e incluso la extraña aparición, en un lugar público, de un computador que Juan Daniel habría utilizado cuando trabajó en la Universidad de Chile, dan cuenta de hechos y circunstancias oscuras que rodean su desaparición", dice la querella.

El ingeniero químico había conseguido el puesto en la Universidad por su primo, Eugenio Figueroa, académico asociado a la Facultad de Economía de U, pero un error admnistrativo le significó el despido de la casa de Bello tras cuatro años de desempeño. En su trabajo llegó a ser el hombre de confianza del ahora procesado por los contratos con el MOP, Ricardo Paredes, jefe del departamento de Economía, y a quien, según la familia, Figueroa le hizo "ver las irregularidades que estaban ocurriendo en la Universidad". Esto, siempre de acuerdo a la querella, habría motivado su "exclusión" de las misiones de confianza hasta que le piden la renuncia y, dicen los familiares, "le pagan un monto aproximado de 20 millones de pesos, lo cual excede abiertamente la suma correspondiente por concepto de indemnizaciones".

Los familiares, además, afirman que el día que se quedó sin trabajo, Figueroa llevó a su casa una caja y señaló que en su interior tenía documentos que le servirían para defenderse si pasaba algo en la Universidad de Chile. Los papeles que contendría la caja antes señalada y guardados por Daniel Figueroa, habrían sido fechados entre 1996 y 1997 y consistirían en registros bancarios de dos cuentas corrientes del Instituto de Economía de la Universidad de Chile y otros documentos, todos los cuales se encuentran actualmente en poder de la ministro en Visita, magistrado Gloria Ana Chevesich, hecho que son de público conocimiento.

Del suicidio al secuestro

La tesis del primer artículo de La Tercera, que invitaba a creer la versión del suicidio y que la misma era referida por los familiares, fue perdiendo credibilidad, al menos, entre los parientes de Figueroa.

Conocida la confirmación del ADN se apersonaron ante la Justicia para presentar una querella criminal en contra de todos aquellos que resulten responsables sean como autores, cómplices o encubridores del encierro, detención o desaparición de Juan Daniel Figueroa de la Fuente.

"Como familiares directo de Juan Daniel nos interesa ante todo la verdad, cualquiera que ella sea. Pero teniendo conciencia que las personas que más conocíamos o conocemos a Juan Daniel Figueroa somos las querellantes, cumplimos con un deber de colaboración con la justicia en manifestar nuestra posición en cuanto a que estimamos que los hechos que explican la situación de Juan Daniel suponen la comisión de delitos", dice el escrito interpuesto el dos de junio ante el Primer Juzgado del Crimen de Santiago. En la oportunidad, el abogado Roberto Celedón, quien representa a la familia, sostuvo que existirían "indicios respecto de la muerte que deben ser clarificados".

"Cuando visitamos el lugar donde fueron hallados supuestamente piezas óseas de Daniel, en la Puntilla de Pirque, nos pareció extraño que hubiesen estado allí durante cuatro meses y que nadie las haya visto antes, ya que a ese lugar concurre permanentemente gente y resulta curioso que nadie se haya percatado con anterioridad, más aún cuando sus ropas tenían un fuerte olor, lo que da cuenta de algún proceso de descomposición. También pareció extraño el contraste de un carnet de identidad intacto con ropa algo derruída y sólo parte de su cráneo. Además, si bien a Daniel le gustaba ir a San José de Maipo, el lugar donde fueron encontradas las osamentas es de difícil acceso para un hombre de 62 años, con sobrepeso, que tiene gota en un pie y que le cuesta caminar", agrega el escrito judicial.

Y añade: "con serenidad y profundo dolor, hemos llegado a sincera convicción que mi compañero y padre de mis hijas así como mi hermano, Juan Daniel Figueroa de la Fuente, fue víctima de ilícitos penales, cuya secuencia eventual puede haber sido el secuestro y, de ser cierta la información pública, el homicidio posterior. Si bien existía un antecedente de intento de suicidio éste fue en un solo un episodio y en un momento que no recibía atención médica ni recibía medicamento".

Tras la desaparición

En diciembre de 2002, Daniel Figueroa, según sus familiares, "estaba triste, cabizbajo, salía en las mañanas y llegaba en la tarde, a veces no quería almorzar, no daba detalles de los lugares en que había estado. Se sentaba en el living a pensar, y leía los diarios y recortaba todas las noticias que se referían al caso MOP-GATE, luego se las comentaba a Irma, pero ella no le daba mayor importancia, además, como lo veía mal, quería sacarlo de ese tema". El 23 de ese mes, un día antes de la nochebuena, fue la última jornada que sus familia lo vio con vida.

El ex empleado de la facultad de Economía salió de su casa alrededor de la 10 de la mañana tras intentar comunicarse infructuosamente con un hijo de su primer matrimonio. Vestía el pantalón beige y la camisa amarrilla, las prendas que fueron encontradas en La Puntilla, nada más porque el tiempo acompañaba y el anuncio meteorológico del día anterior, si fue registrado por Figueroa, anunciaba temperaturas superiores a los 25 grados, llegando ese día, finalmente, la máxima a ubicarse por sobre los 30.

Caminó por la calle Ana, de San Joaquín, a la altura del 3000, hasta tomar la micro que lo llevaría al centro de la capital. Su objetivo era una reunión con su primo, Juan Pablo Figueroa, quien le debía dinero ya que, según la familia, el ex empleado de la U habría recibido una herencia de 60 millones de pesos. También cobraría su jubilación y le haría un depósito bancario a su hermana. Entre sus planes, que lo tenían de mejor ánimo, estaba comprar un auto por lo que, durante su viaje en micro, debe haber fantaseado con esa posibilidad.

"A las 12:30, según la querella, llamó por teléfono a su casa desde un aparato público y habló con Irma. Se escuchaba tranquilo, le dijo que estaba esperando a su primo Juan Pablo que no llegaba, preguntó que había de almuerzo y dijo que lo esperara a almorzar, ya que llegaría como a las tres, cuestión que no ocurrió, así como tampoco realizó las diligencias para las cuales había salido -depósito en el banco y retiro de su jubilación-, hecho de lo que nos enteramos con posterioridad".

Esa tarde no apareció. Tampoco en la noche a dormir. A la familia, el hecho, le extrañó porque no era usual en Figueroa faltar a los almuerzos y menos quedarse fuera de su casa porque, además de ser un hombre tranquilo, no le gustaba estar solo.

Al día siguiente, luego de haber buscado en hospitales, la morgue y en diversos lugares, sin tener noticias de él, Irma Urrutia concurrió a Carabineros para hacer una denuncia por presunta desgracia, la cual ratificó posteriormente en el 2° Juzgado del Crimen de San Miguel.

"Durante el mes de enero de este año (2003) -dice la querella interpuesta por la familia- estuvimos buscando a Daniel y averiguando que habría ocurrido. A principios de año, Irma y distintos familiares, recibimos llamadas telefónicas, en las cuales se quedaban escuchando y nadie contestaba. Nosotros pensábamos que era Daniel. En una de esas llamadas en que contesta la empleada de su casa, Ana María Castillo, alguien dice `soy yo', y la señora Castillo, que trabaja hace cuatro años con la familia, asegura que era Daniel".

En febrero llegó a casa de Irma Urrutia un sobrino de ella, Claudio Burgos, diciendo que había visto a Figueroa en una camioneta blanca con verde en la calle Carmen con Pintor Cicarrelli. Al enterarse, Irma llamó a Investigaciones y le informó este hecho para que averiguaran en el lugar y para que interrogaran a la persona que lo había visto. El funcionario de Investigaciones con quien habló, que se identificó como Claudio Cifuentes, le comentó que en la declaración que había prestado el primo Juan Pablo Figueroa, le habría dicho que Daniel tenía otra mujer que viviría en 10 de Julio con Portugal, sin precisar si esa información quedó por escrito o como información verbal. Luego, siempre de acuerdo a la versión de los querellantes, en el 2° Juzgado del Crimen de San Miguel, tranquilizan a los familiares diciéndoles que "seguramente se encontraba bien y que si no volvía era por su propia voluntad, ya que tendría otra relación".

Salvo las llamadas telefónicas extrañas no hubo más noticias sobre Daniel Figueroa hasta abril cuando los menores encontraron sus restos en La Puntilla de Pirque.

Depresión bipolar

¿Cuándo comenzaron los problemas psicológicos de Figueroa? Según sus cercanos mientras trabajó en la U estaba bien. Era una persona "muy alegre y sociable", dicen. Pero tras su salida de Economía comenzó a "estar nervioso, preocupado, incluso asustado, hacía reiterativos comentarios acerca de irregularidades en la Universidad de Chile".

En 1999, le viene una crisis de pánico con instintos suicidas. Su doctora Jacqueline Córdova le diagnosticó depresión bipolar con estado de euforia y de depresión. Asistió a charlas, acompañado de Irma, su segunda mujer, y en una oportunidad con su hermana Julia. Se le recetó Carbomacepina, medicamento que debía de tomar de por vida y cada seis meses tenía que hacerse exámenes para determinar la cantidad a ingerir.

En el año 2000, Juan Daniel Figueroa no trabajó, su estado de ánimo se iba deteriorando cada vez más. Así doce meses después, se pierde durante dos días, de un viernes a domingo. Llamó por teléfono a su hermana Julia y le dijo que estaba bien, que se encontraba en la casa de un amigo y que no se preocuparan. El martes siguiente llegó a su casa y le dijo a Irma que había estado caminado por San José de Maipo.

Ese mismo años estuvo internado dos semanas en la Clínica Las Lilas, ya que se le declaró la enfermedad de gota en un pie, generándosele dificultades de movimiento. Al ser dado de alta comenzó un tratamiento por la depresión bipolar en una Clínica que pertenece a la Universidad Católica y que consistía en la asistencia a talleres todos los días desde las 8:30 hasta las 18 horas. Eligió los talleres de pintura, velas y relajación. Paralelamente, asistía a sesiones con un psiquiatra, el doctor Ruiz, quien le hacía escribir todo lo que le sucedía en el día y lo que sentía. El médico le prohibió andar solo y manejar dinero. En ese tiempo fungió de "lazarillo" el sobrino de Irma, Juan Hasbún Urrutia, quien lo acompañó por un período de alrededor de tres meses.

Luego de su tratamiento el médico diagnostica que se encuentra mucho mejor y que puede volver a trabajar. Así la pareja, Irma Urrutia y Juan Daniel Figueroa, comenzaron a trabajar en la empresa Petland, donde Daniel desempeñaba el cargo de administración y se ocupaba de las bodegas, e Irma estaba a cargo de la parte contable. Trabajaron hasta mayo del año 2002 en que fueron despedidos debido a que hubo cambio de dueños.

Luego, Daniel comenzó a visitar a sus amigos de la Universidad de Chile para pedir trabajo, especialmente a Julio Muñoz, pero, según él, la última vez que vio a Daniel fue el 18 de septiembre del año 2002.

El 23 de diciembre, con pantalón beige y una camisa amarilla, Figueroa partió de su casa, dicen que sonriente, hacia un destino desconocido.

La Justicia, una vez más, deberá armar un rompecabezas al que le faltan muchas piezas y otras, simplemente, no calzan.

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